Llegamos al colegio
y ya eran las diez y media de la noche. La directora nos ordenó a todos que nos
fuéramos a dormir. Cada uno se fue su habitación.
Cady me contó cómo
la había pasado junto con Nicholas y que era muy feliz siendo su novia. Eso me
alegraba mucho. Preparé ropa para salir. La coloqué en una de las sillas de la
habitación y me fui a la cama esperando que fueran las once y media de la
noche, la hora en la que saldría a ver a Frank. Estaba muy emocionada por saber
lo que me quería decir.
El momento más esperando había llegado, eran las once y
cuarto, pero en diez minutos iba a estar vestido, y los cinco minutos faltantes
estaría en el jardín trasero de la escuela. Me puse la pollera de Jean que más
me gustaba y una remera violeta. Abrí lentamente la puerta de la habitación y
salí. Los pasillos estaban tranquilos y solos. Las velas del costado de la
pared estaban encendidas. Corrí hacia el jardín evitando hacer ruido alguno.
Allí esperé.
-De qué
me tengo que enterar-
-Desde
la primera vez que te vi me enamoré completamente de ti-
-¿En
serio?- le pregunté
-Sí-
-Pues
debo decirte que a mí me pasó lo mismo- admití- Desde la primera vez que te vi
entrar en el salón de clases, supe que estaba enamorada de ti, Frank-
Los dos nos
quedamos en silencio. Pequeñas luciérnagas fueron iluminándonos. Frank me tomó
de la cintura.
-Cierra
los ojos- me dijo
Los cerré. En ese
momento sentí que me estaba elevando.
-Ahora
ábrelos-
Cuando abrí los
ojos estaba volando. Sí, él era un ángel. Me había dado cuenta de que le temía
a las alturas. Pero estaba junto a él y nada más importaba. Tomé a Frank del
cuello y tapé mi cara con su pecho. La luna llena se veía detrás de nosotros. Las
luciérnagas volaban a nuestro alrededor. Todo parecía mágico.
-Debemos
irnos- dijo Frank- Mañana tendremos un día muy duro-
-Lo sé,
pero ya nada me importará siempre y cuando estés conmigo-
-Y así
será por siempre, Begg-
Comenzó a acercarse
a mí, lentamente. Cuando ya casi sentía sus labios en los míos se oyó a la
distancia un mugido. Allá, entre un árbol se vio un animal. Frank se dio la
vuelta enseguida, pero el toro fue mucho más rápido. Éste lo empujo haciendo
que me soltara. Estaba cayendo a toda velocidad. En ese instante la directora
apareció y me sostuvo. Sin haberme dado cuenta, la señora Sawner también era un
ángel. Jamás me lo habría imaginado.
Los dos se pusieron
a luchar contra el feroz animal. Sus cuernos eran muy filosos, sus ojos eran
igual de rojos que en mi sueño, su tamaño era el doble que el de un toro
normal.
-¡Toma
a la muchacha!- ordenó el toro con su voz grabe y escalofriante
Entre los arbustos
salió la chica de mis sueños, corriendo hacia mí. Me levanté y comencé a correr
con todas mis fuerzas. Frank miró al piso y me vio corriendo. Detrás, muy cerca
de mí estaba la esclava del toro. Frank trató de ayudarme, pero el animal de
dio una patada que lo tiró al lago. La señora Sawner acudió en su ayuda.
-¡A mí
no me ayudes, ve y salva a Rebecca!- gritó desesperado
El toro estaba
frente a mí, con esos grandes ojos colorados que provocaban temor.
-Aléjate
de mí- le dije
-Me
llaman Luzbel, querida Rebecca Davis-
La señora Sawner
apareció y golpeó muy fuerte al toro. Éste corrió tras ella tratando de darle
una patada en las costillas. Pude observar que Frank salió de agua. Temí por su
vida. La muchacha se acercó a mí. Era ella, sí, la recordaba muy bien. Su
nombre era Stephanie. Tenía dieciséis años. Era una gótica del colegio, rara,
siempre sola con sus creencias satánicas, y ahí las tenía. Era su discípula. Me
tomó del brazo y comenzó a arrastrarme hacia los arbustos. Era muy fuerte. Sus
uñas eran largas y se clavaban en mi brazo y hacían que sangrara.
-¡Frank!-
grité- ¡Ayúdame!-
-¡Rebecca!-
Sus alas estaban
secas y trató de acercarse a mí.
-¡Ahora,
esclava!- gritó Luzbel
En ese momento, Stephanie
comenzó a agrandarse. Ya no era ella, se había transformado en un toro al igual
que su Dios. En vez de pezuñas tenía garras, pero era un toro. Frank la esquivó
y me sujetó de la mano. Pero el animal me tomó y no me dejaba respirar. Temí
otra vez por Frank, quien se arriesgaba por salvar mi vida. Sus garras estaban
lastimándome. Una de ellas se había clavado en mi pierna. La sangre fluía. Sentía
cómo de a poco no la podía mover.
El toro corneó a la
señora Sawner al igual que lo hizo Stephanie con Frank. Ambos se quedaron en el
césped lastimados. La muchacha volvió a la normalidad y me colocó en el lomo
del toro, quien me llevó entre los arbustos hasta el momento en el perdí de
vista a Frank y a la directora Sawner.
A lo lejos oí el
grito de furia de Frank. Me había perdido.
Estuve arriba del
animal por largo rato hasta que llegamos a una cueva oscura, pero que a lo
lejos podía verse luces. No sabía dónde estaba, pero me sentía segura de que el
ángel me encontraría.
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