miércoles, 30 de noviembre de 2011

Capítulo 12


            El viaje fue más rápido a la vuelta que a la ida, pues mi padre había puesto más gasoil y pudo acelerar. Se lo veía mal saber que debía regresar al colegio, que querría estar más tiempo conmigo y al final nos habíamos quedado con una conversación pendiente.
            Faltaba muy poco para llegar al instituto, pues estábamos pasando por la ciudad. Ya sentía la suavidad de las camas, la bella iluminación de las velas en los pasillos, hasta me puse a imaginar el baile de máscaras.
            En cuanto llegamos al instituto, ya todos estaban en la puerta esperándonos, con excepción de Caroline y sus seguidoras.
            James, al ver a Cady, la abraza. Nicholas, al ver eso, se metió al instituto. Corrí tras él. Cuando lo vi, estaba caminando por el pasillo con las manos en los bolsillos como un muchacho que había perdido su juguete favorito. Lo paré.
                        -Nicholas, no te pongas así-
                        -¿Y cómo quieres que me ponga? Mi ex bazuqueándose con James, quien todavía no me agrada-
                        -No pongas esa cara, ya sabes que no me gusta verte con la cara larga. Quiero verte sonreír- dije colocando mis dedos en las puntas de sus labios para que se riera y lo logré con éxito.
                        -¿Cómo haces para hacerme reír?-
                        -No lo sé. Solo que eres mi mejor amigo y mi hermano y te conozco como si fuera de toda la vida- le dije mirándole fijamente los ojos
                        -Gracias- dijo sonriéndome
                        -No hay porque-
            Lo abrasé y puso sus manos en mi cintura. Su felicidad también era la mía y quería verlo contento la noche siguiente, que sería el baile de máscaras. Su compañera era Cady, pero ahora que no estaban juntos no tenía a nadie, así que le dije que fuera el mío. Accedió.
            Salí de vuelta a la puerta principal para tomar mi maleta y llevarla hasta la habitación. Todos se corrieron y allá, al fondo, estaba Frank con un ramo de flores. Acercándome, divisé que eran jazmines, mis flores preferidas. Corrí hasta llegar a él  lo abrasé. Todos aplaudieron como si fuera un reencuentro de dos enamorados que estaban destinados a estar separados pero, con la ayuda de sus amigos, consiguen juntarse y ser felices por siempre.
            Había sido hermoso ese momento para todos, principalmente para mí y para Frank. Tomé las flores. Todos comenzaron a gritar: BESO, BESO, BESO, y como que me avergonzaba besarlo frente a todos. Frank me miró y se fue acercando, cerrando de a poco sus dulces ojos. Nos besamos. Volvieron a aplaudir.
            Al meterse todos en el instituto, tomé mi bolso y saludé a mi padre con un abrazo y un beso el la mejilla. Tanta tristeza me daba que me puse a llorar. No quería separarme de mi padre, pues quería estar con él ahora que nos habíamos reencontrado después de tanto tiempo. Debí dejarlo.
                        -Volverás a visitarme, ¿no es así?- le pregunté secándome las lágrimas con la manga de la remera
                        -Por supuesto que si, cariño-
                        -Cuídate- le dije bajando el volumen de voz
                        -Igual tú- nuestra despedida hizo que se pusiera a llorar
            Lo saludé otra vez y me metí al colegio. Subí a la habitación y dejé mis cosas en el mismo lugar que estaban antes de la partida. Todo estaba igual. Las camas hechas con las almohadas suaves y acolchonadas. El colchón estaba más cómodo con esas sábanas que se deslizaban por la piel de quien dormía y con dos cubitos de chocolate. Las mesas parecían nuevas por el brillo que les dieron durante nuestra ausencia. Jamás había visto las cosas tan bellas como ese día.
            Terminé de ordenar la ropa, guardé la maleta y salí a recorrer el colegio después de tanto tiempo. Cuando me asomé a ver el jardín central, una joven estaba sentada en la fuente. Bajé para saludarla y presentarme. Mientras bajaba, me di cuenta de que se habían formado unas cuantas parejas. En cuanto llegué al jardín, la muchacha me pareció muy bonita. Su pelo era rubio, ojos verdes, tez clara y semejaba ser suave. Sus labios eran colorados y perfectos al igual que su mentón. Su sonrisa era más bella que su rostro. Los dientes estaban en perfectas condiciones. Por un momento sentí envidia de tanta perfección, pero antes de hablar, debía conocerla.
                        -Hola. Debes ser nueva- le dije amistosamente
                        -Oh, sí. Es un placer. Mi nombre es Emma Clauson-
                        -Igual. Me llamo Rebecca Davis, pero prefiero que me digan Begg. ¿Hace cuánto tiempo llevas en el instituto?-
                        -Hace tres días. Todos han sido muy amables conmigo y me siento agradecida por su recibimiento-
                        -Siempre que necesites algo, alguien te ayudará, hasta puedes recurrir a mí-
                        -Muchas gracias-
                        -¿Ya has conocido a alguien que te interese? Solo por chusma pregunto- le dije
                        -Sí, pero creo que está comprometido- miró hacia abajo colorada
                        -Mmhhh. Igual está lleno de chicos en el colegio...-
                        -Es que solo él me interesa y soy capaz de separarlo de su novia por que esté conmigo-
                        -Entonces, muéstrame de quién se trata-
            Me tomó de la mano muy tiernamente. Caminamos un largo rato hasta encontrar al muchacho que le gustaba. Debía conocer al joven y, si podía, ayudarla a estar con él. Su mirada iba de un lado al otro, buscando. Se detuvo.
                        -Es ese- dijo señalando a un muchacho que estaba dado vuelta
                        -No puede ser- dije espaciando cada una de las palabras
            ¡Emma estaba enamorada de la misma persona que yo! Si le decía que el chico que le gustaba era mi novio, intentaría separarnos. Su belleza era el triple, no, el cuádruple que el mío. Debía hacer algo, como presentarle los chicos más lindos de todo el instituto, pero que no fuera Frank.
                        -¡¿Frank?!- grité
            Se dio vuelta para ver quién lo había llamado, así que rápidamente tomé del brazo a Emma y la escondí detrás de una columna de cemento.
                        -Sí. ¿No es hermoso?- dijo suspirando
                        -Hay chicos más lindos- dije, sabiendo que era la cosa más ridícula que había dicho
                        -No para mí-
                        -¿Qué no te das cuenta? Él ya está de novio y es muy feliz así. La relación que tiene con su novia es hermosa y es la pareja más bella que halla en el planeta entero- dije sin pensar
                        -Ya te dije, Begg, que soy capaz de separarlo de su novia-
                        -Escúchame bien. No lo separarás de su novia. Búscate otro- dije ya enojada
                        -Luego veré- dijo- ¿Cómo dijiste que se llamaba?-
                        -Frank-
                        -¿Frank qué?-
                        -Danibelle-
                        -Emma Clauson de Danibelle, ¿no queda perfecto?-
                        -Queda mejor con el mío- dije en un susurro
                        -Disculpa, ¿qué dijiste? Es que no te oí-
                        -Que queda perfecto-
            Emma salió del escondrijo y caminó para el lado de Frank
                        -Hola, Frank- dijo con una voz provocadora
            Así miró. Sus amigos la miraron y se quedaron mirándola hasta que desapareció y comentaron que era muy hermosa la chica, pero que no sabían cómo se llamaba. También dijeron que fuera a hablar con ella y después que vea si había alguna conexión. De lo más adorable, Frank les contestó que yo era la única persona que tendría su corazón y que lo cautivaba. Eso me hacía estar más cómoda, pero tenía miedo de que nos separara. Me fui al jardín trasero para pensar y saber qué tenía que hacer en esos momentos.
            La puerta del jardín estaba abierta y, apoyado en el árbol, estaba Frank.
                        -¿Cómo es posible que seas tan rápido? ¿Y cómo sabes cuando tengo que decirte algo?-
                        -El collar, Begg. Al igual que tú me puedes ver a través de él, yo también sé que te pasa algo- me dijo serio
                        -Es Emma, la chica nueva-
                        -¿Cuál es el problema?-
                        -Está interesada en ti y eso me preocupa en verdad. Dice que si tienes una novia, hará que se separen-
                        -Y sabes perfectamente que no me separaría de ti por nada en el mundo, con excepción de que corras algún peligro por mí-
                        -Lo sé. Lo único que quiero es que tengas cuidado con ella. Jamás le digas cosas de mí, es que debo saber más sobre ella-
                        -Está bien- dijo con una sonrisa
            Caminé a su lado hasta mi habitación. Ahí estaba Cady sentada en la cama. Lo saludé a Frank y fui a ver qué era lo que le pasaba.
            Según por lo que me había enterado, tuvo una discusión con James, que no me sorprendía del todo. No quería decirme nada, ya que sabía muy bien que si llegaba a enterarme la razón, sería capaz de ir a enfrentarme con él y decirle unas cuantas cosas.
            Me encontraba cansada, así que me recosté en la cama y me quedé dormida. Por suerte no había soñado nada.

            Al día siguiente, la directora fue habitación por habitación para decirnos que habría vacaciones por tres semanas, así que podíamos ir a caminar por el colegio o fuera de él sin alejarnos demasiado. Decidí con las chicas seguir durmiendo para tener más fuerzas para la segunda semana de vacaciones, que sería el baile más esperado por todos.
            Me imaginé en el baile junto a Frank, bailando esos lentos que me hacían flotar en el entorno. Las chicas eran hadas y los muchachos eran ángeles. Era muy hermoso todo. En la cima de las escaleras, estaba el chico más lindo de la vida, vestido con un traje negro. Una luz me iluminaba. Mis alas aleteaban lentamente subiendo las escaleras y dejando caer un polvo brillante al moverme. Todos aplaudían mientras me acercaba a Frank.
            Abrí los ojos y me encontré con una luz que volaba en mi cara. La seguí hasta el jardín central, donde se detuvo. Estiré el brazo para tocarla y de repente, estalló frente a mí, haciendo que me cayera. Frank me vio y corrió para ayudarme. Me miro. Lentamente se fue alejando y tartamudeando.
                        -¿Te sientes diferente?-
                        -¿Me veo diferente?- dije mirando a mi alrededor.
            En un momento comencé a elevarme. No sabía la que estaba ocurriendo. Frank se puso a reír. Me daba miedo lo que pasaba. Al dar un salto, estaba abrazada al cuello de mi querido ángel, quien tomó mi cintura tiernamente.
                        -No creí que te ibas a asustar tanto- dijo riendo
                        -No sé por qué creí que esto era obra tuya-
                        -Era obvio. Soy el único que haría estas clases de bromas-
            Lo miré fijamente a los ojos. Por un instante quise acogotarlo, pero miré el lado gracioso. Una miedosa a las alturas como yo no resistiría estar lejos del piso. Frank me había hecho una broma muy mala.
                        -Dime que se terminará el efecto-
                        -Te lo juro. Sino tendrás que acostumbrarte-
                        -Te mereces un castigo-
                        -¿Vendetta?-
            Lo empujé tan fuerte que hice que cayera a la fuente. Quedó totalmente mojado y chorreando agua. La camisa blanca que llevaba puesta se le pegó al cuerpo, haciendo que sus músculos se notaran aún más. Comencé a reír. Con sus manos tomó una cierta cantidad de agua y me la tiró. Así seguimos tirándonos agua hasta que se terminó el efecto de volar. El temor a las alturas se había terminado gracias a la broma de Frank. Me sentí mejor con las cosas a las que le temía, porque sabía de algún modo que siempre él estaría para ayudarme a vencer todos mis miedos. Me tomó de una mano y voló. Ese tiempo eran los mejores que había pasado.
            Así pasamos una hora juntos en el aire e iluminados por la luna llena descendimos para poder ir a dormir. No quería parar, pero debía estar descansada para la mañana siguiente. Lo saludé de lo más alegre y me fui corriendo hacia mi habitación. Se quedó ahí, mirando cómo me iba. Lo vi feliz.

            La mañana había llegado y debíamos todos levantarnos temprano para comenzar los preparativos del baile, que sería hecho en un salón de la ciudad para que se viera más importante. La directora comentó que mi padre iba a pagar todo.
            Nos vestimos lo más rápido que pudimos y subimos al micro que nos estaba esperando para ir.
            La entrada era perfecta, las escaleras le daban una especie de nobleza a todo, las sillas eran afelpadas, las mesas tenían manteles suaves y perfumados, el piso parecía ser recién comprado y jamás usado. Frente a todas las mesas había un escenario que parecía más a una especie de tronos de los reyes imperiales. Las mesas estarían divididas en dos sectores por una gran alfombra roja con bordados en los costados de color dorado. Todo era perfecto, pero aún le faltaba cosas para decorar.
            De la baulera del micro sacaron botes de pintura, cortinas, guirnaldas, flores, etc. La directora se veía muy entusiasmada por el baile, ya que habría muchos jóvenes quienes nos ayudarían a conseguir dinero para invertir en otros institutos que necesitaran objetos escolares, bancos y muchas cosas más. Me gustaba mucho ayudar a los demás al igual que a los otros les gusta ayudarnos. Administrando todo el equipo estaba mi padre. Me sentí más feliz viéndolo ayudar a preparar todo sin ninguna objeción y queriendo que todo saliera estupendo para dejarnos bien delante de muchas personas.
                        -Que bueno que nos estés ayudando, papá-
                        -Me gusta mucho ayudar con preparativos de fiestas-
                        -¿Has visto a Frank? Es que debo hablar con él-
                        -Creo que tu novio esta atrás preparando el menú-
                        -Gracias. Ahora vuelvo-
            Caminé hacia la cocina para ver si necesitaba alguna ayuda, pero pude notar que no. Emma estaba allí ayudándolo a batir la crema y el azúcar para ponérselas a las frutillas, que serían probadas por mi padre para ver si quedaría bien para el postre final. Lo que más me había molestado fue que la estaba coqueteando mostrándole cómo cocinaba y limpiaba los platos, cubiertos y copas. Conmigo jamás cocinó ni me enseñó a batir, aunque eso fuera muy fácil que hasta un bebé podría hacerlo. En un momento no solo estaban cocinando, sino que Emma se le tiró encima y comenzó a besarlo. Puso sus manos en su nuca, levantándole a Frank el pelo. Frank se dio la vuelta y me miró. Me volteé y le cerré la puerta en la nariz. Me detuvo.
            -No quiero estar con una persona que coquetea con otras a mis espaldas-
                        -Yo no coqueteé con nadie. Tan solo le mostraba a Emma cómo batir-
                        -¿En serio te creíste que no sabía batir? ¡Hasta cuando tenía diez años sabía batir! Encontré un recorte de CAMPEONA DE COCINA en uno de sus bolsillos-
                        -¿Y cómo querías que supiera si no sé absolutamente nada sobre ella? Solamente ha estado en el colegio por cuatro días-
                        -Cuatro días es demasiado para conocer a una persona. A mí me conociste en dos días-
                        -Tú y ella son diferentes para mí. Tú me interesas, ella no-
                        -¿Enserio? ¿Por quién me tomas? ¿Por una tonta?-
                        -No digas esas estupideces, Rebecca-
                        -Para ti son estupideces, no para mí. Ya que tanto te gusta enseñarle a cocinar a las chicas, ¿por qué no te vas y haces un concurso de cocina con Emma?-
                        -Tal vez eso es lo que valla a hacer-
                        -Bien. Suerte y que tengan una vida muy feliz juntos, Frank Danibelle-
 Caminé rápido hasta donde estaba mi padre.
                        -Saldré a caminar por un momento-
                        -Está bien, pero no te pierdas-
            Salí por la puerta principal y caminé por la dirección en la que habíamos venido al salón. Caminé por una plaza que estaba desierta pero era muy hermosa. Oí los pasos de Frank corriendo hacia mí. Corrí lo más que pude y lo perdí. Lo había mirado a Frank y, por primera vez, sin llorar.
            Recordé que me había olvidado de decir algo. Tomé el collar y cerré los ojos y pensé: TERMINAMOS. ESTO NO DA PARA MÁS. Sí, había terminado mi relación con Frank. Emma lo había logrado y había ganado tanto la batalla como la guerra. No quería saber más nada con él ni con ella. Me dirigí de regreso al salón. Busqué a mi padre y le dije que quería irme a vivir con él y con mamá. En cuanto le dije eso, me abrazó con toda su fuerza y sonrió de oreja a oreja.
            Cuando finalizó el día, me subí al auto de mi padre y me llevó al colegio para retirar mis pertenencias. Al guardar todo, miré la habitación por última vez y cerré la puerta. Todavía nadie había llegado al instituto y así era mejor. No me gustaban las despedidas. Coloqué la maleta en el baúl del auto y arrancamos. Miré hacia atrás, despidiéndome del colegio, ya que no quería volver a estar por esos pasillos que me traían buenos recuerdos que pasaron a ser malos.

            Llegamos al edificio en la que vivía mi familia. Era enorme. Era un hotel, pero teníamos nuestro departamento ya que mi padre era el dueño de éste. El comedor tenía una vista espectacular que hasta se podía ver las estrellas desde allí. Las habitaciones eran totalmente gigantes que hasta cuatro elefantes podrían dormir sin estar apretados ni incómodos. La habitación ya estaba preparada para mi llegada. La cocina era de 10 X 7. Todo el piso, con excepción la del comedor, estaban tapizados con una alfombra bordó que combinaban con las paredes crema. El departamento era muy hermoso. Durante mi primera noche, las pasé mirando las luces de los coches yendo por la primera avenida. Estábamos en el piso 24, y no me atemorizaba de la altura, pues ya lo había superado. Todavía no me sentía cómoda, sentía que me faltaba algo, además de mis amigas. Extrañaba los besos de Frank, sus caricias, sus abrazos, pero me había engañado con Emma. Aunque me dijera que no era cierto, yo lo veía así y nada cambiaría mi opinión. Debía enfocarme más en el baile para dejarlo bien a mi padre como un gran organizador de fiestas de colegios.
            Mi padre apareció después de dejar todas mis cosas en la habitación.
                        -¿Cómo crees que será en baile?- le pregunté
                        -No lo sé, pero sí estoy seguro de que estarás preciosa-
            Escuché una voz dentro de mi cabeza que decía: “no importa qué te pongas, pues siempre te ves preciosa y siempre te verás así, Begg”. Sí, era la voz de Frank. Me había olvidado del collar, él escuchaba todo lo que se decía. Tomé el colgante y me lo quité así podía hablar tranquila. En ese momento me di cuenta que la única manera para que Frank escuchara todo lo que decía era simplemente mientras tuviera el collar puesto. No escuché más su voz por dos días.

            Faltaba cada vez menos para el baile y se debía ir en pareja. Le pedía a mi padre el número del instituto para llamar a Nicholas y confirmar que iría conmigo. La directora Sawner contestó:
                        -Hola y buenos día, ¿en qué puedo ayudarle?-
                        -Buenos días, Directora Sawner, soy Rebecca Davis-
                        -Oh, hola, Rebecca, ¿cómo estas en tu hogar?-
                        -Bien, gracias por preguntar-
                        -¿De casualidad quieres hablar con Frank?-
                        -No- dije a secas- Quiero hablar con Nicholas, por favor-
                        -Espérame un momento que lo mando a llamar-
            Esperé dos minutos y contestó el teléfono:
                        -¿Hola?-
                        -Hola, Nicholas, habla Begg-
                        -¡Begg! ¿Cómo estás? Se te extraña aquí-
                        -Estoy bien, gracias. No creo que TODOS me extrañen allá. Cambiando de tema, te llamaba para ver si estaba confirmado de que iras al baile conmigo-
                        -Sí. Te recuerdo que estaba con Cady, pero supongo que ahora estará con James. Así que me habría quedado sin pareja si no me hubieras dicho-
                        -Eso creí-
                        -¿No estabas con Frank?-
                        -Te pido por favor que ni me lo nombres, y no, ya no estoy con él-
                        -Entonces con mayor razón iría contigo, Begg-
                        -Que bien. Entonces nos vemos ese día. Te pasaremos a buscar en el auto de mi padre. Besos a todos, bueno, tú sabes a quien sí y a quien no-
                        -Sí. Cuídate-
            No lo había escuchado a Nicholas muy feliz cuando oyó mi voz ya que estaba acostumbrado a que yo estuviese ahí para hablarle. Lo extrañaba y mucho al igual que a las chicas. Si me dijeran a quién extrañaba más de todos mis amigos, no sabría qué decir ya que eran mis mejores amigos y los quería más de lo que cualquiera se podría imaginar. No quería recordar momentos que hicieran que me sintiera mal, pero debía prepararme. Tan solo faltaban unas semanas o días para la fiesta. Ya tenía el vestido, los zapatos, pero debía tener un pendiente en mi cuello, y solo se me ocurría el collar que me había regalado Frank. No quería, pero era el más fino. En un momento me puse a pensar que si me ponía el pendiente, me reconocería fácilmente. No, no podía ponérmelo.
            Tras pasar quince minutos, mi padre apareció en la puerta. Estaba vestido informal, con unos jeans azules y una camisa amarilla.
                        -¿Necesitas que salgamos?-
                        -No es obligatorio. Solo es un collar-
                        -Aquí tengo una cosa para ti- de uno de los bolsillos del pantalón sacó una cajita- Era de tu madre. Ya no lo usa-
            Tomé la caja y la abrí. Dentro de ella había un bello pendiente de perlas blancas. Le devolví la cajita y me colocó cuidadosamente el collar. Me alcanzó un espejo. Al verme reflejada en él, me sentí diferente.
                        -Ya eres toda una mujer- comentó mi padre sonriendo- Espero que te halla gustado mi obsequio-
                        -Es precioso, papá. Muchas gracias-
            Se fue alejando lentamente hacia la puerta, la que cerró dejándome sola.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Capítulo 11


            Frank volvió a tener su fuerza normal. Me acunó en sus brazos y me llevó hasta Nueva York.
            Solo tardamos una hora de viaje, pues volaba muy rápido para que mi padre no se preocupara tanto como podría estarlo.
                        -Perdón por haberte mentido, Frank. No quería, pero debía-
                        -Está bien, Begg. Eso ya quedó en el pasado. Además, lo hiciste simplemente para salvarme sin tomar las precauciones. Por mí podrías haber muerto y eso jamás me lo perdonaría-
                        -Luzbel jamás me habría lastimado. Estoy segura de ello-
                        -¿Cómo puedes estar tan segura?-
                        -Tuve un sueño. Fue como una visión del pasado-
                        -Ah...- me miró de una forma que me hizo sentir incómoda
                        -Recordé cada detalle de lo que escuché cuando era pequeña-
                        -Espero que no sea lo que pienso- dijo en un susurro que simulé no haber escuchado
                        -El ángel que me salvó se llamaba Robert. Era tu hermano. Me salvó llevándome al Instituto ‘The Saphire’, donde se encontró con la directora Sawner. Ella te mandó saludos y a tu madre. También dijo algo que me pareció muy extraño. Sus palabras fueron que lamentaba la pérdida de tu padre-
                        -Escuchaste el nombre, ¿cierto?-
                        -Sí, Frank. Lo que no entiendo es por qué no me lo dijiste-
                        -Era preferible que no te enteraras. Mi sangre es la misma que la de él, pero en parte es diferente-
                        -Quiero que me expliques-
                        -Mi padre estaba haciendo experimentos con animales, principalmente con un toro. Cuando éste lo golpeó con el cuerno, Lo lastimó y, de tan furioso que estaba, tomó un cuchillo e hirió al toro. La sangre de ambos se unió, haciendo que su información genética cambiara. Como incorporó más sangre del animal, mi padre quedó como toro y a la vez un ángel. Se lo puede nombrar como un ángel diabólico. El toro murió y mi madre está investigando la razón de ello-
                        -¿Y no te identifica? ¿No te reconoce al verte?-
                        -No lo creo. Mientras mi madre se iba de casa, hice unos avances en la investigación. Pude encontrar la cura para mi padre, pero para dársela, tiene que estar inconsciente-
                        -Mmhhh. Lamento todo esto, Frank-
                        -No es tu culpa, Begg. Es más, tú haces que siga tratando en encontrar más soluciones. Me das esperanza-
                        -Me alegra escuchar eso-
            Nos quedamos mirando el uno al otro. Luego, avergonzados, miramos hacia otro lado. Volvió su mirada en mí. Continué mirando para otra dirección, sino me roburizaría.
                        -Quiero que conozcas a mi familia-
                        -¿Saben que yo sé que eres un ángel?-
                        -Saben más de ti que de mí en estos meses- dijo acercándose. Me reí- Ellos quieren conocerte, especialmente mi hermano. Quiere saber cómo estas-
                        -Sería un placer conocer a tu familia, Frank-
            Estaba muy emocionada, pues, por fin iba a conocer a su familia, pero jugaba con Frank diciendo que después nos harían el casamiento.

            Llegamos al hotel. Mi padre estaba tan preocupado que, cuando me vio, corrió para abrazarme y apretujarme dejándome sin aire. Cady, Mae y Michelle también fueron a abrazarme. Todos se quedaron viendo a Frank.
                        -Gracias para traer a mi hija- dijo mi padre sollozo
                        -No hay problema, señor Davis. Iría a rescatarla cada segundo de mi vida-
                        -En verdad te importa Rebecca, ¿no?-
                        -Sí, señor. Lamento la forma en la que le contesté en nuestro primer encuentro-
                        -No hay inconveniente alguno, joven. Ni nos conocíamos-
                        -De todas formas, me disculpo ante usted- dijo Frank cortésmente
            Mi padre, demostrando su educación, asiente con la cabeza. Estaba muy feliz al ver que había conocido al muchacho que amaba, o al menos eso era lo que sentía y creía.
            Cuando Frank se marchó, le pregunté a mi padre si le agradaba y me había contestado que si, que semejaba ser un buen muchacho. Con eso ya era suficiente. Si yo estuviera con él, lo aprobaría sabiendo que era un muchacho educado y que se preocupaba por mí. Aun me preocupaba una sola cosa, la transformación de él cuando se enoja. El color de pelo, el de ojos y el cambio de las alas me revoloteaban por la cabeza. No sabía qué haría con ese tema. La mirada que apareció en él viendo la herida de mi pecho, enterándose que había sido el culpable, pensó: ‘ya no me puedo controlar’. Estaba muy aterrada por esa mirada. Me halla herido o no, lo seguía queriendo y sería así siempre. Temí que se fuera y no apareciera más por temor a provocarme problemas. Era algo tonto, ya que no podía vivir sin mí, pues eso me lo había dicho.
            Subí a mi habitación en compañía de Laurent, quien temía que me cayera al caminar hasta el cuarto, sosteniéndome de la cintura. Entré y me senté en la cama. Mi compañero me miraba.
                        -¿Te sientes bien, Begg?- preguntó muy preocupado
                        -Me duele una lastimadura. Eso es todo- le contesté poniendo mi mano en la herida del pecho
                        -¿Cómo te lo hiciste? Es muy profundo-
                        -No importa. Gracias por traerme al cuarto, Laurent-
            Se levantó de mi lado y cerró la puerta. Se escuchó el sonido de la ventana, pues Frank había entrado a la habitación. Su cara al verme tocándome la lastimadura lo hizo ponerse muy mal. Se sentó junto a mí y se quedó pensando sin decirme una sola palabra. Se levantó y se paró. Me miró.
                        -He decidido algo, Begg- dijo con la voz apagada
                        -¿Qué cosa?-
                        -Te dejaré. Si sigo cerca de ti te lastimaré y te lastimarán-
                        -No puedes hacerme eso-
                        -Lo siento, Begg. Me iré del país-
                        -Será algo temporal, ¿no?-
                        -Es definitivo y para siempre-
                        -¿A dónde te irás?-
                        -No puedo decirte, sino me buscarás-
            Sus palabras me lastimaron más que lo que me hizo. Cada una de ellas semejaban ser diez puñaladas. Lo iba a perder para siempre. No sabría cómo continuar. No sabía qué contestar, pues mis palabras se desvanecieron en el aire. Miré la ventana. Quería tirarme por ella. Si no podía ver más a mi querido ángel, haría algo menos doloroso.
                        -Begg, te amo. Esa es la razón por la que me voy-
                        -No quieres amarme más- contesté llorando y con la voz ahogada
                        -No digas esas tonterías-
                        -Prefiero que me lastime todo el mundo antes de que te vallas-
                        -Es algo muy lindo lo que dices, pero ingenuo- dijo sonriendo
                        -Por favor, no te vallas. No puedo estar sin ti-
            Se agachó y me besó. Me tiré para atrás haciendo que estuviéramos en la cama, uno encima del otro.
                        -Ésta será nuestra última noche juntos y quiero que sea la más feliz- me dijo
            Comenzó a besarme en la frente, en la nariz, en las mejillas, en los labios y en el cuello. Sentí cómo sus manos recorrían mi cuerpo.

            La mañana se acercó lentamente. Cuando me desperté, Frank ya no estaba. La ventana estaba abierta y junto a ella había un gran ramo de flores y una carta. Esta decía:
            Mi amor:
                             Esta noche será inolvidable para mí. En verdad estoy apenado por haberte dejado. Te prometí que ibas a conocer a mi familia. Eso será cuando todo se calme..
                       Quiero que sepas que siempre estarás en mi corazón. Lo que me diste en esos meses fue único. Me enseñaste a vivir, a creer, a ver. Todo lo que me mostraste de la vida te lo agradezco.
                        Te escribiré cada tanto para contarte cómo estoy, pero no me contestes, es solo por precaución, no porque no quiero saber de ti. Espero que me perdones algún día.
Te amo
Frank Danibelle
            Terminé de leer la carta. En ese momento, recordé el primer día en el que conocí a Frank hasta el día de hoy.
            Las chicas jamás supieron que Frank y yo pasamos la noche juntos y eso era una suerte, pues, como siempre, comenzarían a hacer preguntas como qué pasó, qué hicimos, si nos besamos y cosas que no tendrían que meterse. En fin, mi corazón se congeló más rápido de lo que tarda el agua dentro de un freezer. Con solo pensar que la persona que me hacía feliz toda la vida se había marchado tan solo por los problemas y los accidentes que me ocurrían. Estaba segura de que él suponía que era el culpable de lo que me pasaba, pero me había metido sola, sin su intervención. Sabía todo lo que ocurriría si es que continuaba estando con él y no me importaba.
            Busqué el bello obsequio que me había dado en el callejón cuando estaba enojada con él. Tratando de recordar, halle el collar junto a la cama. Al fijarme bien en su brillo, pude ver a Frank dentro de éste. Era algo imposible. Parecía que podía conectarme con él, verlo aunque estuviera lejos y me hacía muy feliz que, una vez en cuando, supiera dónde se encontraba. Me lo puse ajustado para que no se me perdiera y salí de la habitación a desayunar.
            En el comedor se encontraban las chicas solas, pues mi padre tuvo que irse a una reunión. Sentándome junto a ellas, me miraron las tres a la vez. ¿De casualidad tenía monos en la cara? No dejaban de mirarme. Sus miradas me hacían recordar esos días en los que estaba con Frank en el comedor de la escuela y todos nos miraban con la misma expresión.
                        -¿Ocurre algo?- pregunté inquieta
                        -Begg...no sé cómo decirte esto, pero...- dijo Cady
                        -¡Tienes la marca en el cuello de un beso!- gritó Mae sinceramente
                        -¿Con quién estuviste en la noche?- dijo Michelle con una sonrisa
                        -Chicas, creo que no es de su incumbencia. Lo siento si lo toman a mal- contesté
                        -No hay problema, es cosa tuya y de esa persona que te succionó el cuello dejándote...eso- contestó Mae.
            La tomé del brazo y me la llevé al baño, en el cual puse el cerrojo para que nadie pudiese entrar. La miré fijamente a los ojos.
                        -Esta fue la mejor noche que tuve en la vida, Mae-
                        -¿Con quién estuviste?-
                        -Prométeme que no harás nada, ni siquiera un gesto y promete que no dirás nada a nadie ni lo escribirás- le dije
                        -Ya sabes que lo prometo, Begg- me dijo arqueando una de sus cejas
                        -Frank estuvo aquí-
                        -¿Cómo puede ser que halla llegado aquí?-
                        -Creo que lo trajo la directora Sawner-
                        -Si, si, seguro- contesto riendo- Ni que fuera la madre-
                        -Me da igual eso, pero estuvo aquí conmigo-
                        -En verdad me alegro por ti, pero... ¿no estabas enfadada con él?-
                        -Nos arreglamos. Es que no quería besarse con ella y me dijo tantas cosas que al final me pudo convencer. Me ama y yo a él-
                        -Que bueno, Begg. ¿El collar te lo regaló él?-
                        -Sí, es muy tierno. Esto-le señalé la marca de la succión-también me lo hizo él-
                        -Eso se te vería a kilómetros. Con toda la sinceridad del mundo te lo digo-
            Miré hacia arriba. Cerré los ojos y toqué el topacio. La imagen de su cara apareció en mi mente. Algo no muy peculiar me había llamado la atención, pues su voz sonaba diferente y parecía que estaba atrapado y pedía auxilio. En ese mismo momento, salí corriendo del hotel, ya que sabía dónde estaba por el fondo de la “visión”. Según lo que me parecía, era un salón de fiestas. Cuando pude reconocerlo, seguí la ruta hacia allí. Le dije a Laurent que era de vida o muerte el favor que debía hacer: llevarme a ese salón. Por suerte no me pidió ninguna explicación, solo me preguntó si tenía algo que ver con Frank y, por supuesto, le dije que si. Al salir del hotel Waldorf Astorian, un auto ya nos estaba esperando. Después de cerrar la puerta, el chofer arrancó con toda velocidad. A todos los semáforos que estaban en rojo los llevó por delante, esquivaba a el montonero de gente que cruzaba la calle como si no necesitase mirar a los costados, los camiones que llevaban carga de gas y otras cosas nos miraban como unos locos asaltantes o de ese estilo. En verdad me atemoricé. Frente a nuestro auto estaba el salón. Una joven entraba mirando para los costados para que nadie la viera. Como de costumbre, toqué el collar. Pudo ver a Frank atado a una silla. Quería entrar en ese mismo momento a salvarlo, pero el chofer me dijo que mejor era esperar la noche.

            Estuvimos horas esperando y eran las ocho de la noche. El hombre me miró de reojo, creyendo que no lo había notado.
                        -¿Tienes idea de lo que harás luego de entrar?- me preguntó
                        -Salvar a mi novio- le dije con un tono de obviedad
                        -Te recuerdo que allí dentro debe estar lleno de esas raritas personas góticas-
                        -¿Usted tiene algún plan en mente?-
                        -Escucha cuidadosamente- contestó
            El hombre acerco su boca a mi oído diciéndome cada detalle del plan para rescatar a Frank y sonaba muy inteligente. Salí del auto y semejé que quería ver algo que estaba en el piso ya que sentí que me estaban observando, pero, sobre mi cabeza, estaba la capucha, así que no me podían registrar. No tenía idea de lo que estaban haciendo con Frank. En mi mente apareció la imagen de Frank con el pelo negro y ojos rojos, pues esa noche iba a ocurrir como todas las otras, con excepción de la noche que pasamos juntos. Entonces, ¿Cuándo se enojaba se transformaba? ¿Por qué al estar conmigo durante la noche no cambiaba de forma? Muchas dudas aparecieron en mi cabeza, pero debía concentrarme en salvar a Frank antes de que ocurriera eso y que hicieran el ritual.
            Lentamente me fui acercando a la puerta del salón. Laurent y el hombre, quien todavía no conocía el nombre, se quedaron observando si es que lograba entrar sin ninguna dificultad, pero, para que esto funcionara, debían distraer a los discípulos, así que hicieron que la bocina de alarma sonara en todos los autos que estaban estacionados. Mientras todos ellos iban a ver lo que ocurría, dejaron la puerta del salón abierta y pude ingresar. Caminé en puntas de pie  para que nadie me oyera.
            En uno de los salones principales, estaba Frank. Sus alas estaban atadas con una cinta adhesiva. Verlo ahí, atado, solo... ¿solo? ¿Qué hacía Frank solo en un salón? Sospeché por un largo rato, temiendo que fuera una trampa, así que caminé tan lentamente por el salón que ni Frank me había escuchado. Lo desaté lo más rápido que lograba. Lo liberé. Me abrazó con todas sus fuerzas y me alejó de él.
                        -Ahí viene Luzbel otra vez- dijo
            Ya sus ojos y su pelo fueron cambiando, el temor se apoderó de mí al igual que la vez pasada. El animal corrió a él y trató de clavarle el cuerno, pero le herraba. Tan solo con un golpe, Frank lanzó al toro por la ventana. Cuando me asomé, éste ya había huido. Esperé a que la forma normal apareciera en el ángel pro unos minutos y así se hizo.
                        -Begg, estaba muy preocupado por ti-
                        -Y yo por ti- dije mirando sus ojos- Creí que ya te había matado-
                        -Y aún no sé por qué no lo hizo-
            Miró hacia la ventana, pensando la razón y que tuviera coherencia. Me miró. Me tomó de la cintura y nos alejamos del lugar.
            Laurent y el chofer arrancaron el vehículo y nos siguieron hasta el hotel, por segunda vez.
            Al llegar, mi padre todavía no había llegado. Mae me vio con Frank y corrió a recibirnos. Nos abrazó con mucha fuerza, preocupada por lo que nos fuera a suceder. Frank miró a Mae, tiernamente.
                        -Cuida de Begg. No me gustaría volver a salvarla- dijo riendo
                        -Pues esta vez yo te salvé-
                        -En realidad tenía planeado mi escape, pero apareciste tú-
                        -Seguro, Frank- dije acercándome
                        -Es hora de irme al instituto. Recuerda que tus días de vacaciones ya pasaron-
                        -¿Cómo? ¿Tan rápido?-
                        -Si. Nos las pasamos corriendo de un lado para el otro-
                        -Es decir, volando- dije riendo. Mae no había entendido
                        -Si-
            Me acerqué para besarlo. Corrió hacia la puerta y desapareció.
                        -¿Volando?- preguntó Mae confusa
                        -Otro día te explico-

            Ya era la mañana, el momento para irnos de vuelta al instituto. Preparé mis maletas con toda la ropa nueva, al igual que las chicas y, en cuanto había terminado, bajé al salón de bienvenida. Mi padre ya estaba preparando el auto con la puerta trasera abierta para guardar las maletas y bolsas de compra. Michelle, Cady y Mae ya estaban dentro del auto, esperando mi llegada. Coloqué el bolso dentro de baúl y me subí al auto muy nerviosa de volver.
            El auto arrancó y nos fuimos. No sé que habría sido de Laurent después de que me ayudó a rescatar a Frank. No sabía el nombre de ese hombre extraño que también me había ayudado, pero al menos volvería el instituto ‘The Saphire’ y volver a ver a todos juntos otra vez.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Capítulo 10


            Así estuvimos por horas sin que nadie nos molestara. Observé cómo dormía Frank, ya que no podía dormir teniéndolo junto a mí. Cada movimiento lo hacía cuidadosamente para que no me molestara.
            Al hacerse las ocho de la madrugada, oí a Mae tocar la puerta para ir de compras. Las ocho de la mañana era muy temprano para ir al shopping, pero a esa hora se abrían y así no estaríamos junto a mucha gente empujando para tomar la ropa que le gustara.
            Traté de despertar a Frank, pero no podía, estaba muy dormido y se veía tan lindo así. Seguí intentando hasta que lo logré.
                        -¿Qué pasa?- me dijo todo despeinado y con los ojos aún cerrados
                        -Tengo que irme con las chicas- le dije besando su frente
                        -Quédate conmigo, así como estamos-
                        -Querría eso, pero les prometí que iríamos hoy de compras-
                        -Está bien. Nos vemos a la tarde- dijo triste
                        -Por favor, no te pongas así, Frank. Sino lograrás convencerme-
                        -Entonces seguiré de esta forma-
                        -¡Begg!- se escuchaba a Mae gritando desde el otro lado de la puerta
                        -¡Ya voy, me estoy cambiando!- le contesté
                        -¡Te esperamos en el salón de abajo!-
                        -¡Está bien!-
            Me quedé mirando a Frank que estaba con los ojos abiertos y despeinado. En verdad quería quedarme con él y también quería ir de compras con las chicas.
                        -Nos vemos después- le dije con una sonrisa
                        -Bueno-
            Tomé mi ropa y me fui a vestir al baño. Cuando salí, Frank ya no estaba. Preparé mi bolso y me dirigí al salón donde las chicas me esperaban.
            Allí estaba Laurent esperando a que el auto llegara. Al poco rato se escuchó una bocina fuera del hotel y ahí estaba una limusina esperándonos.
                        -Mi nombre es Martin y soy su chofer en el día de hoy-
            El chofer era muy buen mozo. Tenía un bigote fino, sus ojos eran verdes, su piel era clara y sus mejillas eran rosadas. Las arrugas se le notaban cuando sonreía. Su pelo era gris, corto y con mechones blancos.
            Nuestra primera parada fue en el shopping más grande de toda Nueva York. Estaba lleno de locales de perfumería, joyería, de ropa, zapatos, etc. Cady, Mae, Michelle y yo fuimos a un local donde vendían preciosos vestidos de fiesta. Frente a mí, en una rueda giratoria estaba el vestido de mis sueños. Debía ser mío de la forma más violenta que halla. Entré al local y busqué la bella prenda casi por una hora, pues el local era muy grande y estaba llena de accesorios y vestidos. En uno de los percheros se encontraba UN SOLO VESTIDO. Lo tomé velozmente. Sí, era mío. Me fui al vestidor donde las chicas ya se estaban probando ropa. Todos los vestidores estaban repletos y tuve que esperar, pero valió la pena. Uno de los vestidores se vació y fui a probarme el vestido. Me lo puse y me quedaba perfecto. Me marcaba la cintura, no me hacía caderota, me veía más delgada. Era perfecto. Me lo quité y se lo llevé a la cajera para comprarlo. Laurent fue corriendo para ver qué me había comprado y le gustó. De una billetera sacó una tarjeta de crédito y se lo dio a la cajera. Ésta la pasó por una máquina.
                        -Son $1000 pesos- dijo-Éste vestido más unos zapatos le costarán solo $10 pesos más por la oferta de comprar un vestido recién salido a la venta-
                        -Bueno- le contesté junto con Laurent
            La cajera tomó unos zapatos que estaban bajo el mostrador y eran exactamente los zapatos que quería comprar para combinar con el vestido, y por supuesto que me los llevé. Nos dio el ticket y salí del local.
            Me quedé en la puerta esperando a las chicas. Más gente comenzó a aparecer y todas salían con las manos repletas de bolsas y aún nuestra compra no había terminado. Mientras pensaba esto, de la nada apareció Frank. Estaba del otro lado del piso del que me encontraba. Siempre a donde iba, él también estaba, cuidándome de todo mí alrededor que pueda herirme. Le hice una seña para que viniera y en menos de dos segundos ya estaba al lado mío.
                        -¿Qué te compraste?- me preguntó
                        -Hola, ¿no?- le dije con una sonrisa
                        -Hola. ¿Qué te compraste?- me repite
                        -Un vestido y unos zapatos-
                        -¿Los puedo ver?-
                        -No. Los vas a ver el día del baile de máscaras-
                        -Dale, quiero ver. Sino no podré distinguirte de todas las chicas-
                        -¿Me estás diciendo que vas a estar con todas las chicas hasta encontrarme?-
                        -Tal vez-
                        -¡Frank!- le grité enojada-¿Aún no has cambiado?-
                        -No sé a qué te refieres-
                        -Estar de mano en mano de chicas-
                        -Por favor, Begg, no te pongas celosa-
                        -¿Celosa? furiosa-
                        -Va a ser un baile, esto significa que hay que bailar-
                        -¿Te crees que soy tonta?-
                        -Jamás dije eso. Te estás atacando tú misma-
                        -No me ataco, es solo que me decepcionaste, Frank. Creí que al ver lo que pasó con Claricé te haría cambiar-
                        -¿Huh?-
                        -Deja. Ya está-
            Me metí de nuevo al local. Creí que había cambiado. Supuse que no volvería a estar junto con otra chica que no fuera yo. Tal vez era egoísta de quererlo solamente para mí, pero en verdad lo amaba y él a mí. Si era así no debía estar con todas las chicas coqueteando mientras yo estaba frente a él. No, era mejor estar sola y no seguir sufriendo por un amor imposible.
            Las chicas terminaron de comprar su ropa y nos dirigimos a otros locales. Cada local que veíamos nos sorprendía más por la diferente moda que había y que se creaba.
            En la búsqueda de máscaras, un local vendía libros encantados y cuentos diabólicos. Les dije a las chicas que entremos ahí, que quería ver unas cosas. Me acompañaron y comenzaron a chusmear. Cady, al tocar la campana que estaba en el mostrador, un hombre salió de una puerta que estaba frente a ella. Al verlo, gritamos todas. Sus ojos eran blancos, su labio estaba partido, su piel pálida estaba llena de rasguños. Las manos eran huesudas y con uñas largas.
                        -¿Qué necesitan, muchachas?-nos pregunta
                        -Andamos buscando un libro sobre toros diabólicos- le digo
                        -Ah, si, si- se agacha y saca un libro grueso y negro-Es este-
            Cuando vi la tapa del libro, en el centro estaba la marca de los tres 6 en color plateado. Antes de abrirlo, pensé qué me pasaría después de eso. Lo abrí. Con solo tocar el libro mi corazón se detuvo, mis manos comenzaron a temblar. La primera hoja estaba vacía, pero en minutos gotas de sangre aparecieron. Cuando miré la palma de mi mano, tenía un corte. No sabía con qué me lo había hecho, pues no había tocado nada que me pudiese hacer que me cortara. Seguí mirando las hojas del libro. Eran finas. Lo que más me sorprendió de todo fue que la segunda hoja no se había traspasado la sangre. Todo, absolutamente todo provocaba temor allí. Cada una de las hojas tenía una escritura gótica con dibujos para mostrar rituales y aquellos que eran parte del clan diabólico. Ésta escritura era antigua y ya no se usaba, pero lo comprendía. No supe cómo y jamás lo sabría. En una de las hojas intermedias estaba el dibujo de Luzbel. Se lo describía como el supremo de todos. Su carácter no era nada bueno, con excepción de sus seguidores.
            Una hora ya había pasado y era mediodía. Debíamos volver al hotel para ir a comer. Insistí en que nos quedáramos un poco más. Las chicas aceptaron, pero solo me dieron media hora. Seguí leyendo el libro. Ya casi al final estaba el ritual que más me importaba: “La fuerza a través de ángeles”. Éste decía así: ‘para conseguir la fuerza se necesita conseguir un ángel. Cuando ya se lo tiene, tomar una pluma, sangre, piel, cabello y uña. No hay que matarlo para conseguir los elementos. Antes, hay que llenar el cáliz con agua de mar salado y de mar dulce. Mezclarlo con la sangre del Superior. Finalmente, colocar los elementos. Cuando el agua torne a un color rojo, tomarlo. Este antídoto servirá poder controlar el mundo y poder asesinar a todo lo que se interponga en el camino.’ Para eso querían a Frank. Dejé el libro y le dije a las chicas que nos fuéramos rápido. Con el collar del topacio puesto al rededor de mi cuello, el hombre me tomó del brazo.
                        -No podrás esconder a tu amigo. El señor te seguirá a través de tu corte y los atrapará a los dos-
            No podía ser cierto. Luzbel me seguiría hasta hallar a Frank y no lo podía permitir. Hice que el anciano soltara mi brazo bruscamente y fui corriendo hasta la limusina.
                        -Martin, por favor, ve rápido al hotel. Tengo el presentimiento de que algo malo pasará en los siguientes momentos-
            Arrancó en cuanto todas nos sentamos. En menos de quince minutos llegamos al hotel. Mi padre nos estaba esperando.
                        -Begg, chicas, la comida ya está lista-
                        -No tengo hambre, papá. Iré a mi cuarto que creo que dejé algo prendido-
                        -Está bien- me contestó con una sonrisa
            Toqué el botón del ascensor y estaba frente a mí. Subí lo más rápido que pude. Cuando abrí la puerta, la ventana estaba abierta. Frank se había ido.
                        -¡Frank!- grité
                        -No debes gritar. Estoy al lado tuyo- me dijo riendo
                        -Debes irte. No me sigas más- le dije llorando
                        -No te entiendo, Begg-
                        -¡Que te vallas! ¡Ya no te quiero!- le dije aún llorando
                        -No te creo eso- me dijo con los ojos llorosos
                        -Pues créelo, Frank- lo miré fijamente a los ojos-Estoy enamorada de otra persona-
                        -¿De quién? ¿De ese Travis?- me preguntó mirando al piso
                        -Sí-
            Era la mayor mentira del mundo. Travis era muy guapo, pero era un chico que había dejado de ver desde el incidente. Sabía que a Frank no le haría bien que le dijera eso y con más razón debía decirlo. Cuando oyó mis palabras una lágrima le calló por la mejilla. Se me partía el corazón verlo así. Decidí darme la vuelta para no mirarlo, pues lo amaba como nunca alguien podría amar a otro. Me pareció que era la única manera de hacer que Frank estuviera a salvo de las garras del toro. Se puso en la ventana y se marchó. Corrí hacia allí para verlo por última vez. Cerré la ventana con fuerza suponiendo que podía escucharlo. Me fui llorando a la cama. Tapé mi cara con la almohada para que los vecinos no escucharan. Me sentía mal por lo que había hecho. Ahora tenía una sola imagen en mi mente: la cara triste de Frank y la lágrima cayendo por su mejilla. No debí mentirle. Estaba arrepentida, pero ya estaba hecho.
            Las horas fueron pasando y seguía llorando. Oí un ruido en la ventana. Pensé que era Frank, así que no me moví del lugar. Luego se escuchó un ruido más fuerte. Grité que se fuera, pero la contestación fue romper la ventana. Al levantar mi cabeza, Luzbel estaba frente a mí.
                        -Pobre niña- dijo al verme-Hace mucho que no nos vemos-
                        -No sé lo que quieres-
                        -Claro que lo sabes. Sino, no hubieses tomado mi libro-
                        -No lo conseguirás-
                        -Tal vez. Sé que harías lo posible para que no lo lastime a Danibelle. Hasta decirle que estás enamorada de otro-
                        -Sí-
                        -No eres la persona a quien quiero lastimar, pero te necesito-
                        -¡Aléjate de mí!-
            Tomé la almohada y se la arrojé al hocico. Corrí hacia la puerta y la abrí. Luzbel me seguía. Toqué el botón del ascensor que no venía, así que tomé las escaleras de emergencia. Cuando llegué al salón de planta baja, el toro estaba al frente mío y de todos los huéspedes. Me agarró y corrió hacia la puerta. Salimos a la calle y todos gritaron del terror. Luzbel saltó y llegó a la terraza del departamento que estaba frente al hotel. Me desmayé del temor a caerme.
            Al despertar, me encontraba en un departamento en ruinas, atrapada en una celda. Estaba sola, ya no había más otros contrarios del animal por lo que había pasado anteriormente. Los discípulos caminaban de un lado para el otro. A través de una grieta que se hallaba detrás de mí. Me di cuenta de que seguía estando el sol. Me había vuelto a atrapar. Tuve miedo de que Frank estuviera en camino para salvarme. Encontré un papel en blanco y un trozo de lápiz. Escribí: FRANK, SÉ QUE ESTÁS CERCA DE AQUÍ PORQUE LO SIENTO. NO TRATES DE RESCATARME. Era muy a secas, pero tenía que alejarlo del peligro.
            Cuando oscureció, Luzbel abre la puerta de la celda.
                        -Confío en ti, Rebecca. Te dejaré caminar por el jardín de atrás, pero no escapes, porque empeorarás tu situación y la de tu novio-
                        -No se preocupe, no escaparía- le dije mirando al suelo
            Salí de la celda y caminé lentamente hacia donde me mostraba el animal. No era tan malo. Noté que trataba mal a sus prisioneros para mostrar su fuerza a los discípulos para que no lo dejaran y lucharan junto a él.
            El jardín era muy grande, lleno de florcillas. El pasto era corto. Seguramente lo cortaban cada tanto los seguidores cuando necesitaban salir de la ruina. A lo lejos pude ver solo un árbol, grande y llena de hojas verdes. Caminé hacia allí, recordando todo. Estaba viendo el mismo árbol que estaba alrededor de la nieve ese día en el que perdí a mis padres y encontré a un joven ángel quien me protegió del frío y me llevó a mi verdadero hogar. También ese fue el árbol que había visto cuando estábamos en el micro con dirección a la ciudad, donde encontré a mi padre milagrosamente. A la ruina no la había visto en ese entonces. Me senté debajo de éste y me quedé dormida. Como siempre me puse a soñar. Todo era semejante a lo que pasó cuando salí de la celda. Hubo una cosa que cambió. Estaba yo a mi edad de los cinco años, debajo de un árbol, hasta que de repente un ángel apareció. Su rostro era la de Frank, pero era mayor. Me dijo que se llamaba Robert. Me tomó en sus brazos y voló junto a mí, dándome su calor corporal. Durante el viaje me contaba fantásticas historias de aventuras que había tenido. En un momento me susurró que, cuando fuera mayor, un hermano suyo iría a mi colegio y cuidaría de mí. No me dijo el nombre de aquel muchacho que aparecería, pero sí que lo tendría cerca. Me dejó lo más cerca que podía de la puerta del instituto. La directora Sawner salió y recibió a Robert. Le dijo que mandara saludos a su madre y a su hermano. También que lamentaba la pérdida de Lebzul, su padre desaparecido.     La voz de Frank sonaba en mi cabeza. Abrí los ojos y allí estaba él. No me miraba. Seguía mal por lo que le había dicho. Hizo que me pare y sostuvo mi mano por un largo tiempo. Levantó su cara y me miró con sus bellos ojos celestes, llenos de lágrimas.
                        -No entiendo por qué me lastimas y en lo único que pienso es saber cómo estas-
                        -Te dije que no vinieras, Frank-
                        -No creí que fuera verdad-
                        -La única manera de hacer que no te atrapara Luzbel era diciéndote que no te quería más y que amaba a otra persona. No fue suficiente-
                        -¿Me mentiste?- me preguntó
                        -Sí, Frank. Quería salvarte-
                        -¿De qué?-
            L e enseñé el corte de mi mano. Miró y se quedó sorprendido.
                        -Vete- le dije
            En cuanto levantó el vuelo, Luzbel apareció y lo agarró de la pierna tirándolo al piso. La pelea había comenzado.
            En uno de los momentos, el toro lastima uno de los brazos de Frank, haciendo que sangrara. El animal corrió hacia él con velocidad, pero Frank saltó e hirió el lomo de Luzbel con una varilla de metal. Mientras lo lastimaba, la sangre llegó a su lastimadura. Se tiró al suelo y se quedó ahí, gritando. El pelo le cambiaba a negro, los ojos eran rojos carmesí, en las alas blancas comenzaron a aparecer agujeros, pareciendo que le dispararon. Ya no era Frank.
                        -¡Frank!- grité corriendo hacia él
            Con su brazo, golpeó mi pecho tan fuerte que me hizo volar y golpear mi cabeza con el árbol. Ahí me quedé y no supe que más pasó.

            Al abrir los ojos, el cuerpo de Frank estaba tirado entre el pasto. Me levanté y corrí hasta su paradero.
                        -¿Frank?- lo miré-¿Estás bien?-
                        -Me siento muy débil, Begg- me contestó- ¿Dónde está Luzbel?-
                        -Se fue. Lo has herido muy fuerte, Frank. No creo que lo volvamos a ver por un largo tiempo-
                        -Que bueno. ¿Qué me pasó?-
                        -No lo sé-
                        -¿Por qué tienes una cortadura en el pecho?-
                        -Me golpeaste y choqué contra el árbol-
                        -¿Cómo que te golpeé?-
                        -Está bien, Frank. Ya no importa-
                        -A mí si me importa-
            Miró el árbol. Se sentía culpable por lo que me hizo. En verdad sabía lo que había pasado. Cuando la sangre de Luzbel se juntó con la de Frank, su ADN cambió. Al igual que el físico, su mente cambió, transformándose en alguien malvado. Su corazón era como una piedra. No sentía. Esto hizo que su fuerza fuere el doble que el de cualquiera. Tomé su cabeza e hice que me mirara.
                        -Lo que importa es que no te hizo daño-
            En cuanto oyó mis palabras me besó apasionadamente. Me tiró al pasto y así estuvimos hasta que el día volvió a iluminarse.