jueves, 3 de noviembre de 2011

Capítulo 2


La campana sonó para que fuéramos a la clase de Educación Física.
            -Después nos vemos- le dije a Frank
Me dirigí a la habitación, en donde Mae, Michelle y Cady se estaban cambiando. Tomé mi pantalón de gimnasia y me lo puse velozmente.
En el gimnasio, todas las chicas estaban preparadas para un partido de Handball que, siempre que intento tomar la pelota, alguna de mis compañeras de equipo me la quita para que no haga puntos en contra. Esto significaba que era un desastre en el juego. En lo único que era buena era dibujando o jugando al football y al basketball.
En todo el partido no había hecho nada, solamente me quedé en el arco esperando el momento en el que mis contrarias me trataran de meter un gol, que seguramente lo harían exitosamente. Lo primero que me vino a la mente fue el de entrar a la habitación y mirar por la ventana las bellas estrellas titilar en esa sustancia oscura que nadie sabe cómo esta conformada. Al volver al juego, mis contrarias estaban frente a mí tirando la pelota de un lado al otro que me hacían perderla de vista, hasta que una de las chicas tiró al arco ya festejando el gol, pero milagrosamente logré sujetarla, no sé cómo lo hice, pero había logrado atraparla. Mis compañeras de equipo gritaron y me felicitaron. El juego había finalizado. En ese momento las chicas corrieron hacia mí preguntándome cómo lo había atrapado, ya que la que había lanzado la pelota era la mejor de todas las jugadoras. Al mirar para todas partes, vi que Frank estaba parado junto a la puerta de la tribuna mirando. Esa era la razón, Frank me daba buena suerte.
Cuando la campana sonó todos nos fuimos a las habitaciones. Por primera vez sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo al pasar por la habitación 207. Miré la puerta, el pánico se apoderó de mí. Todas las chicas siguieron de largo, como si no estuviera ahí parada. Al verme, Cady me tomó del brazo y nos fuimos. Durante toda la vida no supe qué había en esa habitación, nadie sabía qué había allí. Si se lo llegaba a preguntar a la profesora podía darme vuelta la cara o cambiarme de tema. Jamás temí por mi vida como ese día.
El anochecer se acercó veloz. El sol fue desapareciendo de a poco y las estrellas comenzaron a salir de la sustancia oscura. La habitación estaba cálida y las camas siempre bien hechas, muy delicadamente. Mis compañeras de habitación se acercaron a mí, mirando la aparición de las estrellas, una por una hasta acercarse más la noche. Las horas fueron pasando lentamente, pues solamente mirábamos el cielo, a ver si ocurría un milagro, y fue así. A la distancia de nuestra ventana se divisó una imagen que anhelaba desde hacía ya mucho tiempo, una angelical figura que desapareció. No pude decir cómo era, ya que solo pude ver la sombra. Cady me miró y se disculpó por no creerme sobre la existencia de esos seres magníficos.
Así nos quedamos horas mirando el cielo, esperando que la imagen volviera a aparecer. La primera que se rindió fue Michelle, sus ojos no daban abasto. Luego fue Cady, quien miraba el cielo sin parpadear y se cansó. Mae seguía junto a mí, esperando.
            -Debo decirte que siempre supe que decías la verdad- me dijo
            -Lo sé. Solo que temías que las chicas te vieran como una loca-
            -No es eso. Jamás vi un ángel frente mío. Escuchaba a la gente hablar de hombres-ave. Tú eres la única persona que vio a uno cara a cara-
            -No te preocupes. Ya sabes que era verdad y viste uno a la distancia-
            -Discúlpame, Begg. Debí apoyarte- dijo Mae con una lágrima a punto de caer por su mejilla.
            -Ya te dije, no te preocupes. Está todo bien, Mae- le dije mostrando una sonrisa.
Una hora más pasó. Mae y yo nos cansamos de ver el cielo, así que nos dirigimos directo a la cama.

Otro día había pasado y algunas chicas ya habían encontrado su pareja. Era sábado y teníamos horas libres para hacer lo que quisiéramos. Me vestí y salí al patio trasero que daba a la ventana de mi habitación. Por suerte no había nadie allí, así que pude estar sentada tranquila leyendo uno de mis libros favoritos. Cuando llegué al capítulo seis, Frank estaba parado frente a mí. No supe cómo había llegado, ni siquiera lo había escuchado. Se sentó. Algodón caía del palo borracho con la gracia del viento que soplaba sin cesar.
            -¿Te puedo preguntar qué es lo que lees?- me dijo
            -Dr. Jeckill y Mr. Hyde-
            -Valla historia. Un hombre que tiene doble personalidad. Asombroso. También es mi libro favorito. La narración me parece perfecta al igual que las descripciones de cada sitio y personaje, que hace que el lector se los pueda imaginar-
No podía creer lo que estaba escuchando, a alguien más le gustaba ese libro. Además, dijo exactamente lo que opinaba del mismo. Sentí que podía leer mi mente, pero luego pensé que era una estupidez ¿Cómo alguien podría leer mentes?
Fueron increíbles los momentos que pasé con él. Supe que nos estábamos haciendo amigos. Soy una persona tímida, pero no sé que me pasaba para que le contara cosas que ni a mis amigas les dije.
Cuando el sol estaba sobre nuestras cabezas, su pelo brilló de una manera no muy particular. Sus ojos cambiaron de ser celestes a un azul marino claro. Mi corazón comenzó a latir con velocidad. No pude detenerlo. En ese instante me di cuenta que no quería separarme de él.
Cady apareció por la bella puerta de entrada del jardín. Se quedó viéndonos hablar. La había visto, pero si interrumpía ese momento, estaba segura de que la situación no volvería a repetirse.
El día fue el más largo que tuve. La mayoría del tiempo me las había pasado hablando con Frank. Fue algo sensacional porque jamás había estado con un muchacho.
Después de conocerlo mejor, averigüé muchas cosas sobre él: la primera fue que tenía un año menos que yo; la segunda, que sus padres eran distintos por dentro como por fuera, especificó; la tercera, que nunca conoció el amor, ya que toda su familia estaba formada por hombres, con excepción de la madre; la cuarta y última, que él, como sus padres, era diferente a los restantes personas del colegio. Esto último no lo entendí, pero me preocupo mucho. ¿Por qué dijo que era diferente a todos? Desde ahí supe que tendría que averiguar más cosas.
            Pensé eso mucho tiempo, hasta que una campana sonó. La directora del colegio, que nunca alguien la había visto, reunió a todos los alumnos para hacerles la presentación de un chico que era de la realeza. El nombre del muchacho era Nicholas de Vereaux. Había nacido en Bélgica. Como de costumbre, las chicas comenzaron a inquietarse. Estaban emocionadas por conocer al nuevo chico. Al abrirse la puerta se pudo observar a un muchacho morocho, de pelo despeinado y de ojos marrones. La directora ordenó que nos reverenciáramos ante él. Así lo único que estaba parado era Nicholas. Enojado gritó y ordenó que nos levantáramos, que jamás en la vida volviéramos a reverenciarnos frente a él, que eso era del pasado y quería ser un alguien normal.
           


            La noche pasó. Ya era domingo. Nadie había obedecido lo que Nicholas había dicho. Todos menos yo.
            Al pasar frente a mí, Nicholas se quedó parado y me miró
                        -¿Por qué no me haces una reverencia?- preguntó extrañado
                        -Tú dijiste que no lo hiciéramos-
                        -Eres la primera y única persona que hace lo que digo- me sonrió-¿Cómo te llamas?-
                        -Rebecca Davis, pero preferiría que me dijeran Begg-
                        -Un placer-dijo-¿Te puedo acompañar?-
                        -Sería un gusto para mí- le contesté
            Me sentía cómoda al lado de él, supuse que lo conocía de algún lugar, pero no me acordaba. Se fue haciendo mi mejor amigo lentamente. Otra vez todos los alumnos del colegio comenzaron a mirarme. El enojo se apoderó de mí. Lo tomé a Nicholas de la mano y le dije que me acompañara. Nos fuimos corriendo. De la nada apareció Frank.
                        -Hola- dijo amargamente
                        -¡Frank!- estaba verdaderamente feliz de verlo- Debes ayudarnos-
                        -¿Quién es él?- preguntó Frank con un tono desagradable
                        -Discúlpame. Soy Nicholas de Vereaux- contestó Nicholas con una sonrisa
                        -Creo que la pregunta era para Rebecca- contestó. Su tono me pareció muy agresivo.
                        -Nicholas trataba de ser educado- dije enojada
                        -Pero te estaba preguntando a ti-
                        -Fuiste muy grosero con él. Quería ser amigable frente a ti-
                        -Discúlpame- le dijo Frank a Nicholas de mala gana
                        -Descuida- dijo- Todo está bien-
            Los ojos de Frank se vieron diferentes. Parecía que no se veía muy feliz al verme con el chico nuevo. Hubo algo en él que verdaderamente me asustó. Percibí que lograba leer la mente de Frank por un instante, imaginándose luchando contra Nicholas. Eso me hizo ponerme más furiosa de lo que me encontraba. Tomé de nuevo a Nicholas de la mano.
                        -Vamos, Nicholas. Parece que aquí nadie nos quiere ayudar- comenté mirando a Frank directo a los ojos.
            En ese instante pude sentir cómo Frank se sentía lastimado, pero más lastimada estaba yo que necesitaba su ayuda para esconderme de esas miradas acusadoras de los otros chicos. Siempre pensé que Frank era de esas personas que les agrada ayudar a otros cuando están desesperados, pero estaba equivocada. Era como todos los otros: egoísta, sin corazón. No sé por qué no le agradaba Nicholas, si solamente quería ser amigable con él.
                        -Ese chico me odia. Y no le hice nada- dijo Nicholas apenado
                        -Déjalo, debe estar de mal humor- dije aún furiosa
            Di la media vuelta, lo miré de lejos y volteé mi cabeza ofendida. Supe que me miró al decir éstas palabras. Nos fuimos así hasta un lugar seguro, un lugar en donde nadie conocía, un pequeño jardín que estaba saliendo del colegio, junto a la esquina de la escuela. Adoraba ese lugar, la reja de entrada tenía un rosedal enredada a ella que hacía que se viera más hermosa de lo que era. Desde muy pequeña iba allí, mirando pasar el día sin que nadie me molestara. En verdad era muy placentero y tranquilo. Nicholas seguía preocupado por Frank. Solo quería que fueran amigos. Le aseguré que lo serían algún día.
            Las horas siguientes con el enojo, que fue extendiéndose poco a poco, Nicholas y yo nos quedamos hablando sobre los chicos del instituto. A decir verdad le fui contando cómo era cada uno para que, si les quería hablar, supiese cómo eran en realidad.
            Aún estaba preocupada por Frank ¿Qué haría que se pusiera así? Estaba tratando de ayudar a un amigo, no era para que se enojara de tal forma, principalmente para contestarle de esa manera tan ruda. Debía hablar con él, tenía que saber qué le estaba pasando.
            Unos momentos después, Nicholas me miró. Supo lo que estaba pensando.
                        -Es muy importante para ti- dijo
                        -No sé de qué estas hablando-
                        -Claro que sabes, solo que no te quieres enfrentar a ello-
                        -No temo enfrentarme a algo. Solo que es muy complicado todo esto-
                        -¿Es complicado haberte enamorado de él?- dijo mirándome
                        -Sí...no...No sé- no tenía idea de lo que sentía
                        -Si estás enamorada de él creo que deberías decírselo-
                        -No estoy enamorada de él y si lo estuviese sería la última cosa que haría-
                        -Mira. Eres la primera persona que lo sabe. A mí me gusta Cady. Desde la primera vez que la vi me pareció una chica muy linda y agradable. Estoy pensando en que, algún día, se lo pueda decir. Necesito tú ayuda. Dile que te espere en el jardín trasero de la escuela. Hazlo por mí, por favor- su cara era de un perro mojado. Acepté.
                        -Le digo, pero con una condición. Debes prometerme que no volverás a molestarme con Danibelle-
                        -Lo prometo-
            Esas palabras me calmaron por completo, pues estaba muy nerviosa. ¿Será verdad que estaba enamorada de Frank? Imposible.

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