miércoles, 16 de noviembre de 2011

Capítulo 8


            Ya se había hecho sábado, y un día especial estaba más cercano que nunca. Solo dos días más e iba a estar junto con mi padre y las chicas. Lo que más me entusiasmaba era que iba a hablar con mi padre sobre las cosas las cuales se había perdido de mi vida y me contaría todo lo que había sucedido en esos diez años.
            La enfermera entró a la enfermería y dijo que ya podía marcharme a clases, que la directora había dicho que se daría aprendizaje solo por esa vez en un fin de semana, y que mis heridas ya habían sanado. Feliz por la noticia, me levanté apuradamente de la camilla y me dirigí a clases.
                        -Oh, señorita Davis, espero que se sienta mejor. Debo decirle que su compañero de banco ya tiene una acompañante. Es una alumna de intercambio. En este mes se quedará en el colegio para aprender nuestras costumbres y lo que enseñemos en el instituto. Su nombre es Claricé de Charmiaunt, pero puede sentarse con su hermano, el joven Travis de Charmiaunt-
                        -Está bien, no tengo ningún inconveniente-le dije a la profesora
            Me senté junto a un joven guapísimo. Su pelo era negro azabache, medio enrulado. Sus ojos eran una mezcla de miel, marrón y verde. Su cutis era perfecto.
            Tranquilamente seguí viendo el tema del día: La conquista de México y Perú. El tema lo tenía sabido, ya que mientras me encontraba en la enfermería, las chicas me llevaron el libro de historia y aproveché para ver lo que veríamos en las clases siguientes, así que pude contestar todas las preguntas que había hecho la profesora. Cada vez que levantaba la mano Travis me observaba, escuchando cada palabra de lo que decía y tomaba nota de ello. Parecía una persona confiable y sincera, alguien a quien podría contarle todo lo que pensaba y, principalmente, estudioso.
            Al sonar el timbre del almuerzo, esperé a Travis en la puerta del aula. Cuando salió pude hablar con él, pero tuve la impresión de que alguien nos observaba.
                        -Hola. Espero que te halla gustado el colegio por ahora- le dije amablemente
                        -La verdad es que no lo conozco. Solo vi el aula y la oficina de la directora Sawner- me contestó
                        -Si quieres te puedo enseñar la escuela, y no cobro-
                        -Vale- dijo Travis riendo
            Entramos al comedor. Por suerte nadie nos miraba de la manera que hacía que me enojara, así que le empecé a decir quienes se sentaban en las diferentes mesas. Tomamos nuestra comida y nos sentamos junto a Nicholas, Cady, Michelle y Mae. Mirando alrededor, ni Frank ni Claricé estaban allí. La chica gótica, seguidora del toro, había desaparecido.
            Travis ya había terminado su almuerzo, entonces decidí que sería mejor que le fuera a mostrar todo lo que faltaba del colegio.
            Lo vi muy emocionado al decirle que le mostraría lugares donde yo y solamente yo sabía dónde estaban. Jamás le había dicho una sola palabra a alguien. Fuimos piso por piso y aula por aula. Pero aún faltaba la mejor parte del recorrido.
                        -Ahora falta lo más especial del instituto- le dije-los jardines-
            Salimos del colegio y le mostré el pequeño jardín donde siempre iba cuando estaba triste. Las flores ya habían crecido, la tierra estaba llena de raíces, un banco que se encontraba al fondo tenía alrededor violetas.
                        -Que hermoso- dijo Travis. Me estaba mirando
                        -Lo sé. ¿Alguna vez habías visto unas flores más maravillosas?-
                        -No, y nada se la puede comparar- continuaba mirándome
                        -Esos bellos colores que tiene-
                        -El hermoso color negro-
                        -¿De qué estás hablando?- le pregunté con una sonrisa
                        -De la criatura más hermosa que mis ojos jamás habían visto-
                        -No te entiendo-
                        -Tú-
            Perfecto, tierno y además poeta, ¿qué más se podía pedir en un muchacho? Travis se me fue acercando. No supe qué hacer.
                        -Travis, por favor, no es el momento-
                        -No te pienso apurar. Te esperaré-
                        -No estés tan seguro- dijo una voz
            Me quería matar. Era Frank. Sus ojos eran rojos carmesí, tenía su puño preparado para golpear a Travis. Traté de impedirlo, pero justo antes de que interviniera en la pelea, Claricé cruzó la reja del jardín.
                        -Gracias por mostrarme el colegio, Frank-
            Se le lanzó a los labios. Lo estaba besando. Sus ojos ya no eran rojos carmesí,  desaparecieron y volvieron a su color natural. Claricé lo estaba besando, al único chico a quien amaba. Mi corazón se rompió en mil pedazos. No lo pude resistir. Me comenzaron a caer lágrimas. Corrí lo más que pude y fue demasiado. Frank tomó a Claricé, y la movió de sus labios y corrió tras mío. Por primera vez, su velocidad no fue mayor que la mía. Estaba destrozada. Corriendo me dirigí a la habitación, donde las chicas se estaban preparando para el día de la salida. Me vieron llorar y dejaron todo lo que estaban haciendo. Se pusieron al lado mío, diciendo cosas que trataran de calmarme, pero no escuchaba una sola letra de lo que decían, pues la imagen de Frank y Claricé se repetía en mi mente. En ese momento lo supe, odiaba a Frank, jamás le iba a volver a hablar.
                        -Begg, ¿estás allí dentro?-era Frank-Por favor, déjame hablar contigo-
            Mae se levantó y abrió la puerta.
                        -Mae, déjame pasar, debo hablar con Rebecca...-
                        -No te dejaré pasar. ¿Qué no te das cuenta de lo que hiciste? Quiero que te vallas y que nunca más vuelvas por aquí, ni que te le acerques a Rebecca ni nada por el estilo ¿Me escuchaste?-
                        -Pero...-
                        -No volveré a repetir lo que dije, vete y no molestes más-
            Frank se fue. Ya no me importaba en lo absoluto lo que fuera a pasar con él. Me había lastimado de una forma en la que nunca me olvidaría. Siempre creí que estaríamos juntos, que nuestro amor continuaría, pero estaba en un grave error. Para mí los finales felices no existían ni existirían.
            Al tocar la campana de vuelta a clases, Travis me esperaba en la puerta de mi habitación. Se lo veía mal por lo que me había pasado.
                        -Rebecca, no sabes cuánto lamento lo que pasó. Es toda mi culpa. Si no hubiese dicho nada, estoy seguro de que esto no habría pasado. Lo siento en verdad-
                        -No es tu culpa, Travis. Es más, estoy en deuda contigo. Hiciste que abriera los ojos y ver que Frank me haría eso tarde o temprano, pero ahora estás tú para acompañarme y hacerme bien. En verdad creo que eres un muchacho tierno y confiable. Me gustaría comenzar una relación contigo, pero antes necesito un tiempo para poder superar todo esto y conocerte más-
                        -Como tú lo prefieras- dijo con una pequeña sonrisa
                        -Gracias. Es mejor que vallamos a clases-
            Puede ser que pareciera que iba a usar a Travis para olvidarme de Frank, pero no, no era así. Nunca habría pensado en ello. Él me amaba, y supuse que me gustaba también. Ya todo había terminado. Frank Danibelle solo era un mal recuerdo para mí.
            Entramos a clases y el banco que estaba junto a Frank estaba vacío, pues a Claricé se la habían llevado a otro instituto. Nadie sabía por qué. Era seguro de que no era por lo que me había hecho. Me senté con Travis.
                        -Muy bien clase. Abran el libro “Mitos Griegos” de Mary Pope Osborne en la página diez y comiencen la lectura en voz alta. Leerá la señorita Davis hasta un punto y aparte. Luego sigue Danibelle-
                        -Primer capítulo, El Carro Del Dios Sol. Faetón entró en el resplandeciente palacio y se dirigió hacia el salón del trono. Al llegar se detuvo en el umbral, cegado por el brillo de Helios, el dios sol, quien, vestido de púrpura, se encontraba sentado en su trono de esmeraldas. A su alrededor estaban sus ayudantes Día, Mes, Año, Centuria, Horas, Primavera, Verano, Otoño e Invierno-
                        -Bien, sigue Danibelle-
            En ese momento comencé a pensar en otras cosas, como qué me pondría para la salida, cómo lo pasaría, qué me compraría. Cada detalle me quedé pensando mientras Danibelle leía. Cada minuto, cada hora que pasaba me ponía más nerviosa y entusiasmada. Obviamente seguía mal por lo que había pasado en las últimas horas, pero debía continuar, no quedarme en el pasado que me pondría mal y me quitaría lo que me quedaba: parte de mi felicidad.
            Así el día fue pasando con velocidad. El timbre de fin de clases había finalizado. Salí corriendo del aula sabiendo que Frank Danibelle querría hablar y así fue. Corrió tras mío gritándome que me detuviera. Cuando llegué a la habitación, cerré la puerta velozmente para que no pudiera entrar. Tomé mi valija y puse toda la ropa que tenía.
                        -Begg, por favor, ábreme la puerta, debemos hablar- decía Frank
            No le contestaba, seguía en lo mío. Oí la voz de Clarissa gritando enojada espantando al molesto que se hallaba del otro lado de la puerta de la habitación. Entraron las chicas. Todas terminaron ya de hacer sus valijas y estaban preparadas para irse en unas pocas horas.
            Cuando logré terminar el bolso, me puse el pijama y fui a dormir. Comencé a soñar otra vez.
            Una hermosa voz se escuchaba cantar suavemente a lo lejos del pasillo de un edificio. Una joven de unos trece años, rubia, de ojos verdes y tez blanca salía de una de las habitaciones. Estaba segura de que estaba improvisando con el ritmo de una canción de cuna. Que voz tan bella se oía. Llevaba puesto un vestido blanco y estaba descalza.
            Una puerta que estaba frente a ella, se abrió como por arte de magia y ésta la atravesó. Ahí estaba yo, acercándome para ver qué había sido de la niña de rizos rubios. Al acercarme a la puerta, una luz me cegó por completo. No podía ver nada, pero la atravesé al igual que la chica. Al desaparecer la luz, me hallaba en un gran jardín. A lo lejos se podía divisar un bello castillo. Corrí hacia él. Al pararme frente al puente, unos hombres aparecieron con unas trompetas en las manos. Había algo que no me gustaba en esos hombres. Al entrecerrar los ojos, éstos no tenían rostro. Entre el puente y la puerta del castillo estaba la niña, parada, quieta. Le grité. Al darse la vuelta, ya sus ojos no eran verdes, eran como las de una serpiente. Ella me sonrió y mostró unos colmillos y una horrible lengua partida en dos, ya no era una niña. Las uñas le comenzaron a crecer, su pelo se fue alargando y alisándose. Se me acercaba, lentamente. Cuando parpadeé, la niña estaba allí, mirándome. Cambió. Se normalizó.  Me habló. Me dijo éstas palabras: NO DEBES TEMER A LO QUE LE TEMES. NO DEBES ODIAR A LO QUE ODIAS, SOLO PIENSA EN ALGO FELIZ, QUE TODO CAMBIARÁ. LO QUE NO QUIERES QUE ESTÉ ALLÍ, ESTARÁ. LO QUE SIENTES NO SE DESVANECERÁ. DEJA DE IMAGINAR COSAS QUE NO SE HARÁN REALIDAD.


            Cuando abrí mis ojos ya era de día. Las palabras jamás se fueron de mi mente. No podía creer lo que había sucedido. Lo que me había dicho tenía sentido, pero no quería comprenderlo. Deduje cada frase. “No debo temerle al futuro, no debo odiar a Frank ni a Claricé, solo debo pensar en algo feliz, y todo cambiará. Aunque no quiera que Frank esté a donde valla, él estará, lo que siento por él, jamás se desvanecerá. Debo dejar de creer que lo que sueño se hará realidad”. Lo que pensaba no tenía sentido. Pero era eso. No odiaré a Frank, solo no le hablaré hasta que se me pase lo que sucedió. Es probable que el viaje haga que toda tristeza se valla y deje que solo la felicidad reine en mí.
            Estaba totalmente sorprendida. Estaba enojada con Frank, no sé si lo volvería a querer como antes, eso dependía del tiempo y de cómo me fuera sintiendo.
            Las chicas aparecieron muy emocionadas por el viaje y yo también lo estaba,  solo que me seguía sintiendo mal por lo sucedido, pero esperaba recuperarme y estar con todo el entusiasmo que pudiera tener, como el mismo que tuve antes de eso. Preferí ya no pensar más en ello. Solo en lo que iba a venir.
            Pensé durante mucho tiempo en lo que haría después de llegar del viaje y a dónde iríamos, pues mi padre me dijo que visitaríamos un lugar en el que siempre quise ir. No se cuál sería ese fantástico lugar, pero estoy segura de que lo disfrutaré.
            Seguí pensando sobre comprar ropa con las chicas y un vestido, ya que la directora Sawner había organizado una fiesta de máscaras. Esto me resultó muy divertido e irían chicos de nuestras mismas edades. También nos había dicho que, al finalizar la fiesta, todos deberíamos quitarnos las máscaras para ver el rostro de la persona con quien estaríamos hablando. En verdad deduje que así podría estar con Travis sin que alguien se diera cuenta y Frank no me reconocería, seguramente.
            Luego de unos minutos, me recosté en la cama imaginando cómo sería todo. Mi imaginación iba más allá de lo que cualquier imaginación podría ir. Tenía ya planeado qué vestido buscar. Éste debía ser blanco y beige. La parte de arriba debía ser algo escotado, en la cintura un corcette, que vendría junto con el vestido, y sería blanco. También sería un vestido largo. En la parte de la campana, habría un corte en V, donde estará la tela blanca debajo del beige. Los zapatos tendrían que ser de color blanco, para que combinaran con el vestido. No estaba segura si es que alguien ya había diseñado ese vestido, y si fuera así, debía ser mío.
            Finalmente me dormí, sin tener sueños ni pesadillas.

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