miércoles, 9 de noviembre de 2011

Capítulo 5


            Llegamos al colegio y ya eran las diez y media de la noche. La directora nos ordenó a todos que nos fuéramos a dormir. Cada uno se fue su habitación.
            Cady me contó cómo la había pasado junto con Nicholas y que era muy feliz siendo su novia. Eso me alegraba mucho. Preparé ropa para salir. La coloqué en una de las sillas de la habitación y me fui a la cama esperando que fueran las once y media de la noche, la hora en la que saldría a ver a Frank. Estaba muy emocionada por saber lo que me quería decir.
            El momento más esperando había llegado, eran las once y cuarto, pero en diez minutos iba a estar vestido, y los cinco minutos faltantes estaría en el jardín trasero de la escuela. Me puse la pollera de Jean que más me gustaba y una remera violeta. Abrí lentamente la puerta de la habitación y salí. Los pasillos estaban tranquilos y solos. Las velas del costado de la pared estaban encendidas. Corrí hacia el jardín evitando hacer ruido alguno. Allí esperé.

                        -De qué me tengo que enterar-
                        -Desde la primera vez que te vi me enamoré completamente de ti-
                        -¿En serio?- le pregunté
                        -Sí-
                        -Pues debo decirte que a mí me pasó lo mismo- admití- Desde la primera vez que te vi entrar en el salón de clases, supe que estaba enamorada de ti, Frank-
            Los dos nos quedamos en silencio. Pequeñas luciérnagas fueron iluminándonos. Frank me tomó de la cintura.
                        -Cierra los ojos- me dijo
            Los cerré. En ese momento sentí que me estaba elevando.
                        -Ahora ábrelos-
            Cuando abrí los ojos estaba volando. Sí, él era un ángel. Me había dado cuenta de que le temía a las alturas. Pero estaba junto a él y nada más importaba. Tomé a Frank del cuello y tapé mi cara con su pecho. La luna llena se veía detrás de nosotros. Las luciérnagas volaban a nuestro alrededor. Todo parecía mágico.
                        -Debemos irnos- dijo Frank- Mañana tendremos un día muy duro-
                        -Lo sé, pero ya nada me importará siempre y cuando estés conmigo-
                        -Y así será por siempre, Begg-
            Comenzó a acercarse a mí, lentamente. Cuando ya casi sentía sus labios en los míos se oyó a la distancia un mugido. Allá, entre un árbol se vio un animal. Frank se dio la vuelta enseguida, pero el toro fue mucho más rápido. Éste lo empujo haciendo que me soltara. Estaba cayendo a toda velocidad. En ese instante la directora apareció y me sostuvo. Sin haberme dado cuenta, la señora Sawner también era un ángel. Jamás me lo habría imaginado.
            Los dos se pusieron a luchar contra el feroz animal. Sus cuernos eran muy filosos, sus ojos eran igual de rojos que en mi sueño, su tamaño era el doble que el de un toro normal.
                        -¡Toma a la muchacha!- ordenó el toro con su voz grabe y escalofriante
            Entre los arbustos salió la chica de mis sueños, corriendo hacia mí. Me levanté y comencé a correr con todas mis fuerzas. Frank miró al piso y me vio corriendo. Detrás, muy cerca de mí estaba la esclava del toro. Frank trató de ayudarme, pero el animal de dio una patada que lo tiró al lago. La señora Sawner acudió en su ayuda.
                        -¡A mí no me ayudes, ve y salva a Rebecca!- gritó desesperado
            El toro estaba frente a mí, con esos grandes ojos colorados que provocaban temor.
                        -Aléjate de mí- le dije
                        -Me llaman Luzbel, querida Rebecca Davis-
            La señora Sawner apareció y golpeó muy fuerte al toro. Éste corrió tras ella tratando de darle una patada en las costillas. Pude observar que Frank salió de agua. Temí por su vida. La muchacha se acercó a mí. Era ella, sí, la recordaba muy bien. Su nombre era Stephanie. Tenía dieciséis años. Era una gótica del colegio, rara, siempre sola con sus creencias satánicas, y ahí las tenía. Era su discípula. Me tomó del brazo y comenzó a arrastrarme hacia los arbustos. Era muy fuerte. Sus uñas eran largas y se clavaban en mi brazo y hacían que sangrara.
                        -¡Frank!- grité- ¡Ayúdame!-
                        -¡Rebecca!-
            Sus alas estaban secas y trató de acercarse a mí.
                        -¡Ahora, esclava!- gritó Luzbel
            En ese momento, Stephanie comenzó a agrandarse. Ya no era ella, se había transformado en un toro al igual que su Dios. En vez de pezuñas tenía garras, pero era un toro. Frank la esquivó y me sujetó de la mano. Pero el animal me tomó y no me dejaba respirar. Temí otra vez por Frank, quien se arriesgaba por salvar mi vida. Sus garras estaban lastimándome. Una de ellas se había clavado en mi pierna. La sangre fluía. Sentía cómo de a poco no la podía mover.
            El toro corneó a la señora Sawner al igual que lo hizo Stephanie con Frank. Ambos se quedaron en el césped lastimados. La muchacha volvió a la normalidad y me colocó en el lomo del toro, quien me llevó entre los arbustos hasta el momento en el perdí de vista a Frank y a la directora Sawner.
            A lo lejos oí el grito de furia de Frank. Me había perdido.
            Estuve arriba del animal por largo rato hasta que llegamos a una cueva oscura, pero que a lo lejos podía verse luces. No sabía dónde estaba, pero me sentía segura de que el ángel me encontraría.

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