miércoles, 30 de noviembre de 2011

Capítulo 12


            El viaje fue más rápido a la vuelta que a la ida, pues mi padre había puesto más gasoil y pudo acelerar. Se lo veía mal saber que debía regresar al colegio, que querría estar más tiempo conmigo y al final nos habíamos quedado con una conversación pendiente.
            Faltaba muy poco para llegar al instituto, pues estábamos pasando por la ciudad. Ya sentía la suavidad de las camas, la bella iluminación de las velas en los pasillos, hasta me puse a imaginar el baile de máscaras.
            En cuanto llegamos al instituto, ya todos estaban en la puerta esperándonos, con excepción de Caroline y sus seguidoras.
            James, al ver a Cady, la abraza. Nicholas, al ver eso, se metió al instituto. Corrí tras él. Cuando lo vi, estaba caminando por el pasillo con las manos en los bolsillos como un muchacho que había perdido su juguete favorito. Lo paré.
                        -Nicholas, no te pongas así-
                        -¿Y cómo quieres que me ponga? Mi ex bazuqueándose con James, quien todavía no me agrada-
                        -No pongas esa cara, ya sabes que no me gusta verte con la cara larga. Quiero verte sonreír- dije colocando mis dedos en las puntas de sus labios para que se riera y lo logré con éxito.
                        -¿Cómo haces para hacerme reír?-
                        -No lo sé. Solo que eres mi mejor amigo y mi hermano y te conozco como si fuera de toda la vida- le dije mirándole fijamente los ojos
                        -Gracias- dijo sonriéndome
                        -No hay porque-
            Lo abrasé y puso sus manos en mi cintura. Su felicidad también era la mía y quería verlo contento la noche siguiente, que sería el baile de máscaras. Su compañera era Cady, pero ahora que no estaban juntos no tenía a nadie, así que le dije que fuera el mío. Accedió.
            Salí de vuelta a la puerta principal para tomar mi maleta y llevarla hasta la habitación. Todos se corrieron y allá, al fondo, estaba Frank con un ramo de flores. Acercándome, divisé que eran jazmines, mis flores preferidas. Corrí hasta llegar a él  lo abrasé. Todos aplaudieron como si fuera un reencuentro de dos enamorados que estaban destinados a estar separados pero, con la ayuda de sus amigos, consiguen juntarse y ser felices por siempre.
            Había sido hermoso ese momento para todos, principalmente para mí y para Frank. Tomé las flores. Todos comenzaron a gritar: BESO, BESO, BESO, y como que me avergonzaba besarlo frente a todos. Frank me miró y se fue acercando, cerrando de a poco sus dulces ojos. Nos besamos. Volvieron a aplaudir.
            Al meterse todos en el instituto, tomé mi bolso y saludé a mi padre con un abrazo y un beso el la mejilla. Tanta tristeza me daba que me puse a llorar. No quería separarme de mi padre, pues quería estar con él ahora que nos habíamos reencontrado después de tanto tiempo. Debí dejarlo.
                        -Volverás a visitarme, ¿no es así?- le pregunté secándome las lágrimas con la manga de la remera
                        -Por supuesto que si, cariño-
                        -Cuídate- le dije bajando el volumen de voz
                        -Igual tú- nuestra despedida hizo que se pusiera a llorar
            Lo saludé otra vez y me metí al colegio. Subí a la habitación y dejé mis cosas en el mismo lugar que estaban antes de la partida. Todo estaba igual. Las camas hechas con las almohadas suaves y acolchonadas. El colchón estaba más cómodo con esas sábanas que se deslizaban por la piel de quien dormía y con dos cubitos de chocolate. Las mesas parecían nuevas por el brillo que les dieron durante nuestra ausencia. Jamás había visto las cosas tan bellas como ese día.
            Terminé de ordenar la ropa, guardé la maleta y salí a recorrer el colegio después de tanto tiempo. Cuando me asomé a ver el jardín central, una joven estaba sentada en la fuente. Bajé para saludarla y presentarme. Mientras bajaba, me di cuenta de que se habían formado unas cuantas parejas. En cuanto llegué al jardín, la muchacha me pareció muy bonita. Su pelo era rubio, ojos verdes, tez clara y semejaba ser suave. Sus labios eran colorados y perfectos al igual que su mentón. Su sonrisa era más bella que su rostro. Los dientes estaban en perfectas condiciones. Por un momento sentí envidia de tanta perfección, pero antes de hablar, debía conocerla.
                        -Hola. Debes ser nueva- le dije amistosamente
                        -Oh, sí. Es un placer. Mi nombre es Emma Clauson-
                        -Igual. Me llamo Rebecca Davis, pero prefiero que me digan Begg. ¿Hace cuánto tiempo llevas en el instituto?-
                        -Hace tres días. Todos han sido muy amables conmigo y me siento agradecida por su recibimiento-
                        -Siempre que necesites algo, alguien te ayudará, hasta puedes recurrir a mí-
                        -Muchas gracias-
                        -¿Ya has conocido a alguien que te interese? Solo por chusma pregunto- le dije
                        -Sí, pero creo que está comprometido- miró hacia abajo colorada
                        -Mmhhh. Igual está lleno de chicos en el colegio...-
                        -Es que solo él me interesa y soy capaz de separarlo de su novia por que esté conmigo-
                        -Entonces, muéstrame de quién se trata-
            Me tomó de la mano muy tiernamente. Caminamos un largo rato hasta encontrar al muchacho que le gustaba. Debía conocer al joven y, si podía, ayudarla a estar con él. Su mirada iba de un lado al otro, buscando. Se detuvo.
                        -Es ese- dijo señalando a un muchacho que estaba dado vuelta
                        -No puede ser- dije espaciando cada una de las palabras
            ¡Emma estaba enamorada de la misma persona que yo! Si le decía que el chico que le gustaba era mi novio, intentaría separarnos. Su belleza era el triple, no, el cuádruple que el mío. Debía hacer algo, como presentarle los chicos más lindos de todo el instituto, pero que no fuera Frank.
                        -¡¿Frank?!- grité
            Se dio vuelta para ver quién lo había llamado, así que rápidamente tomé del brazo a Emma y la escondí detrás de una columna de cemento.
                        -Sí. ¿No es hermoso?- dijo suspirando
                        -Hay chicos más lindos- dije, sabiendo que era la cosa más ridícula que había dicho
                        -No para mí-
                        -¿Qué no te das cuenta? Él ya está de novio y es muy feliz así. La relación que tiene con su novia es hermosa y es la pareja más bella que halla en el planeta entero- dije sin pensar
                        -Ya te dije, Begg, que soy capaz de separarlo de su novia-
                        -Escúchame bien. No lo separarás de su novia. Búscate otro- dije ya enojada
                        -Luego veré- dijo- ¿Cómo dijiste que se llamaba?-
                        -Frank-
                        -¿Frank qué?-
                        -Danibelle-
                        -Emma Clauson de Danibelle, ¿no queda perfecto?-
                        -Queda mejor con el mío- dije en un susurro
                        -Disculpa, ¿qué dijiste? Es que no te oí-
                        -Que queda perfecto-
            Emma salió del escondrijo y caminó para el lado de Frank
                        -Hola, Frank- dijo con una voz provocadora
            Así miró. Sus amigos la miraron y se quedaron mirándola hasta que desapareció y comentaron que era muy hermosa la chica, pero que no sabían cómo se llamaba. También dijeron que fuera a hablar con ella y después que vea si había alguna conexión. De lo más adorable, Frank les contestó que yo era la única persona que tendría su corazón y que lo cautivaba. Eso me hacía estar más cómoda, pero tenía miedo de que nos separara. Me fui al jardín trasero para pensar y saber qué tenía que hacer en esos momentos.
            La puerta del jardín estaba abierta y, apoyado en el árbol, estaba Frank.
                        -¿Cómo es posible que seas tan rápido? ¿Y cómo sabes cuando tengo que decirte algo?-
                        -El collar, Begg. Al igual que tú me puedes ver a través de él, yo también sé que te pasa algo- me dijo serio
                        -Es Emma, la chica nueva-
                        -¿Cuál es el problema?-
                        -Está interesada en ti y eso me preocupa en verdad. Dice que si tienes una novia, hará que se separen-
                        -Y sabes perfectamente que no me separaría de ti por nada en el mundo, con excepción de que corras algún peligro por mí-
                        -Lo sé. Lo único que quiero es que tengas cuidado con ella. Jamás le digas cosas de mí, es que debo saber más sobre ella-
                        -Está bien- dijo con una sonrisa
            Caminé a su lado hasta mi habitación. Ahí estaba Cady sentada en la cama. Lo saludé a Frank y fui a ver qué era lo que le pasaba.
            Según por lo que me había enterado, tuvo una discusión con James, que no me sorprendía del todo. No quería decirme nada, ya que sabía muy bien que si llegaba a enterarme la razón, sería capaz de ir a enfrentarme con él y decirle unas cuantas cosas.
            Me encontraba cansada, así que me recosté en la cama y me quedé dormida. Por suerte no había soñado nada.

            Al día siguiente, la directora fue habitación por habitación para decirnos que habría vacaciones por tres semanas, así que podíamos ir a caminar por el colegio o fuera de él sin alejarnos demasiado. Decidí con las chicas seguir durmiendo para tener más fuerzas para la segunda semana de vacaciones, que sería el baile más esperado por todos.
            Me imaginé en el baile junto a Frank, bailando esos lentos que me hacían flotar en el entorno. Las chicas eran hadas y los muchachos eran ángeles. Era muy hermoso todo. En la cima de las escaleras, estaba el chico más lindo de la vida, vestido con un traje negro. Una luz me iluminaba. Mis alas aleteaban lentamente subiendo las escaleras y dejando caer un polvo brillante al moverme. Todos aplaudían mientras me acercaba a Frank.
            Abrí los ojos y me encontré con una luz que volaba en mi cara. La seguí hasta el jardín central, donde se detuvo. Estiré el brazo para tocarla y de repente, estalló frente a mí, haciendo que me cayera. Frank me vio y corrió para ayudarme. Me miro. Lentamente se fue alejando y tartamudeando.
                        -¿Te sientes diferente?-
                        -¿Me veo diferente?- dije mirando a mi alrededor.
            En un momento comencé a elevarme. No sabía la que estaba ocurriendo. Frank se puso a reír. Me daba miedo lo que pasaba. Al dar un salto, estaba abrazada al cuello de mi querido ángel, quien tomó mi cintura tiernamente.
                        -No creí que te ibas a asustar tanto- dijo riendo
                        -No sé por qué creí que esto era obra tuya-
                        -Era obvio. Soy el único que haría estas clases de bromas-
            Lo miré fijamente a los ojos. Por un instante quise acogotarlo, pero miré el lado gracioso. Una miedosa a las alturas como yo no resistiría estar lejos del piso. Frank me había hecho una broma muy mala.
                        -Dime que se terminará el efecto-
                        -Te lo juro. Sino tendrás que acostumbrarte-
                        -Te mereces un castigo-
                        -¿Vendetta?-
            Lo empujé tan fuerte que hice que cayera a la fuente. Quedó totalmente mojado y chorreando agua. La camisa blanca que llevaba puesta se le pegó al cuerpo, haciendo que sus músculos se notaran aún más. Comencé a reír. Con sus manos tomó una cierta cantidad de agua y me la tiró. Así seguimos tirándonos agua hasta que se terminó el efecto de volar. El temor a las alturas se había terminado gracias a la broma de Frank. Me sentí mejor con las cosas a las que le temía, porque sabía de algún modo que siempre él estaría para ayudarme a vencer todos mis miedos. Me tomó de una mano y voló. Ese tiempo eran los mejores que había pasado.
            Así pasamos una hora juntos en el aire e iluminados por la luna llena descendimos para poder ir a dormir. No quería parar, pero debía estar descansada para la mañana siguiente. Lo saludé de lo más alegre y me fui corriendo hacia mi habitación. Se quedó ahí, mirando cómo me iba. Lo vi feliz.

            La mañana había llegado y debíamos todos levantarnos temprano para comenzar los preparativos del baile, que sería hecho en un salón de la ciudad para que se viera más importante. La directora comentó que mi padre iba a pagar todo.
            Nos vestimos lo más rápido que pudimos y subimos al micro que nos estaba esperando para ir.
            La entrada era perfecta, las escaleras le daban una especie de nobleza a todo, las sillas eran afelpadas, las mesas tenían manteles suaves y perfumados, el piso parecía ser recién comprado y jamás usado. Frente a todas las mesas había un escenario que parecía más a una especie de tronos de los reyes imperiales. Las mesas estarían divididas en dos sectores por una gran alfombra roja con bordados en los costados de color dorado. Todo era perfecto, pero aún le faltaba cosas para decorar.
            De la baulera del micro sacaron botes de pintura, cortinas, guirnaldas, flores, etc. La directora se veía muy entusiasmada por el baile, ya que habría muchos jóvenes quienes nos ayudarían a conseguir dinero para invertir en otros institutos que necesitaran objetos escolares, bancos y muchas cosas más. Me gustaba mucho ayudar a los demás al igual que a los otros les gusta ayudarnos. Administrando todo el equipo estaba mi padre. Me sentí más feliz viéndolo ayudar a preparar todo sin ninguna objeción y queriendo que todo saliera estupendo para dejarnos bien delante de muchas personas.
                        -Que bueno que nos estés ayudando, papá-
                        -Me gusta mucho ayudar con preparativos de fiestas-
                        -¿Has visto a Frank? Es que debo hablar con él-
                        -Creo que tu novio esta atrás preparando el menú-
                        -Gracias. Ahora vuelvo-
            Caminé hacia la cocina para ver si necesitaba alguna ayuda, pero pude notar que no. Emma estaba allí ayudándolo a batir la crema y el azúcar para ponérselas a las frutillas, que serían probadas por mi padre para ver si quedaría bien para el postre final. Lo que más me había molestado fue que la estaba coqueteando mostrándole cómo cocinaba y limpiaba los platos, cubiertos y copas. Conmigo jamás cocinó ni me enseñó a batir, aunque eso fuera muy fácil que hasta un bebé podría hacerlo. En un momento no solo estaban cocinando, sino que Emma se le tiró encima y comenzó a besarlo. Puso sus manos en su nuca, levantándole a Frank el pelo. Frank se dio la vuelta y me miró. Me volteé y le cerré la puerta en la nariz. Me detuvo.
            -No quiero estar con una persona que coquetea con otras a mis espaldas-
                        -Yo no coqueteé con nadie. Tan solo le mostraba a Emma cómo batir-
                        -¿En serio te creíste que no sabía batir? ¡Hasta cuando tenía diez años sabía batir! Encontré un recorte de CAMPEONA DE COCINA en uno de sus bolsillos-
                        -¿Y cómo querías que supiera si no sé absolutamente nada sobre ella? Solamente ha estado en el colegio por cuatro días-
                        -Cuatro días es demasiado para conocer a una persona. A mí me conociste en dos días-
                        -Tú y ella son diferentes para mí. Tú me interesas, ella no-
                        -¿Enserio? ¿Por quién me tomas? ¿Por una tonta?-
                        -No digas esas estupideces, Rebecca-
                        -Para ti son estupideces, no para mí. Ya que tanto te gusta enseñarle a cocinar a las chicas, ¿por qué no te vas y haces un concurso de cocina con Emma?-
                        -Tal vez eso es lo que valla a hacer-
                        -Bien. Suerte y que tengan una vida muy feliz juntos, Frank Danibelle-
 Caminé rápido hasta donde estaba mi padre.
                        -Saldré a caminar por un momento-
                        -Está bien, pero no te pierdas-
            Salí por la puerta principal y caminé por la dirección en la que habíamos venido al salón. Caminé por una plaza que estaba desierta pero era muy hermosa. Oí los pasos de Frank corriendo hacia mí. Corrí lo más que pude y lo perdí. Lo había mirado a Frank y, por primera vez, sin llorar.
            Recordé que me había olvidado de decir algo. Tomé el collar y cerré los ojos y pensé: TERMINAMOS. ESTO NO DA PARA MÁS. Sí, había terminado mi relación con Frank. Emma lo había logrado y había ganado tanto la batalla como la guerra. No quería saber más nada con él ni con ella. Me dirigí de regreso al salón. Busqué a mi padre y le dije que quería irme a vivir con él y con mamá. En cuanto le dije eso, me abrazó con toda su fuerza y sonrió de oreja a oreja.
            Cuando finalizó el día, me subí al auto de mi padre y me llevó al colegio para retirar mis pertenencias. Al guardar todo, miré la habitación por última vez y cerré la puerta. Todavía nadie había llegado al instituto y así era mejor. No me gustaban las despedidas. Coloqué la maleta en el baúl del auto y arrancamos. Miré hacia atrás, despidiéndome del colegio, ya que no quería volver a estar por esos pasillos que me traían buenos recuerdos que pasaron a ser malos.

            Llegamos al edificio en la que vivía mi familia. Era enorme. Era un hotel, pero teníamos nuestro departamento ya que mi padre era el dueño de éste. El comedor tenía una vista espectacular que hasta se podía ver las estrellas desde allí. Las habitaciones eran totalmente gigantes que hasta cuatro elefantes podrían dormir sin estar apretados ni incómodos. La habitación ya estaba preparada para mi llegada. La cocina era de 10 X 7. Todo el piso, con excepción la del comedor, estaban tapizados con una alfombra bordó que combinaban con las paredes crema. El departamento era muy hermoso. Durante mi primera noche, las pasé mirando las luces de los coches yendo por la primera avenida. Estábamos en el piso 24, y no me atemorizaba de la altura, pues ya lo había superado. Todavía no me sentía cómoda, sentía que me faltaba algo, además de mis amigas. Extrañaba los besos de Frank, sus caricias, sus abrazos, pero me había engañado con Emma. Aunque me dijera que no era cierto, yo lo veía así y nada cambiaría mi opinión. Debía enfocarme más en el baile para dejarlo bien a mi padre como un gran organizador de fiestas de colegios.
            Mi padre apareció después de dejar todas mis cosas en la habitación.
                        -¿Cómo crees que será en baile?- le pregunté
                        -No lo sé, pero sí estoy seguro de que estarás preciosa-
            Escuché una voz dentro de mi cabeza que decía: “no importa qué te pongas, pues siempre te ves preciosa y siempre te verás así, Begg”. Sí, era la voz de Frank. Me había olvidado del collar, él escuchaba todo lo que se decía. Tomé el colgante y me lo quité así podía hablar tranquila. En ese momento me di cuenta que la única manera para que Frank escuchara todo lo que decía era simplemente mientras tuviera el collar puesto. No escuché más su voz por dos días.

            Faltaba cada vez menos para el baile y se debía ir en pareja. Le pedía a mi padre el número del instituto para llamar a Nicholas y confirmar que iría conmigo. La directora Sawner contestó:
                        -Hola y buenos día, ¿en qué puedo ayudarle?-
                        -Buenos días, Directora Sawner, soy Rebecca Davis-
                        -Oh, hola, Rebecca, ¿cómo estas en tu hogar?-
                        -Bien, gracias por preguntar-
                        -¿De casualidad quieres hablar con Frank?-
                        -No- dije a secas- Quiero hablar con Nicholas, por favor-
                        -Espérame un momento que lo mando a llamar-
            Esperé dos minutos y contestó el teléfono:
                        -¿Hola?-
                        -Hola, Nicholas, habla Begg-
                        -¡Begg! ¿Cómo estás? Se te extraña aquí-
                        -Estoy bien, gracias. No creo que TODOS me extrañen allá. Cambiando de tema, te llamaba para ver si estaba confirmado de que iras al baile conmigo-
                        -Sí. Te recuerdo que estaba con Cady, pero supongo que ahora estará con James. Así que me habría quedado sin pareja si no me hubieras dicho-
                        -Eso creí-
                        -¿No estabas con Frank?-
                        -Te pido por favor que ni me lo nombres, y no, ya no estoy con él-
                        -Entonces con mayor razón iría contigo, Begg-
                        -Que bien. Entonces nos vemos ese día. Te pasaremos a buscar en el auto de mi padre. Besos a todos, bueno, tú sabes a quien sí y a quien no-
                        -Sí. Cuídate-
            No lo había escuchado a Nicholas muy feliz cuando oyó mi voz ya que estaba acostumbrado a que yo estuviese ahí para hablarle. Lo extrañaba y mucho al igual que a las chicas. Si me dijeran a quién extrañaba más de todos mis amigos, no sabría qué decir ya que eran mis mejores amigos y los quería más de lo que cualquiera se podría imaginar. No quería recordar momentos que hicieran que me sintiera mal, pero debía prepararme. Tan solo faltaban unas semanas o días para la fiesta. Ya tenía el vestido, los zapatos, pero debía tener un pendiente en mi cuello, y solo se me ocurría el collar que me había regalado Frank. No quería, pero era el más fino. En un momento me puse a pensar que si me ponía el pendiente, me reconocería fácilmente. No, no podía ponérmelo.
            Tras pasar quince minutos, mi padre apareció en la puerta. Estaba vestido informal, con unos jeans azules y una camisa amarilla.
                        -¿Necesitas que salgamos?-
                        -No es obligatorio. Solo es un collar-
                        -Aquí tengo una cosa para ti- de uno de los bolsillos del pantalón sacó una cajita- Era de tu madre. Ya no lo usa-
            Tomé la caja y la abrí. Dentro de ella había un bello pendiente de perlas blancas. Le devolví la cajita y me colocó cuidadosamente el collar. Me alcanzó un espejo. Al verme reflejada en él, me sentí diferente.
                        -Ya eres toda una mujer- comentó mi padre sonriendo- Espero que te halla gustado mi obsequio-
                        -Es precioso, papá. Muchas gracias-
            Se fue alejando lentamente hacia la puerta, la que cerró dejándome sola.

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