martes, 6 de diciembre de 2011

Capítulo 14


            La noche llegó y Frank seguía en la cama, pero al menos ya comenzaba a moverse entre sueños. Tenía muchas dudas: ¿Cómo logró encontrarme si no tenía puesto el collar? ¿Alguien le habrá dicho dónde me encontraba? No, no le había dicho a nadie. Extraño era, puesto a que no conseguiría respuesta. Busqué el collar y me lo puse. Traté de entrar en los sueños de Frank, pues quería saber unas cuantas cosas, como si era verdad que Travis no era humano. Me quedé dormida al instante. Entré a su sueño. Estábamos en el baile. Frank estaba parado cerca de la puerta de entrada, esperando algo o alguien. En ese momento aparecí junto con Nicholas, quien estaba vestido muy elegante. Bajamos de las escaleras y fuimos a saludar a todos. Pareció que no había registrado que Frank estaba al lado de la puerta. Me miró un largo rato. Emma había aparecido más bella de lo que era. Un peinado alto, un estilo de cola de caballo, con bucles. Una máscara dorada que cubría únicamente la parte superior de su cara. Labios rojos como pétalos de rosa. En conclusión, estaba hermosa. Bajó de las escaleras y saludó a Frank, lo tomó del brazo y fueron a saludar a todos. Durante el baile, siempre trataba de estar cerca de mí, seguramente para darme celos. En ese momento, Travis atravesó la puerta. Me quedé mirándolo, él me miró. Nicholas se acerco a Travis y le dijo algo al oído. Se acercó. Me tomó de la cintura y de la mano. La música comenzó a sonar tranquilamente. Comenzamos a girar. Seguía mirándome, muy llamativa que hacía que me tentara. Frank estaba furioso y celoso que le pisaba los pies a la pobre Emma. Travis se me acercó para besarme. El piso tembló. Frank estaba con los ojos carmesí como cuando estaba muy enojado, las alas empezaron a salir. ¿Me había olvidado de poner el líquido en su bebida? Travis se detuvo.
                        -Deberías tranquilizarte, Frank. Estas haciendo que todos se alejen- dijo tranquilo
                        -No te le vallas a acercar- dijo. Tuve mucho miedo por ambos
                        -¿Qué pasa? ¿Quieres pelear otra vez, Frank? Recuerda que habías perdido-
                        -No...Ésta...¡VEZ!- contestó Frank, lanzándose a Travis
            De repente, Travis se corrió velozmente que nadie lo pudo creer.
                        -Estuviste practicando- dijo el ángel
                        -Al igual que tú-
                        -Creíste que no sabría que Rebecca puso ese líquido que quisiste darme hace tiempo en mi bebida, ¿no?-
                        -Estaba seguro de que lo sabías. Sólo que desconfié y desconfío aún en tu inteligencia-
            Travis ya no era un muchacho como yo creí que era. Por  un momento dudé qué era, pero finalmente me di cuenta: un hipogrifo. Frank estaba en lo cierto, no era humano. Ambos se empujaron al gran jardín. Estaban heridos y sangrando. No podía hacer nada. Si me interponía podía salir herida. El cielo, que estaba estrellado, se llenó de nubes negras. Travis y Frank se detuvieron. Sobre el pasto se estaban escribiendo unas palabras con fuego que nadie lo pudo descifrar:
Al anochecer,
el animal misterioso se encamina a la joven poderosa.
De la oscuridad aparece la figura del toro,
quien sobre sus manos aparece una daga.
Ésta es clavada sobre el corazón de la joven,
quien cae sin volver a respirar
            Parecía que Travis y Frank eran los únicos que entendían el significado de esos símbolos. Me lo tradujeron: “Al anochecer, el animal misterioso se encamina a la joven poderosa. De la oscuridad aparece la figura del toro, quien sostiene sobre sus manos una daga. Ésta es clavada sobre el corazón de la joven, quien cae sin volver a respirar”. Se pusieron junto a mí, tratando de protegerme...
            Cuando desperté, noté que Frank ya estaba despierto. No estaba segura si lo que acababa de vivir iba a ser cierto o todo fue manipulado por la mente de Frank para que estuviese junto a él toda la noche para protegerme de no sé qué. Estuvo mirándome un tiempo, sin decir una sola palabra. Decidió decir algo.
                        -¿Ya puedes creerme?-
                        -Tal vez-
                        -¿Recuerdas lo que soñé? Es que jamás lo recuerdo cuando despierto-
                        -Sí, lo recuerdo todo. Creo que debes irte-
                        -No necesito irme-
                        -¿Y si quiero que te vallas?-
                        -Eso es otra cosa. ¿Quieres que me valla?-
                        -Si quieres quédate, pero no quiero que mi padre te vea, ni mi madre-
                        -Está bien. Igual debo irme- dijo sonriendo no muy animado
                        -Ten cuidado- dije. Me miro y sonrió. Esta vez impresionado
                        -¿Preocupada?- dijo aún con esa sonrisa
                        -No. Solamente no te quiero dar las esperanzas de que siempre apareceré allí para curar tus heridas-
                        -Seguro- esperó un segundo- Adiós, Begg- hizo una reverencia
            Esperando mi “adiós” se quedó en la ventana, pero al ver que no iba a decir nada, se lanzó y desapareció. Era increíble todo eso. Me senté en la cama y pensé que jamás descansaría hasta que vuelva a él. Eso no iba a pasar, con lo que me había hecho ya era suficiente y no iba a repetirlo. Como dice mi padre: “a los errores hay que estudiarlos para no volver a repetirlos”. Sabias palabras. No estaba segura de cuál era mi error: el haber terminado con él, el haber estado con Frank, o el estar dudando si es que volvía con él o no. Ya estaba muy confusa de tantas dudas, pero sabía que había decidido bien con respecto de mis sentimientos. Sentía algo por Travis y estaba segura de que Frank seguía gustándome.
            Estuve así durante un buen tiempo hasta que alguien llamaba al teléfono.
                        -¿Begg? Soy yo, Mae-
                        -¿Mae? ¿Qué haces llamando? Creí que estabas en el Instituto-
                        -Sí, pero mis padres fueron a visitarme y me dijeron que pasarían un rato conmigo ya que están de vacaciones o algo por el estilo. ¿Cómo estas? Te tengo una sorpresa que estoy segura de que te encantará-
                        -¿Cuál?-
                        -Mira por tu ventana-
                        -¡¿Qué?!- me asomé por la ventana
            Allí estaba ella junto a un auto azul oscuro junto a una mujer y un hombre que de seguro eran sus padres.
                        -¿Quieren subir? Mis padres no han llegado aún, pero suban-
                        -Está bien. Nos vemos-
                        -Adiós-
            No podía creer que Mae estaba en la puerta de mi edificio. Esa sí que era una gran sorpresa, pues me tomó desprevenida. Llamé a mis padres antes de que llegaran a casa.
                        -Hola, papá. ¿Puedo hacer subir a la familia de Mae para que se queden a cenar? Es que están en la puerta-
                        -Claro que sí. Ni siquiera debías llamar para preguntar. Has que suban y que estén cómodos. Ya estamos llegando- cortó
            El timbre de la puerta sonó. La abrí y Mae saltó sobre mí. Sus padres comenzaron a reír.
                        -Pasen, por favor- dije amablemente-Pónganse cómodos que mis padres ya están por llegar-
            En seguida apareció mi padre entrando por la puerta. Saludó muy amablemente y comenzaron a hablar. Mi madre llegó un poco más tarde ya que fue a pedir la comida al restaurante favorito de ambos. Mae y yo fuimos a mi habitación y hablamos de todo un poco, pero principalmente del Instituto. Fue una conversación muy larga.
                        -¿Y el Instituto? Es que no sé cómo están las cosas-
                        -Bien, por dónde puedo empezar. Ah, sí. La directora Sawner pintó todas las habitaciones, las salas, todo. En cuanto a las chicas, Cady sigue con James. A decir verdad, me gusta Nicholas. Michelle gusta de medio colegio y nada más. Casi me olvido de alguien, de Frank Danibelle. Deberías haberlo visto, parecía que el mundo se le venía abajo. ¿Te acuerdas que él era uno de los más inteligentes de la clase? Pues ahora está muy vago, no tiene ganas de hacer nada, no habla con nadie. En la hora de recreo, se encierra en su habitación y se queda allí hasta que toca el timbre de clase. Nunca lo encontramos en la hora de educación física. Ya no toca más la guitarra. En conclusión, está muy deprimido. No es el mismo. Me deprime verlo así. También no come nada. Emma siempre va a hablarle y él pareciese que está sordo. Ella se le acerca, el se levanta y se va. En verdad ese chico me asusta y me preocupa-
                        -Sí, pobre. Cuéntame de cómo te enteraste de que te gustaba Nicholas-
                        -Algo pasó entre tú y Frank. Lo sé. Es muy obvio. Siempre te importó saber lo que pasaba con él y ahora quieres cambiar de tema. Begg, cuéntame qué es lo que pasó-
            Por supuesto que le conté, era como mi hermana. Escuchó palabra por palabra, sin interrumpirme. Cada cosa que le contaba ella se quedaba sorprendida y negaba con la boca abierta. Parecía que había momentos en los que se iba a poner a llorar. Finalmente llagué al final.
                        -...y ahí es cuando lo vi con Emma, enseñándole a batir la crema o algo así. Encima le encontré a ella en su saco un recorte de de campeona de cocina. Frank me vio, corrió tras de mí y le dije que terminó lo nuestro- me caían las lágrimas
                        -Desde el principio supe que ese chico te haría daño. Es un tonto al desperdiciar lo que tenía frente a él. Si me lo llego a cruzar otra vez, juro que lo golpearé hasta que me sienta mejor-
            Siempre hacía todo lo posible para hacerme reír, y lo lograba con éxito. Tomó su bolso y sacó una película para ver. Eso hizo que me sintiese mejor. La película era “El Día Después de Mañana”. Nos pasamos viéndola mientras los padres de Mae y los míos se conocían mejor. Olvidé mis problemas y todo lo que estaba fuera. En lo único que pensaba era que Mae estaba conmigo.

            Pasó la noche y mi visitante estaba dormida en la misma posición que estaba cuando mirábamos la película. Sus padres se habían ido a desayunar con mis padres en el comedor del edificio. Tuve la sensación de que alguien nos estaba vigilando, no sabia desde dónde, pero lo sentía. Desperté a Mae para irnos a desayunar. No se levantaba, pues estaba profundamente dormida. Escuché una voz, tranquila, pero aterradora. Mae me decía: “cállate que trato de dormir”, eso significaba que ella también escuchaba la voz, solo que creía que era yo la que hablaba. Tuve en verdad mucho miedo. Busqué el collar de Frank y me lo colgué. Tocando el topacio dije en voz baja: “Frank, algo está pasando en mi departamento. Una voz aterradora está hablando. Tengo miedo y no sé qué hacer”. No me contestaba. Seguí intentando despertar a Mae, pero no podía. Pareció que alguien la había hipnotizado para que, pasara lo que pasara, no abriera los ojos. Pensé a mis adentros que iba a morir. Mi vida había acabado. Me levanté de la cama al oír la voz del otro lado de la puerta de la habitación. Ésta se abrió unos centímetros. Mis venas se congelaban. Se podía ver el humo del frío que hacía en el departamento. La puerta volvió a moverse unos centímetros más. Una nube de hielo se acercó a mí. Me sentía debilitada. No podía gritar, ni moverme. Casi no podía respirar. Estaba temblando. Me miré en el espejo que se encontraba al lado de la puerta. Estaba violeta, labios congelados y violetozos. No podía mantenerme más en pie y caí al suelo. Los ojos no podían mantenerse abiertos. Solo podía oír. Lo único que veía era negro, oscuridad. Escuché la puerta abrirse, chocando contra la pared, haciendo un estruendo ruido que me hizo saltar del terror. No sabía qué pasaba. Sólo sentí la misma presencia que la anterior, pero más fuerte. Estaba frente mío. Su respiración se sentía en mi frente. En ese entonces, la ventana reventó. Frank había entrado. Escuché en mis pensamientos: “tranquila, ya estoy aquí”. Dejé de pensar, mi mente no daba más, puesto que se había congelado.

            Cuando volví a despertar, la habitación estaba cálida, como si jamás hubiera pasado ese congelamiento. Mae seguía dormida. Frank estaba ahí, con sus piernas semejando a una almohada. Estaba mirándome.
                        -¿Cómo te sientes?- me pregunta
                        -No lo sé. Siento frío y calor a la vez-
                        -Ya se te irá. Estarás bien, no te preocupes. ¿Por qué creíste que vendría a salvarte?-
                        -No lo sé. Tuve miedo- en realidad sabía que vendría porque seguía amándome
                        -Ah. No pensaste que vendría a salvarte porque yo te...-
            Mae se estaba despertando. Sus ojos estaban casi abiertos. En cuanto quise mirar a Frank, ya no estaba.
                        -Que frío hace. ¿Qué haces despierta a esta hora? Son las...- mira su reloj-diez y media-
                        -Es que no pude dormir. Eso es todo-
                        -¿Por qué decías esas cosas tan aterradoras, con una voz que parecía no pertenecerte?-
                        -¿Recuerdas qué fue lo que dije?-
                        -Sí. Dijiste que el fin del mundo se acercaba. Que todas las personas que parecen ser humanas morirían. Pero no entiendo, dijiste “las personas que parecen ser humanas”, ¿qué quisiste decir con eso? No tiene lógica-
                        -No lo sé. Tampoco recuerdo haber soñado algo-
                        -No importa- dijo sonriendo- Vamos a vestirnos, así desayunamos con nuestros padres-
                        -Está bien-
            Mientras me vestía traté de entender lo que había dicho entre sueños, aun cuando no estaba soñando “con una voz que no me pertenecía”, como dijo Mae.
            Cuando ya habíamos terminado de vestirnos, busqué la llave para salir de la habitación, pero la puerta estaba abierta y con nieve. Traté de convencer a Mae que eso se había formado por el aire acondicionado, pues estaba muy bajo. Bajamos por el ascensor y nos dirigimos al restauran del edificio. Allí estaban nuestros padres hablando de no me acuerdo qué, tomando café o té con masitas de dulce de leche y tostadas con manteca. Nos sentamos en la mesa para compartir. Pedí una chocolateada. Mae, leche sola.
                        -Que bello collar tienes, Begg- dijo mi padre. Me había olvidado quitármelo
                        -Sí, gracias-
                        -¿Se puede saber quién te lo regaló?- preguntó mi madre observando cuidadosamente el topacio- Porque ese no es un regalo de mujer. Es de hombre-
                        -Me lo regaló Nicholas- no podía decirles que me lo dio Frank, pues mi padre seguía enojado por lo que me había hecho. Lo sabía porque se lo conté.
                        -Ah. Debe ser un muchacho muy considerado para que dé un regalo de éste estilo, tan delicado para una joven-
                        -Sí. Él es como un hermano para mí-
                        -Cambiando de tema, ya falta poco para el baile-
                        -Sí, lo sé, papá- terminé la última gota de chocolatada- Voy a salir a caminar. ¿Me acompañas, Mae?-
                        -Seguro-
            Nos levantamos de la mesa y nos fuimos. Las calles estaban tranquilas. Ningún auto hacía sonar su bocina, impacientándose por el tráfico. Mae y yo caminábamos charlando de todo. Le conté cómo me sentí al conocer a mi madre, los días que pasé junto a ellos después de no haberlos visto por muchos años, las cosas que me compraron, y sobre muchas otras cosas más. Me sentía tranquila y feliz de estar con una amiga por donde vivía en ese momento. Como dije anteriormente, Mae era como una hermana para mí, la hermana menor que siempre quise tener, aunque fuera más alta que yo. Vimos vidrieras, entramos a locales de ropa, joyería y accesorios. Todo era perfecto y nada podía deshacerlo. Mientras caminábamos por una avenida, nos encontramos con Travis. Estaba lastimado en las mejillas. Parecía que alguien lo había arañado. Detuve su paso.
                        -¿Qué te pasó?- le pregunté sin saludarlo
                        -¡Begg!- dijo sorprendido-¿Qué estás haciendo por aquí?-
                        -No me cambies de tema, Travis. Dime ya qué fue lo que te pasó-
                        -Nada. Solamente tuve una pelea-
                        -¿Con una chica?- dije a regañadientes, tratando de no ponerme celosa, ¿celosa? ¿Yo estaba celosa de que tuviera una novia?
                        -Jaja, no. No tengo novia, Begg- dijo ruborizándose un poco- En realidad no fue una pelea, un animal del...zoológico- lo pensó. Me mentía
                        -Ah. Está bien. Ponte algo en la mejilla, sino se te inflamará o algo por el estilo-
                        -Así que te preocupas por mí- no supe qué decir
                        -Eres mi amigo- traté de mostrarme obvia
                        -Sí. ¿No me vas a presentar?- dijo mirando a Mae
                        -Disculpa. Ella es Mae, una amiga del instituto, bah, mi mejor amiga-
                        -Un placer- contestó- Bueno, me tengo que ir. Fue muy lindo volver a verte, Begg-
                        -Lo mismo digo. Adiós-
            El topacio comenzó a quemar. Allí, en la esquina vi a Frank con los brazos cruzados y con una ceja levantada, mirándome enojado. Pasó un auto y ya no estaba. Miré por todas partes, pero no lo encontré. Seguí caminando. Tropecé con una baldosa y caí al suelo. Mae se preocupó mucho al ver mi pierna sangrar. Travis estaba cruzando la avenida. Cuando me vio tirada, corrió a ayudar. De un bolsillo de su pantalón sacó un paño y alcohol puesto en un pequeño frasco. Mojó el pañuelo y lo puso delicadamente en mi rodilla. Ardió, pero no grité. Mae se preocupó, así que fue al hotel para avisarle a mi padre lo que había sucedido, y que un amigo me estaba ayudando y que me esperara en el hotel. Mi nuevo ayudante levantó mi torpe cuerpo muy fuertemente. Un flacucho, sin ningún rasgo de fortaleza, logró levantar a lo que yo le llamaba “cuerpo de elefante”. Me acompañó en todo momento hasta el hotel, donde esperaban mis padres y los de Mae en la puerta. Al verme, mi padre corrió a ayudarme. Me levantó y me llevó al cuarto, depositándome suavemente en la cama. Agradeció el apoyo de Travis, que pidió hacerme compañía hasta que la herida quedara cerrada. Mi padre accedió y se fue, dejándome a solas con él. Mae también salió del cuarto. Todos se iban al restaurante a hablar, ya estando tranquilos por mí. El corte no era muy profundo, pero seguía sangrando. Cada tanto me cambiaba el paño ensangrentado por otro limpio. Mí alrededor estaba silencioso. Solo podía escuchar el motor de los autos y el canto de las aves. Relajé mi cuerpo y dormí. No sabía si la visita seguiría a mi lado, aún cuando estuviera dormida, pero al menos tenía a Travis, tomándome de la mano y esperando que dejara de sangrar lo que yo quería que sangrara.

            Las horas pasaron y él seguía junto a mí, pero se había quedado totalmente dormido. Me levanté sin que se diera cuenta y salí de la habitación. Fui a la azotea, con mucho calor. Necesitaba oxígeno. La pierna seguía doliéndome, pero pude soportar. Tuve suerte por tener el ascensor y no tener que subir escaleras, que seguramente tardaría mucho tiempo. Finalmente el ascensor se abrió. Estaba en pijama y con pantuflas. Las luces de toda Nueva York estaban encendidas, los autos hacían sonar sus bocinas, y el aire era fresco y agradable. Me senté en una caja de madera, la cual temí que se rompiera. No lo hizo. En la mano tenía un libro, La Hija del Apocalipsis. Lo había tomado antes de fugarme del cuarto. La ciudad se fue tranquilizando de a poco. Mis párpados estaban cansados. El libro calló al piso. Cerré los ojos y, al final, quedé en un profundo sueño.
            Cuando desperté, ya no estaba en la azotea del Hotel. A mi alrededor habían flores, pasto, luciérnagas y un lago. Al mirar a mi izquierda, Frank estaba tirado mirando las estrellas. Volteé mi cuerpo para mirarlo. Se dio cuenta de que estaba despierta y también se dio la vuelta. Ambos quedamos mirándonos durante largos minutos. Se mordió el labio inferior. Abrió a penas uso centímetros su boca, como si intentara hablar. No lo hizo. Volvió a cerrar la boca y calló. Nuevamente miró las estrellas. Tomé su mano. Reaccionó mirándome. No dijo una sola palabra, pero me imaginé qué era lo que quería decir o que estaba pensando.
                        -No pasa nada-
            Continuó mirando mis ojos. Sonrió. Me acerqué a él y coloqué mi cabeza en su pecho. Me abrazó y así nos quedamos. Me dormí. Después no sé qué más pasó.

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