martes, 8 de noviembre de 2011

Capítulo 4


Ya faltaban dos horas para el almuerzo y seguía sintiéndome extraña y confusa.
Frank trataba de convencerme de que lo que me pasaba no era nada malo, que era una suerte tener ese poder, pero seguía sintiéndome diferente.
                        -Escúchame. Ésta noche te voy a mostrar algo, pero debes prometer que jamás se te escapará una sola letra de lo que verás- dijo Frank
                        -Lo prometo-
            En las dos horas que faltaban, me quedé hablando con Frank sobre todos los sueños que había tenido hasta el momento. Escuchaba cada palabra de lo que decía y su interés creció. No creía que fuera diferente, eso hacía que me sintiese común a los demás, aun cuando  no lo fuera. Mi mente fue relajándose, mi tristeza fue disminuyendo segundo a segundo. Frank hizo que viera éstos sueños como una clase de ayuda para los otros, que podría salvar vidas como al muchacho que tenía que salvar a causa del sueño.
                        -Gracias- le dije a Frank
                        -¿Por qué?-
                        -Por hacerme ver de otra manera a lo que le temía-
                        -No hay problema. Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras-
                        -¿Sabes quién es el muchacho de la marca?-
                        -Sí, pero no estoy seguro de que sea él. Hay varias personas que pueden tener ese símbolo-
                        -¿Quién es entonces? ¿Cómo lo identificará la bestia?-
                        -Él sabrá- me dijo
            Por fin la campana del almuerzo sonó.
            Al entrar al comedor vi a Cady y Nicholas tomados de la mano en una mesa. Estaba muy feliz por ellos. Todos lo estaban, con excepción del ex novio de ella. Su nombre era James, un muchacho grande, morocho y de ojos marrones. No lo conocía mucho, pero era un chico agradable y chistoso. Éste siempre estaba alrededor de otras chicas de mi misma edad y de un año menor. Una de ellas se llamaba Caroline. Me enteré por Frank que ella era su ex y que seguía sintiendo algo por él. Su pelo era negro, ojos marrones y piel morena. Era no muy parecida a mí, pero algo en ella no me gustaba. Se podría decir que era una muy mala persona. Le gustaba molestar a otros, hacer que los novios de otras chicas fuesen detrás de ella como locos. Quise ser su amiga para que no nos peleáramos más, pero era inútil, ya que siempre me hacía enojar tratando de besar a Frank o cosas así. Lamentablemente ella sabía que a mí también me gustaba y quería provocarme cuando se le acercaba. Tanta bronca me daba esa chica que dejé de soñar cosas premonitorias y comencé a soñar que la mataba.
            Al entrar al comedor, Caroline nos vio. Se fue acercando. La había visto, pero no quería problemas a la hora del almuerzo, y menos frente a Frank.
            Yendo a la mesa de comida, Caroline se paró frente a mí. Todos se callaron.
                        -Miren quién está aquí. Una lunática- dijo. Sus seguidoras se rieron
                        -Escúchame bien Caroline, deja de molestarme-
                        -Déjame pensar- dejó tres segundos y contestó con una sonrisa- No-
                        -¿Por qué no te vas a otro sitio a molestar, Caroline?- dijo Frank
                        -Si quieres, te puedo molestar a ti- dijo mirándolo de los pies a la cabeza mordiéndose el labio inferior
                        -No molestarás a nadie- contesté. Me miró
                        -Eres la última persona a quien dejaría de molestar, querida-
                        -Sé que no quieres problemas aquí, así que búscalas en otra parte- estaba irritándome
                        -Vete, Caroline- comentó Frank
                        -Solo me iré porque tú lo dices, mi amor- besó a Frank el la mejilla. Me puse furiosa y corrí hacia ella
                        -Déjala. Solo quiere hacerte enojar- me detuvo poniendo sus brazos alrededor de mi cintura
                        -Ya nos volveremos a ver, lunática. Adiós, Franky- contestó Caroline. Se marchó
            Furiosa dejé la comida y me fui del comedor. Corriendo me dirigí al pequeño y bello jardín que tranquilizaba mi furia. Frank corrió detrás de mí.
                        -Hey, no te pongas así- me dijo
                        -¡¿Y cómo quieres que me ponga?!- le contesté gritando- ¡Si esa loca está todo el tiempo molestándome e irritándome!-
                        -Eso es lo que quiere. No le des el gusto, Begg-
                        -El día en que nadie lo sepa la voy a...-
                        -No harás nada porque lo impediré. No quiero que te metas en problemas-dijo-¿Por qué saltaste cuando me besó?-
                        -¡¿Y a ti qué te importa?!-
                        -Sabes que me importa mucho lo que sientes-
                        -Porque...eres uno de mis mejores amigos y sé que esa Caroline no te agrada-
                        -Claro- dijo con una sonrisa
            ¿Era posible que algún día dejara de sonreír? Si seguía así algún día lo iba a matar. Es que no podía ser más perfecto. Mis amigas solo decían que era lindo, pero que era un inmaduro para su edad. A mí no me importaba si era maduro o inmaduro, lo que me importaba era que me hacía reír. Para enamorarme debían hacer eso, y él lo había conseguido.
            La hora del almuerzo había acabado y teníamos una salida escolar. Estaba muy emocionada. Un día entero fuera del colegio con mis mejores amigos. Fue una lástima al enterarme de que iría Caroline y sus fanáticas, o mejor dicho “el club del Carolingitis”. Lo que más me emocionaba era que esa noche iba a ver a Frank. No sabía en dónde, pero me quería decir algo muy importante.
            Cuando salimos, una de las profesoras del colegio nos acompaño, ya que la nuestra estaba muy engripada. Íbamos a la ciudad. Que yo recordara jamás había ido a la ciudad, así que estaba más emocionada todavía.
            Subimos al micro escolar. La profesora nos dijo que el viaje iba a durar tres horas. Visitaríamos casi todo. Lugares históricos, teatros, museos, etc. Lo que sabía era que mis padres vivían allí. No los quería ver porque me había enterado por la fundadora del colegio que mis padres eran ricos. Dueños de uno de los departamentos más grandes de Dallas y el más importante. Si eran tan ricos ¿por qué no fueron a buscarme a la escuela?
            Yendo hacia allí, a la distancia pude ver desde la ventana un parque que parecía conocido. Logré visualizar un árbol muy grande. En ese momento pude recordar: ese era el jardín donde había perdido a mis padres cuando tenía cinco años. Ese árbol era donde me había refugiado del frío, de la nieve y de la fuerte brisa que corría por los senderos. Ese jardín ya no estaba con nieve, se veía el pasto y las pequeñas coloridas flores. Frank estaba al lado mío del micro. Me miró.
                        -¿Estas bien?- me preguntó preocupado
                        -Eso creo- le contesté. Mis ojos estaban llenos de lágrimas
            Ahí fue uno de los momentos más felices. Frank me abrasaba con toda su fuerza. Por supuesto que también lo abracé, pero no lo podía creer. Las chicas nos miraron y sonrieron.
                        -No te preocupes por nada. Siempre voy a estar junto a ti- dijo Frank
            Cuando quería, decía las cosas más dulces. Mi corazón comenzó a acelerar y mis mejillas cambiaron al rosado. Me sentía una tonta. Nunca me había ruborizado en la vida. Después sentí que estaba a punto de estallar. De pronto, el micro frenó. El chofer bajó. Todos lo hicimos. Impactados, vimos una enorme huella de toro. Miré a Frank.
                        -Todo sucedió muy rápido- dijo
            No podía ser mi sueño. Cómo se podría hacer realidad tan rápido. Ni siquiera había pasado un día. Tenía mucho miedo. Aún no sabía quién era el muchacho. No podía imaginarme que ya lo hubieran matado. Podrá ser que en realidad no pasó durante la noche, sino que la habitación no estaba lo suficientemente alta como para que se reflejara la luz del sol. Todavía tenía otra duda: ¿quién era la chica que ayudó al animal a salir de la habitación? Todos nos asustamos. La profesora ordenó que subiésemos al micro, que el viaje no había terminado, así que todos subimos y nos sentamos aún aterrados por lo ocurrido.
            Cuando miré a Frank se estaba tocando el cuello.
                        -¿Qué te ocurre?- le pregunté inquieta
                        -Nada- dijo- Solo estaba pensando-
            Sabía que no era así. Algo lo perturbaba, algo que entendía y yo no.
            Llegamos a la ciudad y todos estaban más tranquilos. Bajamos a sacar unas cuantas fotos para el anuario también para recuerdo. Estaba feliz por estar allí, pero seguía perturbada por Danibelle. Cady y Mae me tomaron del brazo y subimos a unas escaleras que daban a la puerta de uno de los bancos más importantes de toda Dallas. En ese momento un hombre bajaba por las mismas. Su pelo era castaño, sus ojos eran marrones, su piel era igual a la mía. Estaba vestido muy formal. Del lado derecho de la mano llevaba un maletín negro. Se paró frente a mí. Me miró de una forma muy extraña. Su cara me era muy familiar.
                        -¿Rebecca?- dijo- ¿Eres tú?-
                        -¿Quién es usted?- contesté tímidamente
                        -Soy yo. Tú padre-
            Cuando oí esas palabras, mi cerebro dejo de pensar. El hombre que se hacía llamar mi “padre” alzó sus brazos para abrazarme. Ahí apareció Frank.
                        -No se atreva a acercársele un centímetro más, señor-
                        -Escúchame bien joven. Yo soy...-
                        -Él es mi padre, Frank-
            Frank se quedó atónito. La profesora vino con la directora Sawner, quien lo reconoció de inmediato.
                        -¡Señor Davis!- contestó al verlo- Que gusto volver a verlo-
                        -El gusto es todo mío, madame- contestó
                        -¿Necesita algo de mis servicios, señor?- preguntó cortésmente la directora
                        -Sí- dijo- Quiero llevarme a mi hija-
                        -¡No!- le contesté- No quiero irme contigo-
                        -¿Disculpa?- preguntó mi padre
                        -Lo que oyó. No me iré-
                        -Pero eres mí hija-
                        -Puedo ser su hija, pero cuando me tuvieron me dejaron. ¿Ahora me quieren de vuelta?-
                        -Sé que fue un error dejarte ir, hija, pero ahora con tú madre podemos mantenerte-
                        -Discúlpeme, señor, pero quiero quedarme en la escuela. Ya es mi hogar y no lo dejaría por nada en el mundo-
            Caroline apareció con sus secuaces a ver lo que pasaba, oyendo todo lo que decíamos.
                        -Señor Davis, ¿no lo podemos discutir?- dijo la directora
                        -No hay nada que discutir, señora directora- Caroline interrumpió- Rebecca es hija del señor y tiene todo el derecho a llevársela-
                        -Exacto- contestó mi padre
                        -No te metas Caroline. Esto no es tema tuyo- Frank contestó
                        -Mi vida, ¿qué no entiendes? Rebecca se tiene que ir. No puede estar siempre en el colegio. Encima, me tienes a mí de compañía. Sé que la extrañarás, pero siempre la recordaremos como “la chica que se fue por un milagro: el reencuentro con su padre”-
                        -No diga tonterías, señorita Kidding- contestó la directora- Por favor, señor Davis, no se lleve a Rebecca. Si quiere la podrá ir a visitar todo el tiempo que quiera, pero no se la lleve-
                        -Señor Davis, ¿quiere a su hija?- preguntó Frank
                        -Por supuesto que la quiero-
                        -Entonces déjela ser feliz de la manera en la que ella elija- le dijo
                        -Por favor, papá, no me quiero ir-
Mi padre se puso a pensar vario rato hasta que al fin decidió qué iba a hacer.
                        -Está bien, te quedarás en el colegio. Te iré a visitar cada tanto-
                        -¡Muchas gracias, papá!- sin darme cuenta lo estaba abrazando. Sus brazos me rodearon. Estaba muy feliz
            En ese momento mi padre me soltó.
                        -Sigan con su recorrido. No los distraeré más- me acompañó hasta la puerta del micro- Te iré a visitar el viernes-
                        -Te esperaré- estaba muy agradecida
            Frank se quedó mirándome con esa sonrisa angelical que tenía. Si no hubiese sido por él, mi padre me habría llevado. También estaba en deuda con él.
                        -Gracias, Frank-
            Paseamos por toda la bella ciudad. Jamás me olvidaría de ese viaje en el que conocí a mi padre después de tantos años.

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