El crepúsculo del anochecer fue apareciendo lentamente.
Al terminar la conversación con Nicholas, me dirigí a la
habitación para cumplir el favor aceptado. En ese momento recordé la cara de
Frank al verme junto a Nicholas, estaba segura de que pensaba que Nicholas me
gustaba y no sabía cómo decirle que no era verdad, que la única persona que me
gustaba era él. Ahí estaba la respuesta: estaba enamorada de Frank. No quería
que se enojara conmigo, sino sentiría como de a poco mi corazón iría
desapareciendo sin su compañía. Nadie lo debía saber. Cady estaba parada frente
a mí.
-Begg, me
estabas diciendo algo- dijo
-¿Ah,
sí?- pregunté- Ah, si, si. ¿Crees que nos podamos ver en el patio trasero del
colegio? Tengo que decirte algo muy importante-
-Pues
dímelo ahora-
-Preferiría
en el patio. Te espero a las ocho en punto- le dije cuidadosamente. Salí de la
habitación corriendo.
Las siete se
hicieron. Fui en busca de Frank porque quería disculparme y hablar con él. No
le iba a decir lo que sentía, pero debíamos hablar.
Busqué durante
media hora hasta que me encontré con Nicholas. Me preguntó si es que le había
dicho a Cady que nos viéramos en el jardín trasero, le contesté que sí, pero
que se apurara si es que quería llegar antes que ella. Me despedí y seguí con
mi búsqueda.
Las campanadas de
las ocho se escucharon. Estaba exhausta. Estuve buscándolo por una hora entera,
pero no lo pude encontrar. Cansada, bajé las escaleras hasta el parque central
del colegio. Mis piernas no daban abasto, mis músculos ya no querían cooperar.
Me rendí. Caí en el pasto. A unos dos metros de mí estaba una bella fuente,
donde estaban tallados dos cisnes con sus largos y extravagantes cuellos
formando un corazón. Cuando me levanté para ir a la habitación, Frank estaba
sentado delante de la imagen de los cisnes. Estaba sorprendida, sus ojos
estaban normales, su pelo brillaba con la luz de la luna llena. Debía decir que
estaba hermoso.
-Hola-
dijo susurrando
-Hola-
le contesté
-Discúlpame
por lo que ocurrió hoy- dijimos a la vez
-Fue mí
culpa, debí haberlos ayudado-
-Fue la
culpa de ambos. Jamás debí haberte dicho eso-dije apenada- Estaba furiosa
porque los chicos me miraban de una forma horrible- se rió
-De la
misma forma en la que te miraron cuando nos sentamos juntos por primera vez en
el comedor. Lo sé-
-Sí. Lo
único que quería era disculparme. Ahora debo irme a mi habitación. Mañana hay
clases y no quiero dormirme a mitad de ella-
-Es
verdad, yo tampoco quiero que te duermas en mi hombro- dijo con una sonrisa
-Así
que...descansa-
-Igual
tú-dijo- Sueña con los angelitos-
Su voz era muy angelical,
muy tranquila. No sabía qué pasaba, pero sentí que tarde o temprano me diría lo
que esperaba oír de sus labios.
A la mañana del
lunes, la profesora estaba enferma, así que no tendríamos clases. Todos se
fueron corriendo, la mayoría se fue e dormir, mientras que yo les dije a mis
amigas que se quedaran, que les tenía que contar algo muy importante.
-Tuve
un sueño muy extraño- dije sin subir mi voz
-¿Qué
soñaste? Cuéntanos todo- contestó Cady, que estaba muy entusiasmada por oír.
-Soñé
con el colegio y la habitación prohibida-
-¡¿Cómo?!-
dijo Michelle
-Sí, lo
que escucharon- esperé unos segundos y continué- Fue una noche en la que todos
estábamos durmiendo. De la nada apareció una muchacha, pero sólo la sombra se
veía así que no sé quién era. Abrí la puerta de la habitación y la dejó abierta.
De ella salió una sombra rara, una especie de toro. Su tamaño era anormal, sus
ojos eran rojos y era enorme. El toro se paró frente a la chica y le dijo que
buscara al muchacho, que debía estar en la ciudad-
-¿Iban
en busca de un muchacho?- preguntó Mae- ¿Cómo lo reconocerían? Hay cientos de
chicos en la ciudad-
-Eso
fue lo más extraño. La chica le preguntó al toro cómo lo identificaría entre
tantos chicos, el toro le contestó que hace años habían peleado y que él le
había dejado una marca de identificación-
-¿Cuál
era la marca?- preguntaron las chicas a la vez
-Parecida
al signo de piscis, pero había tres círculos unidos por una de su
circunferencia formando un triángulo. Éstos tenían una colita o algo así. Es
más, parecían tres seis- dije
Al oír estas
palabras, las chicas trataron de recordar a alguien que tuviese la marca. Ninguna
lo recordó.
-Les
decía que el toro y la chica estaban preparando la matanza de ese muchacho. No
se sabe dónde, pero lo van a hacer. Lo que estoy segura es que la muchacha
estaba como hipnotizada, se sabía por la forma de hablar. Era un estilo de la
voz de Michelle, pero como dormida-
Todo me parecía muy
confuso, principalmente esos sueños tan raros que solo a mi me ocurrían. Lo que
más me importaba en esos momentos era averiguar quién sería la víctima para
poder decírselo a tiempo.
Ya faltaban cuatro
horas para el almuerzo. No se nos ocurría nada para hacer, así que fuimos en
busca del muchacho por el colegio.
Estábamos en planta
baja. Miramos hacia arriba y nos quedamos viendo todo lo que teníamos que
recorrer, pues el instituto era enorme y con siete pisos. Cada piso tenía cien
habitaciones, no incluidas las aulas. Seguramente nos íbamos a cansar antes de
llegar a la mitad del edificio.
Buscamos durante
dos horas y, como lo había predicho, no habíamos llegado ni a la mitad. Nos
sentamos a descansar sobre una de las ventanas, que tenían un espacio bastante
grande como para sentarse cinco personas. Luego de un momento, supimos que era
todo un sueño, no podía creer que esto nos lo estábamos tomando en serio. Cuando
por fin nos sentamos, Frank apareció caminando por el pasillo. Me levanté de un
salto para poder contarle lo que había soñado.
-Hola,
Frank. Debo contarte algo muy importante- le dije
-Dime-
-Tuve
uno de los sueños más raros que cualquiera podría imaginarse-
-Cuéntame-
-Es
sobre una muchacha que se dirige a la habitación prohibida y libera a un animal
enorme, una especie de toro- al decir esas palabras Frank me miró impactado
-¿Cómo
era ese toro?- dijo espaciando cada palabra
-Era
enorme, de ojos rojos-
-Cuéntame
todo lo de tu sueño-
-Bueno.
Empezó a hablar con la chica sobre un muchacho, que tenía el signo como la de
tres seis. Que lo debían encontrar. La chica estaba hipnotizada o algo por el
estilo-
-¿Dijo
el nombre del muchacho a quien debían buscar?- preguntó
-No.
Solo dijeron lo de la marca en el cuello- lo mire extrañamente
-¿Tienes
alguna idea de cuándo será esto?-
-¿No lo
estarás tomando enserio?- dije riendo- ¿O sí?-
-¿Desde
hace cuánto tiempo tienes estos “sueños extraños”?-
-Desde
los cinco años-dije-Desde que llegué aquí por primera vez-
La cara de Frank se
veía diferente. Este sueño lo había tomado enserio, como si fuera a pasar en
algún momento. El problema era que, si llegaba a pasaba, alguien sería
asesinado a sangre fría. Al principio con las chicas nos lo tomamos de verdad,
pero después de no ver a alguien con la marca, pensamos que era todo una
fantasía. No sabía qué hacer, mi mente estaba en blanco. Cada sueño que tuve se
hacía realidad, solo que creía que era una simple coincidencia. Tuve miedo.
Sentí cómo era ser diferente a los demás. Frank me miró.
-No
debes temer. Es algo bueno lo que te pasa-
-¿Crees
que es bueno soñar cosas que se harán realidad?-
-Sí. Si
te contara algo estoy seguro de que no te sentirías tan diferente-
-¿Qué
no lo entiendes?- le dije sollozando- Me siento como una demente. Una anormal.
¿Por qué me tenía que pasar esto a mí?-
-No lo sé, pero te prometo que lo
resolveremos juntos- me sonrió
Su sonrisa me
alentó lo bastante como para dejar de llorar. Me sentía rara y estaba segura de
que nadie me entendería. Según Frank él también lo era, solo que no sueña cosas
raras. Seguramente decía que era distinto porque su personalidad no era como la
de los otros.
si alguien quiere comentar algo, que no se sienta privado de hacerlo
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