La campana sonó para que fuéramos a la clase de
Educación Física.
-Después
nos vemos- le dije a Frank
Me dirigí a la habitación, en donde Mae, Michelle y Cady
se estaban cambiando. Tomé mi pantalón de gimnasia y me lo puse velozmente.
En el gimnasio, todas las chicas estaban preparadas para
un partido de Handball que, siempre que intento tomar la pelota, alguna de mis
compañeras de equipo me la quita para que no haga puntos en contra. Esto
significaba que era un desastre en el juego. En lo único que era buena era
dibujando o jugando al football y al basketball.
En todo el partido no había hecho nada, solamente me
quedé en el arco esperando el momento en el que mis contrarias me trataran de
meter un gol, que seguramente lo harían exitosamente. Lo primero que me vino a
la mente fue el de entrar a la habitación y mirar por la ventana las bellas
estrellas titilar en esa sustancia oscura que nadie sabe cómo esta conformada.
Al volver al juego, mis contrarias estaban frente a mí tirando la pelota de un
lado al otro que me hacían perderla de vista, hasta que una de las chicas tiró
al arco ya festejando el gol, pero milagrosamente logré sujetarla, no sé cómo
lo hice, pero había logrado atraparla. Mis compañeras de equipo gritaron y me
felicitaron. El juego había finalizado. En ese momento las chicas corrieron
hacia mí preguntándome cómo lo había atrapado, ya que la que había lanzado la
pelota era la mejor de todas las jugadoras. Al mirar para todas partes, vi que
Frank estaba parado junto a la puerta de la tribuna mirando. Esa era la razón,
Frank me daba buena suerte.
Cuando la campana sonó todos nos fuimos a las
habitaciones. Por primera vez sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo al
pasar por la habitación 207. Miré la puerta, el pánico se apoderó de mí. Todas
las chicas siguieron de largo, como si no estuviera ahí parada. Al verme, Cady
me tomó del brazo y nos fuimos. Durante toda la vida no supe qué había en esa
habitación, nadie sabía qué había allí. Si se lo llegaba a preguntar a la
profesora podía darme vuelta la cara o cambiarme de tema. Jamás temí por mi
vida como ese día.
El anochecer se acercó veloz. El sol fue desapareciendo
de a poco y las estrellas comenzaron a salir de la sustancia oscura. La
habitación estaba cálida y las camas siempre bien hechas, muy delicadamente. Mis
compañeras de habitación se acercaron a mí, mirando la aparición de las
estrellas, una por una hasta acercarse más la noche. Las horas fueron pasando
lentamente, pues solamente mirábamos el cielo, a ver si ocurría un milagro, y
fue así. A la distancia de nuestra ventana se divisó una imagen que anhelaba
desde hacía ya mucho tiempo, una angelical figura que desapareció. No pude decir
cómo era, ya que solo pude ver la sombra. Cady me miró y se disculpó por no
creerme sobre la existencia de esos seres magníficos.
Así nos quedamos horas mirando el cielo, esperando que
la imagen volviera a aparecer. La primera que se rindió fue Michelle, sus ojos
no daban abasto. Luego fue Cady, quien miraba el cielo sin parpadear y se
cansó. Mae seguía junto a mí, esperando.
-Debo
decirte que siempre supe que decías la verdad- me dijo
-Lo sé.
Solo que temías que las chicas te vieran como una loca-
-No es
eso. Jamás vi un ángel frente mío. Escuchaba a la gente hablar de hombres-ave.
Tú eres la única persona que vio a uno cara a cara-
-No te
preocupes. Ya sabes que era verdad y viste uno a la distancia-
-Discúlpame,
Begg. Debí apoyarte- dijo Mae con una lágrima a punto de caer por su mejilla.
-Ya te
dije, no te preocupes. Está todo bien, Mae- le dije mostrando una sonrisa.
Una hora más pasó. Mae y yo nos cansamos de ver el
cielo, así que nos dirigimos directo a la cama.
Otro día había pasado y algunas chicas ya habían
encontrado su pareja. Era sábado y teníamos horas libres para hacer lo que
quisiéramos. Me vestí y salí al patio trasero que daba a la ventana de mi
habitación. Por suerte no había nadie allí, así que pude estar sentada
tranquila leyendo uno de mis libros favoritos. Cuando llegué al capítulo seis,
Frank estaba parado frente a mí. No supe cómo había llegado, ni siquiera lo
había escuchado. Se sentó. Algodón caía del palo borracho con la gracia del
viento que soplaba sin cesar.
-¿Te
puedo preguntar qué es lo que lees?- me dijo
-Dr. Jeckill y Mr. Hyde-
-Valla historia. Un hombre que
tiene doble personalidad. Asombroso. También es mi libro favorito. La narración
me parece perfecta al igual que las descripciones de cada sitio y personaje,
que hace que el lector se los pueda imaginar-
No podía creer lo que estaba escuchando, a alguien más le
gustaba ese libro. Además, dijo exactamente lo que opinaba del mismo. Sentí que
podía leer mi mente, pero luego pensé que era una estupidez ¿Cómo alguien
podría leer mentes?
Fueron increíbles los momentos que pasé con él. Supe que
nos estábamos haciendo amigos. Soy una persona tímida, pero no sé que me pasaba
para que le contara cosas que ni a mis amigas les dije.
Cuando el sol estaba sobre nuestras cabezas, su pelo
brilló de una manera no muy particular. Sus ojos cambiaron de ser celestes a un
azul marino claro. Mi corazón comenzó a latir con velocidad. No pude detenerlo.
En ese instante me di cuenta que no quería separarme de él.
Cady apareció por la bella puerta de entrada del jardín.
Se quedó viéndonos hablar. La había visto, pero si interrumpía ese momento,
estaba segura de que la situación no volvería a repetirse.
El día fue el más largo que tuve. La mayoría del tiempo
me las había pasado hablando con Frank. Fue algo sensacional porque jamás había
estado con un muchacho.
Después de conocerlo mejor, averigüé muchas cosas sobre
él: la primera fue que tenía un año menos que yo; la segunda, que sus padres
eran distintos por dentro como por fuera, especificó; la tercera, que nunca
conoció el amor, ya que toda su familia estaba formada por hombres, con excepción
de la madre; la cuarta y última, que él, como sus padres, era diferente a los
restantes personas del colegio. Esto último no lo entendí, pero me preocupo mucho.
¿Por qué dijo que era diferente a todos? Desde ahí supe que tendría que
averiguar más cosas.
Pensé eso mucho
tiempo, hasta que una campana sonó. La directora del colegio, que nunca alguien
la había visto, reunió a todos los alumnos para hacerles la presentación de un
chico que era de la realeza. El nombre del muchacho era Nicholas de Vereaux. Había
nacido en Bélgica. Como de costumbre, las chicas comenzaron a inquietarse.
Estaban emocionadas por conocer al nuevo chico. Al abrirse la puerta se pudo
observar a un muchacho morocho, de pelo despeinado y de ojos marrones. La
directora ordenó que nos reverenciáramos ante él. Así lo único que estaba
parado era Nicholas. Enojado gritó y ordenó que nos levantáramos, que jamás en
la vida volviéramos a reverenciarnos frente a él, que eso era del pasado y
quería ser un alguien normal.
La noche pasó. Ya
era domingo. Nadie había obedecido lo que Nicholas había dicho. Todos menos yo.
Al pasar frente a
mí, Nicholas se quedó parado y me miró
-¿Por
qué no me haces una reverencia?- preguntó extrañado
-Tú
dijiste que no lo hiciéramos-
-Eres
la primera y única persona que hace lo que digo- me sonrió-¿Cómo te llamas?-
-Rebecca
Davis, pero preferiría que me dijeran Begg-
-Un
placer-dijo-¿Te puedo acompañar?-
-Sería
un gusto para mí- le contesté
Me sentía cómoda al
lado de él, supuse que lo conocía de algún lugar, pero no me acordaba. Se fue
haciendo mi mejor amigo lentamente. Otra vez todos los alumnos del colegio
comenzaron a mirarme. El enojo se apoderó de mí. Lo tomé a Nicholas de la mano
y le dije que me acompañara. Nos fuimos corriendo. De la nada apareció Frank.
-Hola-
dijo amargamente
-¡Frank!-
estaba verdaderamente feliz de verlo- Debes ayudarnos-
-¿Quién
es él?- preguntó Frank con un tono desagradable
-Discúlpame.
Soy Nicholas de Vereaux- contestó Nicholas con una sonrisa
-Creo
que la pregunta era para Rebecca- contestó. Su tono me pareció muy agresivo.
-Nicholas
trataba de ser educado- dije enojada
-Pero
te estaba preguntando a ti-
-Fuiste
muy grosero con él. Quería ser amigable frente a ti-
-Discúlpame-
le dijo Frank a Nicholas de mala gana
-Descuida-
dijo- Todo está bien-
Los ojos de Frank
se vieron diferentes. Parecía que no se veía muy feliz al verme con el chico
nuevo. Hubo algo en él que verdaderamente me asustó. Percibí que lograba leer
la mente de Frank por un instante, imaginándose luchando contra Nicholas. Eso
me hizo ponerme más furiosa de lo que me encontraba. Tomé de nuevo a Nicholas
de la mano.
-Vamos,
Nicholas. Parece que aquí nadie nos quiere ayudar- comenté mirando a Frank
directo a los ojos.
En ese instante
pude sentir cómo Frank se sentía lastimado, pero más lastimada estaba yo que
necesitaba su ayuda para esconderme de esas miradas acusadoras de los otros
chicos. Siempre pensé que Frank era de esas personas que les agrada ayudar a
otros cuando están desesperados, pero estaba equivocada. Era como todos los
otros: egoísta, sin corazón. No sé por qué no le agradaba Nicholas, si
solamente quería ser amigable con él.
-Ese
chico me odia. Y no le hice nada- dijo Nicholas apenado
-Déjalo,
debe estar de mal humor- dije aún furiosa
Di la media vuelta,
lo miré de lejos y volteé mi cabeza ofendida. Supe que me miró al decir éstas
palabras. Nos fuimos así hasta un lugar seguro, un lugar en donde nadie
conocía, un pequeño jardín que estaba saliendo del colegio, junto a la esquina
de la escuela. Adoraba ese lugar, la reja de entrada tenía un rosedal enredada
a ella que hacía que se viera más hermosa de lo que era. Desde muy pequeña iba
allí, mirando pasar el día sin que nadie me molestara. En verdad era muy
placentero y tranquilo. Nicholas seguía preocupado por Frank. Solo quería que fueran
amigos. Le aseguré que lo serían algún día.
Las horas
siguientes con el enojo, que fue extendiéndose poco a poco, Nicholas y yo nos
quedamos hablando sobre los chicos del instituto. A decir verdad le fui
contando cómo era cada uno para que, si les quería hablar, supiese cómo eran en
realidad.
Aún estaba
preocupada por Frank ¿Qué haría que se pusiera así? Estaba tratando de ayudar a
un amigo, no era para que se enojara de tal forma, principalmente para
contestarle de esa manera tan ruda. Debía hablar con él, tenía que saber qué le
estaba pasando.
Unos momentos
después, Nicholas me miró. Supo lo que estaba pensando.
-Es muy
importante para ti- dijo
-No sé
de qué estas hablando-
-Claro
que sabes, solo que no te quieres enfrentar a ello-
-No
temo enfrentarme a algo. Solo que es muy complicado todo esto-
-¿Es
complicado haberte enamorado de él?- dijo mirándome
-Sí...no...No
sé- no tenía idea de lo que sentía
-Si
estás enamorada de él creo que deberías decírselo-
-No
estoy enamorada de él y si lo estuviese sería la última cosa que haría-
-Mira.
Eres la primera persona que lo sabe. A mí me gusta Cady. Desde la primera vez
que la vi me pareció una chica muy linda y agradable. Estoy pensando en que,
algún día, se lo pueda decir. Necesito tú ayuda. Dile que te espere en el
jardín trasero de la escuela. Hazlo por mí, por favor- su cara era de un perro
mojado. Acepté.
-Le
digo, pero con una condición. Debes prometerme que no volverás a molestarme con
Danibelle-
-Lo
prometo-
Esas palabras me
calmaron por completo, pues estaba muy nerviosa. ¿Será verdad que estaba
enamorada de Frank? Imposible.
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