viernes, 11 de noviembre de 2011

Capítulo 6


La cueva era húmeda y fría. El toro tenía sus secuaces al igual que Caroline tenía las suyas, solo que éstos sólo pensaban en la muerte y eran más numerosos. Éstos eran chicos de todas las edades y de diferentes partes del mundo. Lo malo era que ninguno se entendía. Nadie hablaba. Trabajaban sin cesar.
El toro se paro sobre una roca.
                        -Queridos hijos- dijo el toro- Sé muy bien que estos años han sido complicados para todos, principalmente para ustedes, pero debo decirles que conseguimos a la prisionera-
            Se oyeron gritos de festejo. La discípula me tomó fuerte del brazo y me llevó junto a Luzbel.
                        -Ésta muchacha es nuestra prisionera. Su nombre es Rebecca. Ninguno de ustedes debe hablarle, nadie se acercará a ella, ni la tocará. Cada uno de ustedes sabe muy bien qué pasaría si alguna de mis órdenes no se cumplen. Espero que no se hayan olvidado de sus compañeros que las han desobedecido y confío que no se volverá a repetir, porque la próxima vez van a morir todos, con excepción de mis más leales servidores que ya saben quienes son. Mi querida hija Stephanie les dirá algo muy importante-
                        -Esclavos al igual que yo, he venido a contarles lo que nuestro querido padre ha hecho el día de hoy. Deben acordarse de ese ángel llamado Frank Danibelle, pues éste estaba volando junto a nuestra invitada de honor- dijo riéndose, a quien acompañaron los otros malévolos compañeros- Lamentablemente debo decir la palabra prohibida, mi señor, el ángel y la humana están enamorados. Nuestro Dios, Luzbel, ha ideado un plan que nos salvará a todos de ésta vida que bastante hay que agradecer. El plan es atraer al muchacho hacia aquí en la búsqueda de su amada. En el momento en el que trate de liberarla, caerá en una trampa, pues en la celda en donde pondremos a la prisionera tendrá una jaula de sorpresa. En cuanto él la toque, la jaula aparecerá, y éste estará dentro de ella. Nuestro amo y señor lo colocará frente a nuestras caras. Cada uno de ustedes deberá tomar una parte de él: cabello, uña, piel y sangre, pero no lo deben matar. Oh, no queridos míos, sino que lo tendremos atrapado aquí para siempre hasta el día en el que muera y sus restos queden siempre en la misma jaula-
            Las últimas palabras hicieron que todos comenzaran a gritar. Parece que harán una especie de ritual o algo por el estilo, en la que hará que el toro, su amo, se fortalezca. Eso lo haría invencible.
                        -Muchachos... ¡es hora de la fiesta!-gritó Luzbel
            En ese momento una música diabólica comenzó a sonar. Todos estaban bailando y cantando. Stephanie se acercó a mí.
                        -¿Tienes ganas de salir, querida?- me dijo- Olvídalo
                        -¿Por qué me haces todo esto?- le pregunté
                        -Porque hará que mi señor se sienta mejor-
                        -¿Y en qué te ayudará esto? Tú no te beneficiarás-
                        -Claro que sí. Al ver a mi amo feliz, yo también lo seré-
                        -¿Y qué hará con ustedes siendo más fuerte? Ya no los necesitará-
                        -No es cierto. El amo siempre nos necesitará-
                        -Tratas de creerte eso tú misma, pero las dos sabemos que no es verdad-
                        -¡Cállate! O morirás antes de lo que esperas y no podrás ver a tu amado-
                        -Pues me necesitan para atraerlo-
                        -En realidad, no- dijo- Con el amo creamos una poción en la que si pongo tan solo un cabello tuyo, me convertiré en ti-
            No lo podía creer, se transformaría en mí tan pronto como ella lo quisiera. No podía dejar que eso pasara. Frank se confundiría y pensaría que ella era yo. Ahí creería que lo había traicionado, pero no era así. Debía impedir que lo atraparan.
            Unos seguidores me tomaron del brazo y me condujeron a otra caverna húmeda y sola. Se escuchaban nuestros pasos perfectamente. Me metieron en una celda junto con un muchacho de unos dieciocho años.
            Salí corriendo tras los seguidores antes de que cerraran la puerta de la celda, pero actué demasiado tarde. No sabía cómo salir de allí.
                        -¿Cómo te capturaron?- me preguntó mi acompañante
                        -El toro golpeó a mis amigos y me condujo sobre su lomo hasta aquí-
                        -Así que lo conoces-
                        -Sí. ¿Cómo te llamas?- le pregunté
                        -Eric-
            Era un chico muy guapo. Su pelo era castaño claro, sus ojos eran verdes, su piel de tez clara me hizo acordar a mi querido Frank Danibelle.
                        -Un placer- le contesté
                        -¿Y tú?-
                        -Rebecca Davis-
                        -¿Serás la carnada, no?-
                        -Supongo. Todavía no entiendo de qué les servirá tener a un ángel-
                        -Hará que Luzbel se vuelva más poderoso como para derrotar a cualquiera que se le oponga. Al conseguirlo, nos destruirá a todos nosotros-
                        -Espera un momento- lo detuve- ¿Quieres decirme de que hay más prisioneros?-
                        -Claro que sí. Los conocerás a todos cuando sea la hora de la cena-
            Estuve hablando con Eric mucho tiempo. Averigüé cosas que no me hubiera imaginado. La hora de la cena llegó.
                        -Muy bien prisioneros- dijo otra seguidora- Salgan, pero no tramen nada. Los estaremos vigilando-
            En ese momento la muchacha nos abrió la puerta y nos dejó salir a un patio gigante en el que se agrupó una gran cantidad de chicos, quienes seguramente debían ser los opositores de Luzbel.
                        -En estos momentos, mis queridos enemigos, son libres por unas horas, hasta que nosotros terminemos de cenar. En la esquina verán que hay un pequeño puesto en donde ustedes podrán servirse comida como todos los días. Repito esto porque tenemos una nueva invitada, amiga de mi futura fuerza. Coman y disfruten este momento-
            Cuando el monstruo terminó de hablar, algunos de los capturados fueron en busca de comida. No tenía hambre, así que me quedé con mi nuevo amigo.
                        -Muchachos, ella es Rebecca- Eric se veía muy bien para haber estado encerrado en esta cueva por cinco meses
                        -Hola- dije tratando de ser amistosa con mis nuevos compañeros de prisión
                        -Hola, mi nombre es Todd. He estado en cerrado aquí hace cinco meses-
                        -Él es mi hermano. La hija del toro nos capturó a ambos y a la vez-
                        -Ah. ¿Cuál es lo máximo que alguien ha estado aquí?- pregunté
                        -Un año y medio-me contestó- Su nombre es Jenny. La chica que está sentada en aquella mesa- me señaló con su dedo a una pequeña niña que estaba cerca de la pared.
            Me acerqué lentamente a ella, temiendo que fuera agresiva al estar tanto tiempo encerrada. Cuando llegué a la mesa me recibió con una sonrisa.
                        -¿Cómo te llamas?- le pregunté sonriéndole
            No me contestó. Otro chico se me acercó. Se veía agradable.
                        -Lamento decirte que es muda-
                        -Oh, pobre niña- contesté- ¿Se puede saber, al menos, tu nombre?-
                        -Laurent- dijo- Laurent Dumieur-
                        -Un placer. Soy...-
                        -Rebecca Davis, pero prefieres que te llamen Begg- me contestó muy veloz
                        -Sí. ¿De dónde te conozco?-
                        -De pequeños solíamos jugar juntos-dijo sonriéndome
            Lo recordé y no lo podía creer. El galán de la prisión era un amigo de hace ya muchos años. Estaba más lindo ahora, pero el problema era que de pequeña me gustaba y siempre me peleaba con todas por él.
                        -Cuántos años sin vernos- le dije
                        -¿Aún sigues siendo mi novia?- me preguntó
                        -¿Qué?-
            Siempre decíamos que éramos novios y que en el futuro, cuando fuéramos grandes, nos casaríamos y tendríamos dos hijos.
                        -Ah, no- le dije riendo
                        -Pudiste encontrar a tú media naranja, me imagino-
                        -Sí, pero viéndote ahora...- le dije
                        -No cambies de opinión. Tendrías mucha competencia-
                        -Lo sé- le dije
                        -Pero estoy totalmente seguro de que les ganarías-
            Me quedé callada, mirándolo. Sus ojos color miel, su pelo con flequillo al costado. Estaba igual, solo que esa fue la primera vez que me tildé mirándolo. Muy dentro de mí sentí una sensación, no sabía qué era, pero estaba segura de que sería una buena señal.
                        -Hey, ¿estás bien?- me dijo levantándome la cara con uno de sus dedos
                        -Emm, sí- le contesté. Mi voz había disminuído. Se rió- Estaba pensando-
                        -¿En qué?-
                        -Nada importante- dije moviendo rápidamente mi cabeza de izquierda a derecha
            Se quedó viéndome. Algo en él hizo que me quedara sin palabras. Tantas cosas debía contarle, de esos años en los que dejé de verlo. Estaba impactada por cómo nos hacía cambiar los años.
                        -Disculpa, Es que...-
                        -Tanto tiempo sin vernos hizo que cambiemos-
                        -Sí, eso. Emm...era justo-tragó saliva- lo que iba a decir-
            ¡Estaba tartamudeando! Nadie me había tartamudeado, eso hacía que se viera más tierno. Recordé que, cuando éramos pequeños, se trababa al hablar conmigo. Siempre supuse que no sabía hablar.
                        -No tartamudees- le dije riendo
                        -No sé por qué lo hago-
            Ahí, una muchacha se acercó a nosotros. Su pelo era enrulado, sus ojos eran verdes claros, su piel era blanca, pero era verdaderamente bella y la envidiaba.
                        -Hola, Laurent- dijo- ¿Quién es tu amiga?- dijo mirándome de los pies a la cabeza, como despreciando lo que era en comparación con ella
                        -Hola. Ella es Begg, una de mis mejores amigas- siempre me miraba, nunca a ella
                        -Ah. ¿Tú mejor amiga?- repitió lo que Laurent había dicho
                        -Sí. Y es un verdadero placer haberla encontrado otra vez-
                        -¿Y tú quién eres?- pregunté amistosa al ver su expresión
                        -Diane- me contestó
                        -Que lindo nombre- le dije
                        -Gracias- dijo sonriendo. Pareció que jamás se lo habían dicho
            Laurent se fue al ver que otras chicas se acercaban para ver qué estaba pasando ahí para que Diane se pusiera enojada, antes de lo que le dije.
            Tres horas pasaron. Diane y yo comenzamos a hacernos muy buenas amigas. En ese momento, Un seguidor se me acercó. Tomó a Diane del brazo y la empujó. Éste me tomó a mí.
            A lo lejos se vio a Laurent corriendo hacia donde el chico te tomó.
                        -¿Qué te pasa?- le dijo Laurent
                        -Aléjate o conseguirás problemas-
                        -El único que tendrá problemas eres tú si no la sueltas-
            Detrás de Laurent, un grupo de muchachos se estaban preparando. Ahí, el seguidor me tiró al piso. Laurent estaba tan enojado que no podía controlar su ira. Se lanzó contra el seguidor con toda su fuerza, dejándolo lastimado en el suelo. Me levantó.
                        -¿Estás bien?- preguntó preocupado
                        -Sí, gracias-
                        -Si te llegaba a hacer algo lo habría...- trató de tranquilizarse
                        -Está bien. En verdad te lo agradezco Laurent- dije
            Una trompeta sonó desde la cima del patio.
                        -¡El ángel!- Luzbel se paró
            A lo lejos se observó a Frank volando por encima de la cueva, que, visto desde arriba era un castillo destruido. Los lanceros arrojaban flechas y lanzas, pero logró esquivar a todas ellas, arrojando a los lanceros de sus puestos al patio, en donde todos comenzaron a golpear a los soldados.

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