La cueva era húmeda y fría. El toro tenía sus secuaces
al igual que Caroline tenía las suyas, solo que éstos sólo pensaban en la
muerte y eran más numerosos. Éstos eran chicos de todas las edades y de
diferentes partes del mundo. Lo malo era que ninguno se entendía. Nadie
hablaba. Trabajaban sin cesar.
El toro se paro sobre una roca.
-Queridos
hijos- dijo el toro- Sé muy bien que estos años han sido complicados para
todos, principalmente para ustedes, pero debo decirles que conseguimos a la
prisionera-
Se oyeron gritos de
festejo. La discípula me tomó fuerte del brazo y me llevó junto a Luzbel.
-Ésta
muchacha es nuestra prisionera. Su nombre es Rebecca. Ninguno de ustedes debe
hablarle, nadie se acercará a ella, ni la tocará. Cada uno de ustedes sabe muy
bien qué pasaría si alguna de mis órdenes no se cumplen. Espero que no se hayan
olvidado de sus compañeros que las han desobedecido y confío que no se volverá
a repetir, porque la próxima vez van a morir todos, con excepción de mis más
leales servidores que ya saben quienes son. Mi querida hija Stephanie les dirá
algo muy importante-
-Esclavos
al igual que yo, he venido a contarles lo que nuestro querido padre ha hecho el
día de hoy. Deben acordarse de ese ángel llamado Frank Danibelle, pues éste
estaba volando junto a nuestra invitada de honor- dijo riéndose, a quien
acompañaron los otros malévolos compañeros- Lamentablemente debo decir la
palabra prohibida, mi señor, el ángel y la humana están enamorados. Nuestro
Dios, Luzbel, ha ideado un plan que nos salvará a todos de ésta vida que
bastante hay que agradecer. El plan es atraer al muchacho hacia aquí en la
búsqueda de su amada. En el momento en el que trate de liberarla, caerá en una
trampa, pues en la celda en donde pondremos a la prisionera tendrá una jaula de
sorpresa. En cuanto él la toque, la jaula aparecerá, y éste estará dentro de
ella. Nuestro amo y señor lo colocará frente a nuestras caras. Cada uno de
ustedes deberá tomar una parte de él: cabello, uña, piel y sangre, pero no lo
deben matar. Oh, no queridos míos, sino que lo tendremos atrapado aquí para
siempre hasta el día en el que muera y sus restos queden siempre en la misma
jaula-
Las últimas palabras
hicieron que todos comenzaran a gritar. Parece que harán una especie de ritual
o algo por el estilo, en la que hará que el toro, su amo, se fortalezca. Eso lo
haría invencible.
-Muchachos...
¡es hora de la fiesta!-gritó Luzbel
En ese momento una
música diabólica comenzó a sonar. Todos estaban bailando y cantando. Stephanie
se acercó a mí.
-¿Tienes
ganas de salir, querida?- me dijo- Olvídalo
-¿Por
qué me haces todo esto?- le pregunté
-Porque
hará que mi señor se sienta mejor-
-¿Y en
qué te ayudará esto? Tú no te beneficiarás-
-Claro
que sí. Al ver a mi amo feliz, yo también lo seré-
-¿Y qué
hará con ustedes siendo más fuerte? Ya no los necesitará-
-No es
cierto. El amo siempre nos necesitará-
-Tratas
de creerte eso tú misma, pero las dos sabemos que no es verdad-
-¡Cállate!
O morirás antes de lo que esperas y no podrás ver a tu amado-
-Pues
me necesitan para atraerlo-
-En
realidad, no- dijo- Con el amo creamos una poción en la que si pongo tan solo
un cabello tuyo, me convertiré en ti-
No lo podía creer,
se transformaría en mí tan pronto como ella lo quisiera. No podía dejar que eso
pasara. Frank se confundiría y pensaría que ella era yo. Ahí creería que lo
había traicionado, pero no era así. Debía impedir que lo atraparan.
Unos seguidores me
tomaron del brazo y me condujeron a otra caverna húmeda y sola. Se escuchaban
nuestros pasos perfectamente. Me metieron en una celda junto con un muchacho de
unos dieciocho años.
Salí corriendo tras
los seguidores antes de que cerraran la puerta de la celda, pero actué
demasiado tarde. No sabía cómo salir de allí.
-¿Cómo
te capturaron?- me preguntó mi acompañante
-El
toro golpeó a mis amigos y me condujo sobre su lomo hasta aquí-
-Así
que lo conoces-
-Sí.
¿Cómo te llamas?- le pregunté
-Eric-
Era un chico muy
guapo. Su pelo era castaño claro, sus ojos eran verdes, su piel de tez clara me
hizo acordar a mi querido Frank Danibelle.
-Un
placer- le contesté
-¿Y
tú?-
-Rebecca
Davis-
-¿Serás
la carnada, no?-
-Supongo.
Todavía no entiendo de qué les servirá tener a un ángel-
-Hará
que Luzbel se vuelva más poderoso como para derrotar a cualquiera que se le oponga.
Al conseguirlo, nos destruirá a todos nosotros-
-Espera
un momento- lo detuve- ¿Quieres decirme de que hay más prisioneros?-
-Claro
que sí. Los conocerás a todos cuando sea la hora de la cena-
Estuve hablando con
Eric mucho tiempo. Averigüé cosas que no me hubiera imaginado. La hora de la
cena llegó.
-Muy
bien prisioneros- dijo otra seguidora- Salgan, pero no tramen nada. Los
estaremos vigilando-
En ese momento la
muchacha nos abrió la puerta y nos dejó salir a un patio gigante en el que se
agrupó una gran cantidad de chicos, quienes seguramente debían ser los
opositores de Luzbel.
-En
estos momentos, mis queridos enemigos, son libres por unas horas, hasta que
nosotros terminemos de cenar. En la esquina verán que hay un pequeño puesto en
donde ustedes podrán servirse comida como todos los días. Repito esto porque
tenemos una nueva invitada, amiga de mi futura fuerza. Coman y disfruten este
momento-
Cuando el monstruo
terminó de hablar, algunos de los capturados fueron en busca de comida. No
tenía hambre, así que me quedé con mi nuevo amigo.
-Muchachos,
ella es Rebecca- Eric se veía muy bien para haber estado encerrado en esta
cueva por cinco meses
-Hola-
dije tratando de ser amistosa con mis nuevos compañeros de prisión
-Hola,
mi nombre es Todd. He estado en cerrado aquí hace cinco meses-
-Él es
mi hermano. La hija del toro nos capturó a ambos y a la vez-
-Ah.
¿Cuál es lo máximo que alguien ha estado aquí?- pregunté
-Un año
y medio-me contestó- Su nombre es Jenny. La chica que está sentada en aquella
mesa- me señaló con su dedo a una pequeña niña que estaba cerca de la pared.
Me acerqué
lentamente a ella, temiendo que fuera agresiva al estar tanto tiempo encerrada.
Cuando llegué a la mesa me recibió con una sonrisa.
-¿Cómo
te llamas?- le pregunté sonriéndole
No me contestó.
Otro chico se me acercó. Se veía agradable.
-Lamento
decirte que es muda-
-Oh,
pobre niña- contesté- ¿Se puede saber, al menos, tu nombre?-
-Laurent-
dijo- Laurent Dumieur-
-Un
placer. Soy...-
-Rebecca
Davis, pero prefieres que te llamen Begg- me contestó muy veloz
-Sí.
¿De dónde te conozco?-
-De pequeños
solíamos jugar juntos-dijo sonriéndome
Lo recordé y no lo
podía creer. El galán de la prisión era un amigo de hace ya muchos años. Estaba
más lindo ahora, pero el problema era que de pequeña me gustaba y siempre me
peleaba con todas por él.
-Cuántos
años sin vernos- le dije
-¿Aún
sigues siendo mi novia?- me preguntó
-¿Qué?-
Siempre decíamos
que éramos novios y que en el futuro, cuando fuéramos grandes, nos casaríamos y
tendríamos dos hijos.
-Ah,
no- le dije riendo
-Pudiste
encontrar a tú media naranja, me imagino-
-Sí,
pero viéndote ahora...- le dije
-No
cambies de opinión. Tendrías mucha competencia-
-Lo sé-
le dije
-Pero
estoy totalmente seguro de que les ganarías-
Me quedé callada,
mirándolo. Sus ojos color miel, su pelo con flequillo al costado. Estaba igual,
solo que esa fue la primera vez que me tildé mirándolo. Muy dentro de mí sentí
una sensación, no sabía qué era, pero estaba segura de que sería una buena
señal.
-Hey,
¿estás bien?- me dijo levantándome la cara con uno de sus dedos
-Emm,
sí- le contesté. Mi voz había disminuído. Se rió- Estaba pensando-
-¿En
qué?-
-Nada
importante- dije moviendo rápidamente mi cabeza de izquierda a derecha
Se quedó viéndome.
Algo en él hizo que me quedara sin palabras. Tantas cosas debía contarle, de
esos años en los que dejé de verlo. Estaba impactada por cómo nos hacía cambiar
los años.
-Disculpa,
Es que...-
-Tanto
tiempo sin vernos hizo que cambiemos-
-Sí,
eso. Emm...era justo-tragó saliva- lo que iba a decir-
¡Estaba
tartamudeando! Nadie me había tartamudeado, eso hacía que se viera más tierno.
Recordé que, cuando éramos pequeños, se trababa al hablar conmigo. Siempre
supuse que no sabía hablar.
-No
tartamudees- le dije riendo
-No sé
por qué lo hago-
Ahí, una muchacha
se acercó a nosotros. Su pelo era enrulado, sus ojos eran verdes claros, su
piel era blanca, pero era verdaderamente bella y la envidiaba.
-Hola,
Laurent- dijo- ¿Quién es tu amiga?- dijo mirándome de los pies a la cabeza,
como despreciando lo que era en comparación con ella
-Hola.
Ella es Begg, una de mis mejores amigas- siempre me miraba, nunca a ella
-Ah.
¿Tú mejor amiga?- repitió lo que Laurent había dicho
-Sí. Y
es un verdadero placer haberla encontrado otra vez-
-¿Y tú
quién eres?- pregunté amistosa al ver su expresión
-Diane-
me contestó
-Que
lindo nombre- le dije
-Gracias-
dijo sonriendo. Pareció que jamás se lo habían dicho
Laurent se fue al
ver que otras chicas se acercaban para ver qué estaba pasando ahí para que
Diane se pusiera enojada, antes de lo que le dije.
Tres horas pasaron.
Diane y yo comenzamos a hacernos muy buenas amigas. En ese momento, Un seguidor
se me acercó. Tomó a Diane del brazo y la empujó. Éste me tomó a mí.
A lo lejos se vio a
Laurent corriendo hacia donde el chico te tomó.
-¿Qué
te pasa?- le dijo Laurent
-Aléjate
o conseguirás problemas-
-El
único que tendrá problemas eres tú si no la sueltas-
Detrás de Laurent,
un grupo de muchachos se estaban preparando. Ahí, el seguidor me tiró al piso.
Laurent estaba tan enojado que no podía controlar su ira. Se lanzó contra el
seguidor con toda su fuerza, dejándolo lastimado en el suelo. Me levantó.
-¿Estás
bien?- preguntó preocupado
-Sí,
gracias-
-Si te
llegaba a hacer algo lo habría...- trató de tranquilizarse
-Está
bien. En verdad te lo agradezco Laurent- dije
Una trompeta sonó
desde la cima del patio.
-¡El
ángel!- Luzbel se paró
A lo lejos se
observó a Frank volando por encima de la cueva, que, visto desde arriba era un
castillo destruido. Los lanceros arrojaban flechas y lanzas, pero logró esquivar
a todas ellas, arrojando a los lanceros de sus puestos al patio, en donde todos
comenzaron a golpear a los soldados.
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