viernes, 2 de diciembre de 2011

Capítulo 13


            La mañana había llegado nuevamente. Su luz iluminó mi cuarto y mi rostro, haciendo que me despertara. La alarma estaba preparada para las 9:30 y eran las 6:00. Estaba muy emocionada. Los días habían pasado velozmente y faltaban tan solo tres días para el baile.
            Mientras me vestía para salir, escuchaba por la radio a AC/DC. Pensaba que debía hacer algo para que el ángel no supiera quién de todas las jóvenes del salón era yo. Terminé de vestirme, apagué la radio, tomé las llaves y me fui.
            Ya las calles las conocía, al igual que los locales. Mirando una vidriera de mascotas, un muchacho se tropezó con mi pie.
                        -Disculpa, ¿te encuentras bien?-
                        -¿Crees que me encuentro bien?- se pausó y me miró, como si me conociera- No importa. Disculpa-
                        -No tienes por qué disculparte- dije sonriendo
                        -Hace mucho tiempo que no nos vemos-
                        -¿Nos conocemos de algún sitio?-
                        -Soy Travis, Begg-
                        -¿Travis? Estas muy cambiado-
                        -Y tú estás bellísima, igual que siempre-
            Cada frase dicha por él hizo que me quedara sin palabras y sin aliento. En verdad estaba guapísimo desde la última vez que lo vi. Seguramente ya tenía novia y le gustaba coquetear. Si intentaba conquistarme, lo estaba logrando con mucha facilidad. Su voz era más serena. La mirada que tenía hacia que me sintiera incómoda. No estaba segura de lo que sentía y tuve la sensación de confusión. Me gustaba tanto Travis como Frank, aunque estaba completamente furiosa con él.
                        -¿Estás escuchándome?- preguntó con una sonrisa
                        -Sí. Es solo que estaba pensando-
                        -¿Pensando? ¿A esta hora de la mañana? Creo que tu desayuno ha afectado tu mente- y comenzó a reír
            Era hermoso serio como riendo.
                        -Hey, ¿me vas a contestar?-
                        -Es que no desayune-
                        -¿Cómo? Ahora me acompañarás a desayunar. Un día como hoy, caluroso, te hará mal si no comes algo. Vamos-
            Me tomó de la mano y caminamos un rato hasta llegar a un bar. El mozo vino a nuestra mesa en seguida y preguntó la orden.
                        -Un submarino y un sándwich tostado, por favor- contestó Travis
            Noté cómo me miraba durante el tiempo en el que esperamos el desayuno, pero el problema era que desde la última vez que lo vi, me había dicho que gustaba de otra de las chicas. Ella se llamaba Dominique. Era la más petisa del aula. Su pelo era de color marrón, ojos marrones, piel medianamente tostada. Para mi criterio, era bonita. Ese momento hizo que me sintiera mal. Aunque no me había enterado, Travis era el segundo chico que me gustaba y, luego de la pelea con Frank y al encontrármelo, pasó a ser el primero. Estaba segura que no sentía nada por mí, pero me encantaría que fuera así. No sé si era AMOR lo que sentía por él, simplemente me gustaba. El mozo apareció frente a la mesa colocando la taza sobre la mesa sin que se derramara.
                        -Gracias- dije
            El submarino estaba delicioso al igual que el tostado, pues, accidentalmente me quemé la lengua al tocarlo. Travis se rió. Me encantaba hacerlo reír.
                        -En cuanto termines, si quieres, te acompaño a ver lo que quieras. Es que creo que detuve tu mirada del local anterior-
                        -No hay problema. Pero me encantaría tener compañía en el día-
            Terminé el pedido, pagó Travis sin que yo lo dejara y nos fuimos.
                        -Aquí tienes la plata con la que pagaste mi desayuno- dije buscando en la cartera el dinero
                        -No quiero que me lo devuelvas-
                        -Toma. No quiero que digas que no lo aceptarás, pues me sentiré ofendida-
            Con mucha lentitud tomó el dinero que le estaba entregando, esperando a que me arrepintiera.
                        -Enserio, Begg, quédatelo- dijo cambiando su mirada
                        -Por favor, Travis, es mi forma de agradecerte lo que has hecho-
                        -Está bien-
            Frente al departamento en el que vivía me despedí. Habíamos acordado de salir el día siguiente y el siguiente. Seguro sería muy divertido pasar esos días con él. Al igual que se divertía conmigo, yo me divertía con él. Cada cosa que decía me daba gracia, su música rara, todo. Lo bueno era que no teníamos mucho en común.
            Mi padre, como era de costumbre, llegaba tarde a casa, pero esa vez alguien estaba dentro.
            Miré cuarto por cuarto, tratando de ver de quién se trataba la visita. Una valija vi sobre la cama de mi papá y se oía el ruido de la lluvia del baño. Abrí la valija para buscar algo que lo o la identificara, un documento o algo por el estilo. La valija le pertenecía a Clara Thompson de Davis. ¿De Davis? Entonces era... La ducha se había apagado y alguien estaba mirando desde la puerta que estaba abierta.
                        -Rebecca, hija- dijo la voz con tono de sorpresa
                        -¿Mamá?-
                        -Sí. Ven y dame un abrazo-
            Corrí hasta sus brazos mojados. Me sentía muy feliz al estar junto con mi madre después de mucho tiempo. Papá me había dicho que estaba de viaje, haciendo una gira o algo por el estilo. Había dejado su trabajo anterior para dedicarse a la actuación, que era su vida.
                        -¿Cómo te encuentras, cariño?- me preguntó con una gran sonrisa
                        -Muy bien, pero ahora mejor. No sabía cuándo volvería a verte y ahora, aquí estas-
                        -Quiero estar lo más posible contigo, por todos estos años en los que no te pude ver crecer-
                        -Muchas gracias, mamá-
                        -Una jovencita como tú debe tener una mirada materna, la cual debería ayudarte con elecciones de ropa y de ese estilo, porque tu padre eligiendo... no lo creo, siempre me pareció que tenía malos gustos de ropa. Pero tú no le digas. Es algo entre las dos-
                        -Está bien-
                        -Vamos a comprar algo, que es muy temprano todavía-
                        -De acuerdo-
            Salimos del edificio. La calle ya estaba repleta de personas, caminando de un lado al otro. Mi madre conocía un lugar en el que ella siempre iba a comprar ropa y accesorios. Con la simple mirada que le di a la vidriera, supe que era un lugar muy costoso y lleno de bellas cosas. Entramos al local. Una señora mayor nos atendió muy amablemente. Mi madre la saludó. Nos ofreció un vestido azul marino, pero ya tenía mi vestido, que era el que había encontrado cuando fui de compras con las chicas. Después de eso, recordé que era un baile de máscaras, y estaba alrededor de máscaras. Jamás me gustó usar máscaras y debía usarla igual para que mi ex no me registrara. La señora nos indicó un lugar que hacía el estilo de las máscaras que estaban en la vidriera en una hora según el gusto del comprador. Esa idea me pareció de lo más cómoda, ya que sería como yo lo quería. En el local, un joven muchacho nos atendió, estaba debajo del estante buscando algo. Al levantarse del suelo era Travis quien trabajaba allí. Me sorprendí totalmente. También me registró, pero trató de ignorarlo ya que se encontraba en el trabajo y yo estaba junto con mi madre.
                        -¿En qué las puedo ayudar?- preguntó
                        -Mi hija quiere una máscara la cual ella elegirá la forma, los colores y los arreglos. ¿Es posible?-
                        -Sí, señorita-
                        -Gracias, por lo de señorita. Ya no soy joven-
                        -Para mi gustó se ve muy joven, como de una señorita de unos veintitrés años-
                        -Que amable es, joven. Pero tengo treinta y seis años. Aunque no me haría mal sacarme unos  trece años- dijo mi madre riendo
                        - Necesito que su hija me acompañe por aquí- dijo Travis señalando a un cuarto iluminado que se hallaba al fondo de todo el local. En ese cuarto estaba un hombre que trabajaba con unos diseños hermosos. El color era igual al que quería, crema. Parecía a esas máscaras que se usaban en la antigüedad, en la época victoriana. Unas perlas estaban pegadas en el borde, colocadas alrededor de los ojos y del entorno. En verdad era hermoso.
                        -Bien, dime cómo la quieres-
                        -¿A quién le está haciendo esa máscara el señor?-
                        -A nadie. Lo va a poner en la vidriera-
                        -Quiero esa, pero antes de que le ponga una tira estirable para la cabeza, la quiero con un palillo en el que lo pueda sostener-
                        -Muy bien-
                        -Gracias, Travis, por todo-
                        -Y haría más por ti-
            Tuve el impulso de besarlo. No sabía qué debía hacer. Me calmé. Se quedó mirando, a ver qué iba a hacer. Le sonreí.
                        -Ve con tu madre, que debe estar esperándote-
                        -Adiós, Travis. Nos vemos-
                        -Eso espero. Mañana a las 14:30 era, ¿no?-
                        -Sí-
                        -Bien. Entonces... hasta luego, Begg-
            Lo saludé y me fui.
            Acto siguiente, mi madre me convenció de ir a buscar a mi padre al trabajo, mejor dicho, a saludarlo. Temía que le molestara nuestra presencia porque debía estar en una reunión. A mi madre pareció no importarle mucho. Tomamos un taxi y nos fuimos.
            No fue un largo viaje, ya que el edificio de la empresa estaba a diez cuadras de donde nos encontrábamos anteriormente, pero no teníamos ganas de caminar. Nos recibió un cartel gigantesco con el nombre de la empresa: Davis & Company. El edificio debía tener mínimo treinta pisos, cada uno tendría cientos de personales trabajando. Al entrar, un aire fresco nos bañó. Una muchacha de unos veinticuatro años nos atendió.
                        -Bienvenidas a empresas Davis & Company, ¿en qué las puedo ayudar?-
                        -Mi nombre es Clara Thompson de Davis-
                        -¿qué necesita, Sra. Davis?-
                        -El piso en el que trabaja mi esposo. Venimos de visita-
                        -En el piso veintinueve-
                        -Muchas Gracias-
                        -Que tenga un buen día-
            Llamamos al ascensor. Un hombre con barba corta nos preguntó el piso y lo marcó. Debo decir que me había hecho muy amiga de él. Su nombre era Adam Courles. Tenía sesenta y un años de edad, viudo con dos hijos, una llamada Marie y el otro llamado Bryan, de diecisiete años.
            Cuando llegamos al piso, observamos a todos los trabajadores. Unos estaban en la computadora, otros atendían llamados de personas, otros se los veía diseñando, otros tomando nota de lo que decía el compañero. No hubo una sola persona a la que no había visto trabajando. Al final de un pasillo en el que todos andaban caminando y corriendo, una oficina con la puerta abierta parecía que nos esperaba. Una voz se escuchaba hablando por teléfono. Tocamos la puerta hasta escuchar el “adelante” de mi padre.
                        -Después te llamo y arreglamos. Adiós- colgó el teléfono- ¿Cómo están las personas más importantes que quería ver?-
                        -De compras, como siempre, cariño- respondió mi madre y lo besó
                        -¿Y mi pequeña?-
                        -Bien. Me duelen los pies de caminar, pero ya se me pasará-
                        -Deberás prepararte. Falta my poco para el baile-
                        -Lo sé. Mamá me acompañó a ver la máscara y ya la tengo comprada y pedida. Estoy segura de que la pasaré increíble, más aún sabiendo que lo decoró el mejor diseñador de edificios-
                        -Muchas gracias, hija, pero no soy el mejor. Nuestra empresa se encuentra en el segundo lugar de los mejores. Antes que nosotros está Draw&Do. En verdad es una muy buena empresa. Antes trabajaba ahí, pero renuncié ya que no me daban un respiro para estar con mi esposa. Ya está, todo terminó. Soy el dueño de la segunda mejor empresa de Nueva York. Tengo una hija espectacular, dulce y única, y una esposa fiel, compañera y divina, ¿qué más podría pedir?-
                        -Nada más- contestó Clara con una sonrisa
                        -Oigan. Tengo ganas de probarme el vestido y todo, con excepción de la máscara que aún no está terminada-
                        -Está bien, corazón. ¿Sabes cómo ir a casa sola?- preguntó mi padre
                        -Sí. Ya tengo la sensación de haber vivido aquí durante toda mi vida- dije riendo
                        -Muy bien. Pues ve tranquila. Después nos vemos- comentó mi madre antes de que cerrara la puerta de la oficina.

            Cuando salí del gran edificio, me encaminé por las calles a ver y conocer. Entré a librerías, joyerías, tiendas de antigüedades, etc. En un momento, un local me llamó la atención. Se llamaba: Bad & Good. Cuando me paré frente a la puerta, una vieja anciana la abrió. Dejó que pasara a ver lo que tenía. La tienda estaba dividida en dos sectores: el lado bueno, y el malo. Del lado bueno se hallaban plumas de ángeles, cabello de unicornios, sombreritos de duendes, polvo del olvido, polvo de luces. Del otro lado, encontré dedos de troll, ojos de sapo, sangre ecuagulada y cosas espeluznantes. Al final de la habitación, alrededor de velas, se encontraba el mismísimo libro de Lucifer. Alguien más había entrado al local. No pude ver su rostro, pero si escuché lo que le pidió a la anciana: Tardeo Transformus. De una pequeña caja que estaba debajo del mostrador, sacó una botella que tenía un líquido rojo y azul. El joven pagó y se fue. Me acerqué a la anciana.
                        -Disculpe, ¿qué es el Tardeo Transformus?-
                        -No deberías escuchar lo que piden los demás. No me gusta responder aquellas preguntas cuyo significado sé. Pero te diré de todos modos. El Tardeo Transformus es una mezcla de sangre de unicornio y de perro. Esta mezcla hace que la transformación, de la palabra Transformus, de una persona sea más tardía, por eso lo de Tardeo-
                        -¿Cuál es la transformación que quiere que no se realice?-
                        -La mezcla de ambas sangres hace que un Hipogrifo no se transforme-
            Esa era la respuesta. El joven no quería transformarse en ese animal mitológico. De una cartera que llevaba alrededor de mi cuerpo, tomé mi billetera y pagué el precio de la botella. Mi plan era que Frank no se transformara en ángel en toda la noche del baile. Sonaba aterrador lo que quería, pero era por el bien de todos, principalmente para la de él. No supe si lo hacía porque lo seguía amando o porque quería ser buena amiga. Tomé la botella y salí del local.
            La calle estaba más vacía aun cuando el día era soleado, pero era muy calurosa. Corrí hacia el departamento hasta que un muchacho con capucha me detuvo.
                        -¿Qué hacías en ese local?- me dice
                        -No es de su incumbencia-
                        -Ya te has olvidado que te cuido, ¿no es así? Ahora tienes otro, quien te anime y quien está junto a ti en los momentos más horribles, cuidando que estés sana y salva de los que te quieren hacer daño-
                        -¿Frank Danibelle? ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Dónde está tu querida Emma?-
                        -Escúchame, Begg- dijo sacándose la capucha- Entre Emma y yo no ha pasado nada y jamás pasará. Yo...-
                        -me amas a mí. Sí, como no. No soy aquella niña que caía en tus trucos, Frank. He madurado en estos tiempos. Ahora estoy con mi madre y padre, feliz. No dejaré que destruyas eso-
                        -No quiero destruir nada, solo quiero solucionar este problema-
                        -No veo ningún problema-
                        -¿Por qué tienes que ser tan terca?-
                        -No lo soy-
                        -Claro que sí. También eres demasiado celosa-
                        -¿Y cuál es tu problema? Ya no tienes a alguien así, Frank-
                        -¿A qué te refieres?-
                        -Yo ya no te pertenezco. Soy una persona libre, al igual que tu-
                        -Estás loca-
                        -Entiende de una vez. Esto ya no es un cuento de hadas. Estoy saliendo con otra persona-
                        -¿Con quién? ¿Con Travis?-
                        -Sí-
                        -¿Con ese chico? Se nota que no lo conoces-
                        -Lo conozco lo suficiente-
                        -Es un chico raro, con familia rara. Todo lo que tenga que ver con él es raro-
                        -Deja de intentar que lo deje, porque no lo lograras-
                        -No es humano-
                        -No tienes pruebas-
                        -No vine aquí para escuchar estas locuras. Estuve con una adivina. Es una chica del colegio...-
                        -Que bien, me dejas por Emma y a ella la engañas con una adivina. Así está el mundo-
                        -Basta de ser tan egoísta y escucha lo que tengo que decirte, ¿quieres?-
                        -Lo que quiero es no tener nada que ver contigo y de eso estoy segura-
            Me tomó del brazo y me llevó a las alturas. Traté de soltarme, pero no pude. Me sujetaba con mucha fuerza.
            Una terraza llena de flores fue nuestro paradero.
                        -La adivina me ha dicho que morirás el día del baile-
                        -Sí, claro ¿Ahora sales con los cuatro fantásticos?-dije riendo
                        -Si quieres no me creas, pero después no hagas que te diga “te lo dije”-
                        -No lo podrás decir, porque “estaré muerta” según tu adivina llamada...-
                        -Elizabeth-
                        -Según tú adivina llamada Elizabeth-
            Me llevó hasta la terraza de mi edificio. Esperó a que lo saludara, pero no lo hice. Me di la vuelta hacia la puerta de salida de la terraza y caminé hacia allí.
                        -Adiós, ¿no?- dijo lastimosamente
                        -Adiós, Frank. Por favor, no quiero que vuelvas a mi edificio ni a acercarte a mí-
                        -Entonces será como si jamás nos hubiésemos conocido-
                        -Bien- dije cerrando la puerta.
            Bajando las escaleras, escuché un disparo. Me detuve y corrí hacia la terraza, nuevamente. Frank estaba tirado en el borde del edificio, un hombre le había disparado. Corrí a sostenerlo para que no cayera. Estaba muy pesado, pero finalmente logré levantarlo. Con mucho esfuerzo, traté de llevarlo a la habitación. Lo coloqué sobre mi cama. Busqué el botiquín de emergencias para tratar de curarlo. Con una venda tapé la herida. Dejó de sangrar, pero aún seguía abierta. Tomé mis cosas y fui al mismo local de la anciana.
                        -Necesito algo para curar a un ángel herido-
                        -¿Tienes idea en dónde está herido?-
                        -Cerca del hígado-
                        -Dale uno de éstos. Son píldoras curativas. Que se tome dos. En unas cuantas horas la herida ya habrá sanado. Necesita reposo y cariño, niña. Jamás lo dejes en estos momentos-
                        -Gracias. ¿Cuánto es el precio?-
                        -Se lo dejo gratis, joven. El precio es que lo cuide-
                        -Muchas gracias- Dije ya apresurándome al edificio
            Cuando llegué, seguía en el mismo lugar de donde lo dejé, en la misma posición. Saqué las píldoras y se las di. Tuve que hacer que las tragara ya que parecía inconsciente, pero respiraba normal. Allí me quedé, esperando a que la herida sanara y despertara.

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