El viaje fue más
rápido a la vuelta que a la ida, pues mi padre había puesto más gasoil y pudo
acelerar. Se lo veía mal saber que debía regresar al colegio, que querría estar
más tiempo conmigo y al final nos habíamos quedado con una conversación
pendiente.
Faltaba muy poco
para llegar al instituto, pues estábamos pasando por la ciudad. Ya sentía la
suavidad de las camas, la bella iluminación de las velas en los pasillos, hasta
me puse a imaginar el baile de máscaras.
En cuanto llegamos
al instituto, ya todos estaban en la puerta esperándonos, con excepción de
Caroline y sus seguidoras.
James, al ver a
Cady, la abraza. Nicholas, al ver eso, se metió al instituto. Corrí tras él.
Cuando lo vi, estaba caminando por el pasillo con las manos en los bolsillos
como un muchacho que había perdido su juguete favorito. Lo paré.
-Nicholas,
no te pongas así-
-¿Y
cómo quieres que me ponga? Mi ex bazuqueándose con James, quien todavía no me
agrada-
-No
pongas esa cara, ya sabes que no me gusta verte con la cara larga. Quiero verte
sonreír- dije colocando mis dedos en las puntas de sus labios para que se riera
y lo logré con éxito.
-¿Cómo
haces para hacerme reír?-
-No lo
sé. Solo que eres mi mejor amigo y mi hermano y te conozco como si fuera de
toda la vida- le dije mirándole fijamente los ojos
-Gracias-
dijo sonriéndome
-No hay
porque-
Lo abrasé y puso
sus manos en mi cintura. Su felicidad también era la mía y quería verlo
contento la noche siguiente, que sería el baile de máscaras. Su compañera era
Cady, pero ahora que no estaban juntos no tenía a nadie, así que le dije que
fuera el mío. Accedió.
Salí de vuelta a la
puerta principal para tomar mi maleta y llevarla hasta la habitación. Todos se
corrieron y allá, al fondo, estaba Frank con un ramo de flores. Acercándome,
divisé que eran jazmines, mis flores preferidas. Corrí hasta llegar a él lo abrasé. Todos aplaudieron como si fuera un
reencuentro de dos enamorados que estaban destinados a estar separados pero,
con la ayuda de sus amigos, consiguen juntarse y ser felices por siempre.
Había sido hermoso
ese momento para todos, principalmente para mí y para Frank. Tomé las flores.
Todos comenzaron a gritar: BESO, BESO, BESO, y como que me avergonzaba besarlo
frente a todos. Frank me miró y se fue acercando, cerrando de a poco sus dulces
ojos. Nos besamos. Volvieron a aplaudir.
Al meterse todos en
el instituto, tomé mi bolso y saludé a mi padre con un abrazo y un beso el la
mejilla. Tanta tristeza me daba que me puse a llorar. No quería separarme de mi
padre, pues quería estar con él ahora que nos habíamos reencontrado después de
tanto tiempo. Debí dejarlo.
-Volverás
a visitarme, ¿no es así?- le pregunté secándome las lágrimas con la manga de la
remera
-Por
supuesto que si, cariño-
-Cuídate-
le dije bajando el volumen de voz
-Igual
tú- nuestra despedida hizo que se pusiera a llorar
Lo saludé otra vez
y me metí al colegio. Subí a la habitación y dejé mis cosas en el mismo lugar
que estaban antes de la partida. Todo estaba igual. Las camas hechas con las almohadas
suaves y acolchonadas. El colchón estaba más cómodo con esas sábanas que se
deslizaban por la piel de quien dormía y con dos cubitos de chocolate. Las
mesas parecían nuevas por el brillo que les dieron durante nuestra ausencia.
Jamás había visto las cosas tan bellas como ese día.
Terminé de ordenar
la ropa, guardé la maleta y salí a recorrer el colegio después de tanto tiempo.
Cuando me asomé a ver el jardín central, una joven estaba sentada en la fuente.
Bajé para saludarla y presentarme. Mientras bajaba, me di cuenta de que se
habían formado unas cuantas parejas. En cuanto llegué al jardín, la muchacha me
pareció muy bonita. Su pelo era rubio, ojos verdes, tez clara y semejaba ser
suave. Sus labios eran colorados y perfectos al igual que su mentón. Su sonrisa
era más bella que su rostro. Los dientes estaban en perfectas condiciones. Por
un momento sentí envidia de tanta perfección, pero antes de hablar, debía
conocerla.
-Hola.
Debes ser nueva- le dije amistosamente
-Oh,
sí. Es un placer. Mi nombre es Emma Clauson-
-Igual.
Me llamo Rebecca Davis, pero prefiero que me digan Begg. ¿Hace cuánto tiempo
llevas en el instituto?-
-Hace
tres días. Todos han sido muy amables conmigo y me siento agradecida por su
recibimiento-
-Siempre
que necesites algo, alguien te ayudará, hasta puedes recurrir a mí-
-Muchas
gracias-
-¿Ya
has conocido a alguien que te interese? Solo por chusma pregunto- le dije
-Sí,
pero creo que está comprometido- miró hacia abajo colorada
-Mmhhh.
Igual está lleno de chicos en el colegio...-
-Es que
solo él me interesa y soy capaz de separarlo de su novia por que esté conmigo-
-Entonces,
muéstrame de quién se trata-
Me tomó de la mano
muy tiernamente. Caminamos un largo rato hasta encontrar al muchacho que le
gustaba. Debía conocer al joven y, si podía, ayudarla a estar con él. Su mirada
iba de un lado al otro, buscando. Se detuvo.
-Es
ese- dijo señalando a un muchacho que estaba dado vuelta
-No
puede ser- dije espaciando cada una de las palabras
¡Emma estaba
enamorada de la misma persona que yo! Si le decía que el chico que le gustaba
era mi novio, intentaría separarnos. Su belleza era el triple, no, el cuádruple
que el mío. Debía hacer algo, como presentarle los chicos más lindos de todo el
instituto, pero que no fuera Frank.
-¡¿Frank?!-
grité
Se dio vuelta para
ver quién lo había llamado, así que rápidamente tomé del brazo a Emma y la escondí
detrás de una columna de cemento.
-Sí.
¿No es hermoso?- dijo suspirando
-Hay
chicos más lindos- dije, sabiendo que era la cosa más ridícula que había dicho
-No
para mí-
-¿Qué
no te das cuenta? Él ya está de novio y es muy feliz así. La relación que tiene
con su novia es hermosa y es la pareja más bella que halla en el planeta
entero- dije sin pensar
-Ya te
dije, Begg, que soy capaz de separarlo de su novia-
-Escúchame
bien. No lo separarás de su novia. Búscate otro- dije ya enojada
-Luego
veré- dijo- ¿Cómo dijiste que se llamaba?-
-Frank-
-¿Frank
qué?-
-Danibelle-
-Emma
Clauson de Danibelle, ¿no queda perfecto?-
-Queda
mejor con el mío- dije en un susurro
-Disculpa,
¿qué dijiste? Es que no te oí-
-Que
queda perfecto-
Emma salió del
escondrijo y caminó para el lado de Frank
-Hola,
Frank- dijo con una voz provocadora
Así miró. Sus
amigos la miraron y se quedaron mirándola hasta que desapareció y comentaron
que era muy hermosa la chica, pero que no sabían cómo se llamaba. También
dijeron que fuera a hablar con ella y después que vea si había alguna conexión.
De lo más adorable, Frank les contestó que yo era la única persona que tendría
su corazón y que lo cautivaba. Eso me hacía estar más cómoda, pero tenía miedo
de que nos separara. Me fui al jardín trasero para pensar y saber qué tenía que
hacer en esos momentos.
La puerta del
jardín estaba abierta y, apoyado en el árbol, estaba Frank.
-¿Cómo
es posible que seas tan rápido? ¿Y cómo sabes cuando tengo que decirte algo?-
-El collar, Begg. Al igual que tú me
puedes ver a través de él, yo también sé que te pasa algo- me dijo serio
-Es
Emma, la chica nueva-
-¿Cuál
es el problema?-
-Está
interesada en ti y eso me preocupa en verdad. Dice que si tienes una novia,
hará que se separen-
-Y
sabes perfectamente que no me separaría de ti por nada en el mundo, con
excepción de que corras algún peligro por mí-
-Lo sé.
Lo único que quiero es que tengas cuidado con ella. Jamás le digas cosas de mí,
es que debo saber más sobre ella-
-Está
bien- dijo con una sonrisa
Caminé a su lado
hasta mi habitación. Ahí estaba Cady sentada en la cama. Lo saludé a Frank y
fui a ver qué era lo que le pasaba.
Según por lo que me
había enterado, tuvo una discusión con James, que no me sorprendía del todo. No
quería decirme nada, ya que sabía muy bien que si llegaba a enterarme la razón,
sería capaz de ir a enfrentarme con él y decirle unas cuantas cosas.
Me encontraba
cansada, así que me recosté en la cama y me quedé dormida. Por suerte no había
soñado nada.
Al día siguiente,
la directora fue habitación por habitación para decirnos que habría vacaciones
por tres semanas, así que podíamos ir a caminar por el colegio o fuera de él
sin alejarnos demasiado. Decidí con las chicas seguir durmiendo para tener más
fuerzas para la segunda semana de vacaciones, que sería el baile más esperado
por todos.
Me imaginé en el
baile junto a Frank, bailando esos lentos que me hacían flotar en el entorno.
Las chicas eran hadas y los muchachos eran ángeles. Era muy hermoso todo. En la
cima de las escaleras, estaba el chico más lindo de la vida, vestido con un
traje negro. Una luz me iluminaba. Mis alas aleteaban lentamente subiendo las
escaleras y dejando caer un polvo brillante al moverme. Todos aplaudían mientras
me acercaba a Frank.
Abrí los ojos y me
encontré con una luz que volaba en mi cara. La seguí hasta el jardín central,
donde se detuvo. Estiré el brazo para tocarla y de repente, estalló frente a
mí, haciendo que me cayera. Frank me vio y corrió para ayudarme. Me miro.
Lentamente se fue alejando y tartamudeando.
-¿Te
sientes diferente?-
-¿Me
veo diferente?- dije mirando a mi alrededor.
En un momento
comencé a elevarme. No sabía la que estaba ocurriendo. Frank se puso a reír. Me
daba miedo lo que pasaba. Al dar un salto, estaba abrazada al cuello de mi
querido ángel, quien tomó mi cintura tiernamente.
-No
creí que te ibas a asustar tanto- dijo riendo
-No sé
por qué creí que esto era obra tuya-
-Era
obvio. Soy el único que haría estas clases de bromas-
Lo miré fijamente a
los ojos. Por un instante quise acogotarlo, pero miré el lado gracioso. Una
miedosa a las alturas como yo no resistiría estar lejos del piso. Frank me
había hecho una broma muy mala.
-Dime
que se terminará el efecto-
-Te lo juro.
Sino tendrás que acostumbrarte-
-Te
mereces un castigo-
-¿Vendetta?-
Lo empujé tan
fuerte que hice que cayera a la fuente. Quedó totalmente mojado y chorreando
agua. La camisa blanca que llevaba puesta se le pegó al cuerpo, haciendo que
sus músculos se notaran aún más. Comencé a reír. Con sus manos tomó una cierta
cantidad de agua y me la tiró. Así seguimos tirándonos agua hasta que se
terminó el efecto de volar. El temor a las alturas se había terminado gracias a
la broma de Frank. Me sentí mejor con las cosas a las que le temía, porque
sabía de algún modo que siempre él estaría para ayudarme a vencer todos mis
miedos. Me tomó de una mano y voló. Ese tiempo eran los mejores que había
pasado.
Así pasamos una
hora juntos en el aire e iluminados por la luna llena descendimos para poder ir
a dormir. No quería parar, pero debía estar descansada para la mañana
siguiente. Lo saludé de lo más alegre y me fui corriendo hacia mi habitación.
Se quedó ahí, mirando cómo me iba. Lo vi feliz.
La mañana había llegado
y debíamos todos levantarnos temprano para comenzar los preparativos del baile,
que sería hecho en un salón de la ciudad para que se viera más importante. La
directora comentó que mi padre iba a pagar todo.
Nos vestimos lo más
rápido que pudimos y subimos al micro que nos estaba esperando para ir.
La entrada era
perfecta, las escaleras le daban una especie de nobleza a todo, las sillas eran
afelpadas, las mesas tenían manteles suaves y perfumados, el piso parecía ser
recién comprado y jamás usado. Frente a todas las mesas había un escenario que
parecía más a una especie de tronos de los reyes imperiales. Las mesas estarían
divididas en dos sectores por una gran alfombra roja con bordados en los
costados de color dorado. Todo era perfecto, pero aún le faltaba cosas para
decorar.
De la baulera del
micro sacaron botes de pintura, cortinas, guirnaldas, flores, etc. La directora
se veía muy entusiasmada por el baile, ya que habría muchos jóvenes quienes nos
ayudarían a conseguir dinero para invertir en otros institutos que necesitaran
objetos escolares, bancos y muchas cosas más. Me gustaba mucho ayudar a los
demás al igual que a los otros les gusta ayudarnos. Administrando todo el
equipo estaba mi padre. Me sentí más feliz viéndolo ayudar a preparar todo sin
ninguna objeción y queriendo que todo saliera estupendo para dejarnos bien
delante de muchas personas.
-Que
bueno que nos estés ayudando, papá-
-Me
gusta mucho ayudar con preparativos de fiestas-
-¿Has
visto a Frank? Es que debo hablar con él-
-Creo
que tu novio esta atrás preparando el menú-
-Gracias.
Ahora vuelvo-
Caminé hacia la
cocina para ver si necesitaba alguna ayuda, pero pude notar que no. Emma estaba
allí ayudándolo a batir la crema y el azúcar para ponérselas a las frutillas,
que serían probadas por mi padre para ver si quedaría bien para el postre
final. Lo que más me había molestado fue que la estaba coqueteando mostrándole
cómo cocinaba y limpiaba los platos, cubiertos y copas. Conmigo jamás cocinó ni
me enseñó a batir, aunque eso fuera muy fácil que hasta un bebé podría hacerlo.
En un momento no solo estaban cocinando, sino que Emma se le tiró encima y
comenzó a besarlo. Puso sus manos en su nuca, levantándole a Frank el pelo.
Frank se dio la vuelta y me miró. Me volteé y le cerré la puerta en la nariz.
Me detuvo.
-No quiero estar
con una persona que coquetea con otras a mis espaldas-
-Yo no
coqueteé con nadie. Tan solo le mostraba a Emma cómo batir-
-¿En
serio te creíste que no sabía batir? ¡Hasta cuando tenía diez años sabía batir!
Encontré un recorte de CAMPEONA DE COCINA en uno de sus bolsillos-
-¿Y
cómo querías que supiera si no sé absolutamente nada sobre ella? Solamente ha
estado en el colegio por cuatro días-
-Cuatro
días es demasiado para conocer a una persona. A mí me conociste en dos días-
-Tú y
ella son diferentes para mí. Tú me interesas, ella no-
-¿Enserio?
¿Por quién me tomas? ¿Por una tonta?-
-No
digas esas estupideces, Rebecca-
-Para
ti son estupideces, no para mí. Ya que tanto te gusta enseñarle a cocinar a las
chicas, ¿por qué no te vas y haces un concurso de cocina con Emma?-
-Tal
vez eso es lo que valla a hacer-
-Bien.
Suerte y que tengan una vida muy feliz juntos, Frank Danibelle-
Caminé rápido hasta donde
estaba mi padre.
-Saldré
a caminar por un momento-
-Está
bien, pero no te pierdas-
Salí por la puerta
principal y caminé por la dirección en la que habíamos venido al salón. Caminé
por una plaza que estaba desierta pero era muy hermosa. Oí los pasos de Frank
corriendo hacia mí. Corrí lo más que pude y lo perdí. Lo había mirado a Frank
y, por primera vez, sin llorar.
Recordé que me
había olvidado de decir algo. Tomé el collar y cerré los ojos y pensé:
TERMINAMOS. ESTO NO DA PARA MÁS. Sí, había terminado mi relación con Frank.
Emma lo había logrado y había ganado tanto la batalla como la guerra. No quería
saber más nada con él ni con ella. Me dirigí de regreso al salón. Busqué a mi
padre y le dije que quería irme a vivir con él y con mamá. En cuanto le dije
eso, me abrazó con toda su fuerza y sonrió de oreja a oreja.
Cuando finalizó el
día, me subí al auto de mi padre y me llevó al colegio para retirar mis
pertenencias. Al guardar todo, miré la habitación por última vez y cerré la
puerta. Todavía nadie había llegado al instituto y así era mejor. No me
gustaban las despedidas. Coloqué la maleta en el baúl del auto y arrancamos.
Miré hacia atrás, despidiéndome del colegio, ya que no quería volver a estar
por esos pasillos que me traían buenos recuerdos que pasaron a ser malos.
Llegamos al
edificio en la que vivía mi familia. Era enorme. Era un hotel, pero teníamos
nuestro departamento ya que mi padre era el dueño de éste. El comedor tenía una
vista espectacular que hasta se podía ver las estrellas desde allí. Las
habitaciones eran totalmente gigantes que hasta cuatro elefantes podrían dormir
sin estar apretados ni incómodos. La habitación ya estaba preparada para mi llegada.
La cocina era de 10 X 7. Todo el piso, con excepción la del comedor, estaban
tapizados con una alfombra bordó que combinaban con las paredes crema. El
departamento era muy hermoso. Durante mi primera noche, las pasé mirando las
luces de los coches yendo por la primera avenida. Estábamos en el piso 24, y no
me atemorizaba de la altura, pues ya lo había superado. Todavía no me sentía
cómoda, sentía que me faltaba algo, además de mis amigas. Extrañaba los besos
de Frank, sus caricias, sus abrazos, pero me había engañado con Emma. Aunque me
dijera que no era cierto, yo lo veía así y nada cambiaría mi opinión. Debía
enfocarme más en el baile para dejarlo bien a mi padre como un gran organizador
de fiestas de colegios.
Mi padre apareció
después de dejar todas mis cosas en la habitación.
-¿Cómo
crees que será en baile?- le pregunté
-No lo
sé, pero sí estoy seguro de que estarás preciosa-
Escuché una voz
dentro de mi cabeza que decía: “no importa qué te pongas, pues siempre te ves
preciosa y siempre te verás así, Begg”. Sí, era la voz de Frank. Me había
olvidado del collar, él escuchaba todo lo que se decía. Tomé el colgante y me
lo quité así podía hablar tranquila. En ese momento me di cuenta que la única
manera para que Frank escuchara todo lo que decía era simplemente mientras
tuviera el collar puesto. No escuché más su voz por dos días.
Faltaba cada vez
menos para el baile y se debía ir en pareja. Le pedía a mi padre el número del
instituto para llamar a Nicholas y confirmar que iría conmigo. La directora
Sawner contestó:
-Hola y
buenos día, ¿en qué puedo ayudarle?-
-Buenos
días, Directora Sawner, soy Rebecca Davis-
-Oh,
hola, Rebecca, ¿cómo estas en tu hogar?-
-Bien,
gracias por preguntar-
-¿De
casualidad quieres hablar con Frank?-
-No-
dije a secas- Quiero hablar con Nicholas, por favor-
-Espérame
un momento que lo mando a llamar-
Esperé dos minutos
y contestó el teléfono:
-¿Hola?-
-Hola,
Nicholas, habla Begg-
-¡Begg!
¿Cómo estás? Se te extraña aquí-
-Estoy
bien, gracias. No creo que TODOS me extrañen allá. Cambiando de tema, te
llamaba para ver si estaba confirmado de que iras al baile conmigo-
-Sí. Te recuerdo que estaba con
Cady, pero supongo que ahora estará con James. Así que me habría quedado sin
pareja si no me hubieras dicho-
-Eso
creí-
-¿No
estabas con Frank?-
-Te
pido por favor que ni me lo nombres, y no, ya no estoy con él-
-Entonces
con mayor razón iría contigo, Begg-
-Que
bien. Entonces nos vemos ese día. Te pasaremos a buscar en el auto de mi padre.
Besos a todos, bueno, tú sabes a quien sí y a quien no-
-Sí.
Cuídate-
No lo había
escuchado a Nicholas muy feliz cuando oyó mi voz ya que estaba acostumbrado a
que yo estuviese ahí para hablarle. Lo extrañaba y mucho al igual que a las
chicas. Si me dijeran a quién extrañaba más de todos mis amigos, no sabría qué
decir ya que eran mis mejores amigos y los quería más de lo que cualquiera se
podría imaginar. No quería recordar momentos que hicieran que me sintiera mal,
pero debía prepararme. Tan solo faltaban unas semanas o días para la fiesta. Ya
tenía el vestido, los zapatos, pero debía tener un pendiente en mi cuello, y
solo se me ocurría el collar que me había regalado Frank. No quería, pero era
el más fino. En un momento me puse a pensar que si me ponía el pendiente, me
reconocería fácilmente. No, no podía ponérmelo.
Tras pasar quince
minutos, mi padre apareció en la puerta. Estaba vestido informal, con unos
jeans azules y una camisa amarilla.
-¿Necesitas
que salgamos?-
-No es
obligatorio. Solo es un collar-
-Aquí
tengo una cosa para ti- de uno de los bolsillos del pantalón sacó una cajita-
Era de tu madre. Ya no lo usa-
Tomé la caja y la
abrí. Dentro de ella había un bello pendiente de perlas blancas. Le devolví la
cajita y me colocó cuidadosamente el collar. Me alcanzó un espejo. Al verme
reflejada en él, me sentí diferente.
-Ya
eres toda una mujer- comentó mi padre sonriendo- Espero que te halla gustado mi
obsequio-
-Es
precioso, papá. Muchas gracias-
Se fue alejando
lentamente hacia la puerta, la que cerró dejándome sola.
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