Ya se había hecho
sábado, y un día especial estaba más cercano que nunca. Solo dos días más e iba
a estar junto con mi padre y las chicas. Lo que más me entusiasmaba era que iba
a hablar con mi padre sobre las cosas las cuales se había perdido de mi vida y
me contaría todo lo que había sucedido en esos diez años.
La enfermera entró
a la enfermería y dijo que ya podía marcharme a clases, que la directora había
dicho que se daría aprendizaje solo por esa vez en un fin de semana, y que mis
heridas ya habían sanado. Feliz por la noticia, me levanté apuradamente de la
camilla y me dirigí a clases.
-Oh,
señorita Davis, espero que se sienta mejor. Debo decirle que su compañero de
banco ya tiene una acompañante. Es una alumna de intercambio. En este mes se
quedará en el colegio para aprender nuestras costumbres y lo que enseñemos en
el instituto. Su nombre es Claricé de Charmiaunt, pero puede sentarse con su
hermano, el joven Travis de Charmiaunt-
-Está
bien, no tengo ningún inconveniente-le dije a la profesora
Me senté junto a un
joven guapísimo. Su pelo era negro azabache, medio enrulado. Sus ojos eran una
mezcla de miel, marrón y verde. Su cutis era perfecto.
Tranquilamente
seguí viendo el tema del día: La conquista de México y Perú. El tema lo tenía
sabido, ya que mientras me encontraba en la enfermería, las chicas me llevaron
el libro de historia y aproveché para ver lo que veríamos en las clases
siguientes, así que pude contestar todas las preguntas que había hecho la
profesora. Cada vez que levantaba la mano Travis me observaba, escuchando cada
palabra de lo que decía y tomaba nota de ello. Parecía una persona confiable y
sincera, alguien a quien podría contarle todo lo que pensaba y, principalmente,
estudioso.
Al sonar el timbre
del almuerzo, esperé a Travis en la puerta del aula. Cuando salió pude hablar
con él, pero tuve la impresión de que alguien nos observaba.
-Hola.
Espero que te halla gustado el colegio por ahora- le dije amablemente
-La
verdad es que no lo conozco. Solo vi el aula y la oficina de la directora
Sawner- me contestó
-Si
quieres te puedo enseñar la escuela, y no cobro-
-Vale-
dijo Travis riendo
Entramos al
comedor. Por suerte nadie nos miraba de la manera que hacía que me enojara, así
que le empecé a decir quienes se sentaban en las diferentes mesas. Tomamos
nuestra comida y nos sentamos junto a Nicholas, Cady, Michelle y Mae. Mirando
alrededor, ni Frank ni Claricé estaban allí. La chica gótica, seguidora del
toro, había desaparecido.
Travis ya había
terminado su almuerzo, entonces decidí que sería mejor que le fuera a mostrar
todo lo que faltaba del colegio.
Lo vi muy
emocionado al decirle que le mostraría lugares donde yo y solamente yo sabía
dónde estaban. Jamás le había dicho una sola palabra a alguien. Fuimos piso por
piso y aula por aula. Pero aún faltaba la mejor parte del recorrido.
-Ahora
falta lo más especial del instituto- le dije-los jardines-
Salimos del colegio
y le mostré el pequeño jardín donde siempre iba cuando estaba triste. Las
flores ya habían crecido, la tierra estaba llena de raíces, un banco que se
encontraba al fondo tenía alrededor violetas.
-Que
hermoso- dijo Travis. Me estaba mirando
-Lo sé.
¿Alguna vez habías visto unas flores más maravillosas?-
-No, y
nada se la puede comparar- continuaba mirándome
-Esos
bellos colores que tiene-
-El
hermoso color negro-
-¿De
qué estás hablando?- le pregunté con una sonrisa
-De la
criatura más hermosa que mis ojos jamás habían visto-
-No te
entiendo-
-Tú-
Perfecto, tierno y
además poeta, ¿qué más se podía pedir en un muchacho? Travis se me fue
acercando. No supe qué hacer.
-Travis,
por favor, no es el momento-
-No te
pienso apurar. Te esperaré-
-No
estés tan seguro- dijo una voz
Me quería matar.
Era Frank. Sus ojos eran rojos carmesí, tenía su puño preparado para golpear a
Travis. Traté de impedirlo, pero justo antes de que interviniera en la pelea,
Claricé cruzó la reja del jardín.
-Gracias
por mostrarme el colegio, Frank-
Se le lanzó a los
labios. Lo estaba besando. Sus ojos ya no eran rojos carmesí, desaparecieron y volvieron a su color
natural. Claricé lo estaba besando, al único chico a quien amaba. Mi corazón se
rompió en mil pedazos. No lo pude resistir. Me comenzaron a caer lágrimas.
Corrí lo más que pude y fue demasiado. Frank tomó a Claricé, y la movió de sus
labios y corrió tras mío. Por primera vez, su velocidad no fue mayor que la
mía. Estaba destrozada. Corriendo me dirigí a la habitación, donde las chicas
se estaban preparando para el día de la salida. Me vieron llorar y dejaron todo
lo que estaban haciendo. Se pusieron al lado mío, diciendo cosas que trataran
de calmarme, pero no escuchaba una sola letra de lo que decían, pues la imagen
de Frank y Claricé se repetía en mi mente. En ese momento lo supe, odiaba a
Frank, jamás le iba a volver a hablar.
-Begg,
¿estás allí dentro?-era Frank-Por favor, déjame hablar contigo-
Mae se levantó y
abrió la puerta.
-Mae,
déjame pasar, debo hablar con Rebecca...-
-No te
dejaré pasar. ¿Qué no te das cuenta de lo que hiciste? Quiero que te vallas y
que nunca más vuelvas por aquí, ni que te le acerques a Rebecca ni nada por el
estilo ¿Me escuchaste?-
-Pero...-
-No
volveré a repetir lo que dije, vete y no molestes más-
Frank se fue. Ya no
me importaba en lo absoluto lo que fuera a pasar con él. Me había lastimado de
una forma en la que nunca me olvidaría. Siempre creí que estaríamos juntos, que
nuestro amor continuaría, pero estaba en un grave error. Para mí los finales
felices no existían ni existirían.
Al tocar la campana
de vuelta a clases, Travis me esperaba en la puerta de mi habitación. Se lo
veía mal por lo que me había pasado.
-Rebecca,
no sabes cuánto lamento lo que pasó. Es toda mi culpa. Si no hubiese dicho
nada, estoy seguro de que esto no habría pasado. Lo siento en verdad-
-No es
tu culpa, Travis. Es más, estoy en deuda contigo. Hiciste que abriera los ojos
y ver que Frank me haría eso tarde o temprano, pero ahora estás tú para
acompañarme y hacerme bien. En verdad creo que eres un muchacho tierno y
confiable. Me gustaría comenzar una relación contigo, pero antes necesito un
tiempo para poder superar todo esto y conocerte más-
-Como
tú lo prefieras- dijo con una pequeña sonrisa
-Gracias.
Es mejor que vallamos a clases-
Puede ser que
pareciera que iba a usar a Travis para olvidarme de Frank, pero no, no era así.
Nunca habría pensado en ello. Él me amaba, y supuse que me gustaba también. Ya
todo había terminado. Frank Danibelle solo era un mal recuerdo para mí.
Entramos a clases y
el banco que estaba junto a Frank estaba vacío, pues a Claricé se la habían
llevado a otro instituto. Nadie sabía por qué. Era seguro de que no era por lo
que me había hecho. Me senté con Travis.
-Muy
bien clase. Abran el libro “Mitos Griegos” de Mary Pope Osborne en la página
diez y comiencen la lectura en voz alta. Leerá la señorita Davis hasta un punto
y aparte. Luego sigue Danibelle-
-Primer
capítulo, El Carro Del Dios Sol. Faetón entró en el resplandeciente palacio y
se dirigió hacia el salón del trono. Al llegar se detuvo en el umbral, cegado
por el brillo de Helios, el dios sol, quien, vestido de púrpura, se encontraba
sentado en su trono de esmeraldas. A su alrededor estaban sus ayudantes Día,
Mes, Año, Centuria, Horas, Primavera, Verano, Otoño e Invierno-
-Bien,
sigue Danibelle-
En ese momento
comencé a pensar en otras cosas, como qué me pondría para la salida, cómo lo
pasaría, qué me compraría. Cada detalle me quedé pensando mientras Danibelle
leía. Cada minuto, cada hora que pasaba me ponía más nerviosa y entusiasmada.
Obviamente seguía mal por lo que había pasado en las últimas horas, pero debía
continuar, no quedarme en el pasado que me pondría mal y me quitaría lo que me
quedaba: parte de mi felicidad.
Así el día fue
pasando con velocidad. El timbre de fin de clases había finalizado. Salí
corriendo del aula sabiendo que Frank Danibelle querría hablar y así fue.
Corrió tras mío gritándome que me detuviera. Cuando llegué a la habitación,
cerré la puerta velozmente para que no pudiera entrar. Tomé mi valija y puse
toda la ropa que tenía.
-Begg,
por favor, ábreme la puerta, debemos hablar- decía Frank
No le contestaba,
seguía en lo mío. Oí la voz de Clarissa gritando enojada espantando al molesto
que se hallaba del otro lado de la puerta de la habitación. Entraron las chicas.
Todas terminaron ya de hacer sus valijas y estaban preparadas para irse en unas
pocas horas.
Cuando logré
terminar el bolso, me puse el pijama y fui a dormir. Comencé a soñar otra vez.
Una hermosa voz se escuchaba cantar
suavemente a lo lejos del pasillo de un edificio. Una joven de unos trece años,
rubia, de ojos verdes y tez blanca salía de una de las habitaciones. Estaba
segura de que estaba improvisando con el ritmo de una canción de cuna. Que voz
tan bella se oía. Llevaba puesto un vestido blanco y estaba descalza.
Una puerta que estaba frente a ella, se abrió como por
arte de magia y ésta la atravesó. Ahí estaba yo, acercándome para ver qué había
sido de la niña de rizos rubios. Al acercarme a la puerta, una luz me cegó por
completo. No podía ver nada, pero la atravesé al igual que la chica. Al
desaparecer la luz, me hallaba en un gran jardín. A lo lejos se podía divisar
un bello castillo. Corrí hacia él. Al pararme frente al puente, unos hombres
aparecieron con unas trompetas en las manos. Había algo que no me gustaba en
esos hombres. Al entrecerrar los ojos, éstos no tenían rostro. Entre el puente
y la puerta del castillo estaba la niña, parada, quieta. Le grité. Al darse la
vuelta, ya sus ojos no eran verdes, eran como las de una serpiente. Ella me
sonrió y mostró unos colmillos y una horrible lengua partida en dos, ya no era
una niña. Las uñas le comenzaron a crecer, su pelo se fue alargando y
alisándose. Se me acercaba, lentamente. Cuando parpadeé, la niña estaba allí,
mirándome. Cambió. Se normalizó. Me
habló. Me dijo éstas palabras: NO DEBES TEMER A LO QUE LE TEMES. NO DEBES ODIAR
A LO QUE ODIAS, SOLO PIENSA EN ALGO FELIZ, QUE TODO CAMBIARÁ. LO QUE NO QUIERES
QUE ESTÉ ALLÍ, ESTARÁ. LO QUE SIENTES NO SE DESVANECERÁ. DEJA DE IMAGINAR COSAS
QUE NO SE HARÁN REALIDAD.
Cuando abrí mis
ojos ya era de día. Las palabras jamás se fueron de mi mente. No podía creer lo
que había sucedido. Lo que me había dicho tenía sentido, pero no quería
comprenderlo. Deduje cada frase. “No debo temerle al futuro, no debo odiar a
Frank ni a Claricé, solo debo pensar en algo feliz, y todo cambiará. Aunque no
quiera que Frank esté a donde valla, él estará, lo que siento por él, jamás se
desvanecerá. Debo dejar de creer que lo que sueño se hará realidad”. Lo que
pensaba no tenía sentido. Pero era eso. No odiaré a Frank, solo no le hablaré
hasta que se me pase lo que sucedió. Es probable que el viaje haga que toda
tristeza se valla y deje que solo la felicidad reine en mí.
Estaba totalmente
sorprendida. Estaba enojada con Frank, no sé si lo volvería a querer como
antes, eso dependía del tiempo y de cómo me fuera sintiendo.
Las chicas
aparecieron muy emocionadas por el viaje y yo también lo estaba, solo que me seguía sintiendo mal por lo
sucedido, pero esperaba recuperarme y estar con todo el entusiasmo que pudiera
tener, como el mismo que tuve antes de eso. Preferí ya no pensar más en ello.
Solo en lo que iba a venir.
Pensé durante mucho
tiempo en lo que haría después de llegar del viaje y a dónde iríamos, pues mi
padre me dijo que visitaríamos un lugar en el que siempre quise ir. No se cuál
sería ese fantástico lugar, pero estoy segura de que lo disfrutaré.
Seguí pensando
sobre comprar ropa con las chicas y un vestido, ya que la directora Sawner
había organizado una fiesta de máscaras. Esto me resultó muy divertido e irían
chicos de nuestras mismas edades. También nos había dicho que, al finalizar la
fiesta, todos deberíamos quitarnos las máscaras para ver el rostro de la
persona con quien estaríamos hablando. En verdad deduje que así podría estar
con Travis sin que alguien se diera cuenta y Frank no me reconocería,
seguramente.
Luego de unos
minutos, me recosté en la cama imaginando cómo sería todo. Mi imaginación iba
más allá de lo que cualquier imaginación podría ir. Tenía ya planeado qué
vestido buscar. Éste debía ser blanco y beige. La parte de arriba debía ser
algo escotado, en la cintura un corcette, que vendría junto con el vestido, y
sería blanco. También sería un vestido largo. En la parte de la campana, habría
un corte en V, donde estará la tela blanca debajo del beige. Los zapatos
tendrían que ser de color blanco, para que combinaran con el vestido. No estaba
segura si es que alguien ya había diseñado ese vestido, y si fuera así, debía
ser mío.
Finalmente me dormí,
sin tener sueños ni pesadillas.
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