Ya faltaban dos horas para el almuerzo y seguía
sintiéndome extraña y confusa.
Frank trataba de convencerme de que lo que me pasaba no
era nada malo, que era una suerte tener ese poder, pero seguía sintiéndome
diferente.
-Escúchame.
Ésta noche te voy a mostrar algo, pero debes prometer que jamás se te escapará
una sola letra de lo que verás- dijo Frank
-Lo
prometo-
En las dos horas
que faltaban, me quedé hablando con Frank sobre todos los sueños que había
tenido hasta el momento. Escuchaba cada palabra de lo que decía y su interés
creció. No creía que fuera diferente, eso hacía que me sintiese común a los
demás, aun cuando no lo fuera. Mi mente
fue relajándose, mi tristeza fue disminuyendo segundo a segundo. Frank hizo que
viera éstos sueños como una clase de ayuda para los otros, que podría salvar
vidas como al muchacho que tenía que salvar a causa del sueño.
-Gracias-
le dije a Frank
-¿Por
qué?-
-Por
hacerme ver de otra manera a lo que le temía-
-No hay
problema. Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras-
-¿Sabes
quién es el muchacho de la marca?-
-Sí,
pero no estoy seguro de que sea él. Hay varias personas que pueden tener ese
símbolo-
-¿Quién
es entonces? ¿Cómo lo identificará la bestia?-
-Él
sabrá- me dijo
Por fin la campana
del almuerzo sonó.
Al entrar al
comedor vi a Cady y Nicholas tomados de la mano en una mesa. Estaba muy feliz
por ellos. Todos lo estaban, con excepción del ex novio de ella. Su nombre era
James, un muchacho grande, morocho y de ojos marrones. No lo conocía mucho,
pero era un chico agradable y chistoso. Éste siempre estaba alrededor de otras
chicas de mi misma edad y de un año menor. Una de ellas se llamaba Caroline. Me
enteré por Frank que ella era su ex y que seguía sintiendo algo por él. Su pelo
era negro, ojos marrones y piel morena. Era no muy parecida a mí, pero algo en
ella no me gustaba. Se podría decir que era una muy mala persona. Le gustaba
molestar a otros, hacer que los novios de otras chicas fuesen detrás de ella
como locos. Quise ser su amiga para que no nos peleáramos más, pero era inútil,
ya que siempre me hacía enojar tratando de besar a Frank o cosas así.
Lamentablemente ella sabía que a mí también me gustaba y quería provocarme
cuando se le acercaba. Tanta bronca me daba esa chica que dejé de soñar cosas
premonitorias y comencé a soñar que la mataba.
Al entrar al
comedor, Caroline nos vio. Se fue acercando. La había visto, pero no quería
problemas a la hora del almuerzo, y menos frente a Frank.
Yendo a la mesa de
comida, Caroline se paró frente a mí. Todos se callaron.
-Miren
quién está aquí. Una lunática- dijo. Sus seguidoras se rieron
-Escúchame
bien Caroline, deja de molestarme-
-Déjame
pensar- dejó tres segundos y contestó con una sonrisa- No-
-¿Por
qué no te vas a otro sitio a molestar, Caroline?- dijo Frank
-Si
quieres, te puedo molestar a ti- dijo mirándolo de los pies a la cabeza
mordiéndose el labio inferior
-No
molestarás a nadie- contesté. Me miró
-Eres
la última persona a quien dejaría de molestar, querida-
-Sé que
no quieres problemas aquí, así que búscalas en otra parte- estaba irritándome
-Vete,
Caroline- comentó Frank
-Solo
me iré porque tú lo dices, mi amor- besó a Frank el la mejilla. Me puse furiosa
y corrí hacia ella
-Déjala.
Solo quiere hacerte enojar- me detuvo poniendo sus brazos alrededor de mi
cintura
-Ya nos
volveremos a ver, lunática. Adiós, Franky- contestó Caroline. Se marchó
Furiosa dejé la
comida y me fui del comedor. Corriendo me dirigí al pequeño y bello jardín que tranquilizaba
mi furia. Frank corrió detrás de mí.
-Hey,
no te pongas así- me dijo
-¡¿Y
cómo quieres que me ponga?!- le contesté gritando- ¡Si esa loca está todo el
tiempo molestándome e irritándome!-
-Eso es
lo que quiere. No le des el gusto, Begg-
-El día
en que nadie lo sepa la voy a...-
-No
harás nada porque lo impediré. No quiero que te metas en problemas-dijo-¿Por
qué saltaste cuando me besó?-
-¡¿Y a
ti qué te importa?!-
-Sabes
que me importa mucho lo que sientes-
-Porque...eres
uno de mis mejores amigos y sé que esa Caroline no te agrada-
-Claro-
dijo con una sonrisa
¿Era posible que
algún día dejara de sonreír? Si seguía así algún día lo iba a matar. Es que no
podía ser más perfecto. Mis amigas solo decían que era lindo, pero que era un
inmaduro para su edad. A mí no me importaba si era maduro o inmaduro, lo que me
importaba era que me hacía reír. Para enamorarme debían hacer eso, y él lo
había conseguido.
La hora del
almuerzo había acabado y teníamos una salida escolar. Estaba muy emocionada. Un
día entero fuera del colegio con mis mejores amigos. Fue una lástima al
enterarme de que iría Caroline y sus fanáticas, o mejor dicho “el club del
Carolingitis”. Lo que más me emocionaba era que esa noche iba a ver a Frank. No
sabía en dónde, pero me quería decir algo muy importante.
Cuando salimos, una
de las profesoras del colegio nos acompaño, ya que la nuestra estaba muy
engripada. Íbamos a la ciudad. Que yo recordara jamás había ido a la ciudad,
así que estaba más emocionada todavía.
Subimos al micro
escolar. La profesora nos dijo que el viaje iba a durar tres horas.
Visitaríamos casi todo. Lugares históricos, teatros, museos, etc. Lo que sabía
era que mis padres vivían allí. No los quería ver porque me había enterado por
la fundadora del colegio que mis padres eran ricos. Dueños de uno de los departamentos
más grandes de Dallas y el más importante. Si eran tan ricos ¿por qué no fueron
a buscarme a la escuela?
Yendo hacia allí, a
la distancia pude ver desde la ventana un parque que parecía conocido. Logré
visualizar un árbol muy grande. En ese momento pude recordar: ese era el jardín
donde había perdido a mis padres cuando tenía cinco años. Ese árbol era donde
me había refugiado del frío, de la nieve y de la fuerte brisa que corría por
los senderos. Ese jardín ya no estaba con nieve, se veía el pasto y las
pequeñas coloridas flores. Frank estaba al lado mío del micro. Me miró.
-¿Estas
bien?- me preguntó preocupado
-Eso
creo- le contesté. Mis ojos estaban llenos de lágrimas
Ahí fue uno de los momentos
más felices. Frank me abrasaba con toda su fuerza. Por supuesto que también lo
abracé, pero no lo podía creer. Las chicas nos miraron y sonrieron.
-No te
preocupes por nada. Siempre voy a estar junto a ti- dijo Frank
Cuando quería,
decía las cosas más dulces. Mi corazón comenzó a acelerar y mis mejillas
cambiaron al rosado. Me sentía una tonta. Nunca me había ruborizado en la vida.
Después sentí que estaba a punto de estallar. De pronto, el micro frenó. El
chofer bajó. Todos lo hicimos. Impactados, vimos una enorme huella de toro.
Miré a Frank.
-Todo
sucedió muy rápido- dijo
No podía ser mi
sueño. Cómo se podría hacer realidad tan rápido. Ni siquiera había pasado un
día. Tenía mucho miedo. Aún no sabía quién era el muchacho. No podía imaginarme
que ya lo hubieran matado. Podrá ser que en realidad no pasó durante la noche,
sino que la habitación no estaba lo suficientemente alta como para que se
reflejara la luz del sol. Todavía tenía otra duda: ¿quién era la chica que
ayudó al animal a salir de la habitación? Todos nos asustamos. La profesora
ordenó que subiésemos al micro, que el viaje no había terminado, así que todos
subimos y nos sentamos aún aterrados por lo ocurrido.
Cuando miré a Frank
se estaba tocando el cuello.
-¿Qué
te ocurre?- le pregunté inquieta
-Nada-
dijo- Solo estaba pensando-
Sabía que no era
así. Algo lo perturbaba, algo que entendía y yo no.
Llegamos a la
ciudad y todos estaban más tranquilos. Bajamos a sacar unas cuantas fotos para
el anuario también para recuerdo. Estaba feliz por estar allí, pero seguía
perturbada por Danibelle. Cady y Mae me tomaron del brazo y subimos a unas
escaleras que daban a la puerta de uno de los bancos más importantes de toda
Dallas. En ese momento un hombre bajaba por las mismas. Su pelo era castaño,
sus ojos eran marrones, su piel era igual a la mía. Estaba vestido muy formal.
Del lado derecho de la mano llevaba un maletín negro. Se paró frente a mí. Me
miró de una forma muy extraña. Su cara me era muy familiar.
-¿Rebecca?-
dijo- ¿Eres tú?-
-¿Quién
es usted?- contesté tímidamente
-Soy
yo. Tú padre-
Cuando oí esas
palabras, mi cerebro dejo de pensar. El hombre que se hacía llamar mi “padre”
alzó sus brazos para abrazarme. Ahí apareció Frank.
-No se
atreva a acercársele un centímetro más, señor-
-Escúchame
bien joven. Yo soy...-
-Él es
mi padre, Frank-
Frank se quedó
atónito. La profesora vino con la directora Sawner, quien lo reconoció de
inmediato.
-¡Señor
Davis!- contestó al verlo- Que gusto volver a verlo-
-El
gusto es todo mío, madame- contestó
-¿Necesita
algo de mis servicios, señor?- preguntó cortésmente la directora
-Sí-
dijo- Quiero llevarme a mi hija-
-¡No!-
le contesté- No quiero irme contigo-
-¿Disculpa?-
preguntó mi padre
-Lo que
oyó. No me iré-
-Pero
eres mí hija-
-Puedo
ser su hija, pero cuando me tuvieron me dejaron. ¿Ahora me quieren de vuelta?-
-Sé que
fue un error dejarte ir, hija, pero ahora con tú madre podemos mantenerte-
-Discúlpeme,
señor, pero quiero quedarme en la escuela. Ya es mi hogar y no lo dejaría por
nada en el mundo-
Caroline apareció
con sus secuaces a ver lo que pasaba, oyendo todo lo que decíamos.
-Señor
Davis, ¿no lo podemos discutir?- dijo la directora
-No hay
nada que discutir, señora directora- Caroline interrumpió- Rebecca es hija del
señor y tiene todo el derecho a llevársela-
-Exacto-
contestó mi padre
-No te
metas Caroline. Esto no es tema tuyo- Frank contestó
-Mi
vida, ¿qué no entiendes? Rebecca se tiene que ir. No puede estar siempre en el
colegio. Encima, me tienes a mí de compañía. Sé que la extrañarás, pero siempre
la recordaremos como “la chica que se fue por un milagro: el reencuentro con su
padre”-
-No
diga tonterías, señorita Kidding- contestó la directora- Por favor, señor
Davis, no se lleve a Rebecca. Si quiere la podrá ir a visitar todo el tiempo
que quiera, pero no se la lleve-
-Señor
Davis, ¿quiere a su hija?- preguntó Frank
-Por
supuesto que la quiero-
-Entonces
déjela ser feliz de la manera en la que ella elija- le dijo
-Por
favor, papá, no me quiero ir-
Mi padre se puso a pensar vario rato hasta que al fin decidió qué
iba a hacer.
-Está
bien, te quedarás en el colegio. Te iré a visitar cada tanto-
-¡Muchas
gracias, papá!- sin darme cuenta lo estaba abrazando. Sus brazos me rodearon.
Estaba muy feliz
En ese momento mi
padre me soltó.
-Sigan
con su recorrido. No los distraeré más- me acompañó hasta la puerta del micro-
Te iré a visitar el viernes-
-Te
esperaré- estaba muy agradecida
Frank se quedó
mirándome con esa sonrisa angelical que tenía. Si no hubiese sido por él, mi
padre me habría llevado. También estaba en deuda con él.
-Gracias,
Frank-
Paseamos por toda
la bella ciudad. Jamás me olvidaría de ese viaje en el que conocí a mi padre
después de tantos años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario