domingo, 27 de noviembre de 2011

Capítulo 11


            Frank volvió a tener su fuerza normal. Me acunó en sus brazos y me llevó hasta Nueva York.
            Solo tardamos una hora de viaje, pues volaba muy rápido para que mi padre no se preocupara tanto como podría estarlo.
                        -Perdón por haberte mentido, Frank. No quería, pero debía-
                        -Está bien, Begg. Eso ya quedó en el pasado. Además, lo hiciste simplemente para salvarme sin tomar las precauciones. Por mí podrías haber muerto y eso jamás me lo perdonaría-
                        -Luzbel jamás me habría lastimado. Estoy segura de ello-
                        -¿Cómo puedes estar tan segura?-
                        -Tuve un sueño. Fue como una visión del pasado-
                        -Ah...- me miró de una forma que me hizo sentir incómoda
                        -Recordé cada detalle de lo que escuché cuando era pequeña-
                        -Espero que no sea lo que pienso- dijo en un susurro que simulé no haber escuchado
                        -El ángel que me salvó se llamaba Robert. Era tu hermano. Me salvó llevándome al Instituto ‘The Saphire’, donde se encontró con la directora Sawner. Ella te mandó saludos y a tu madre. También dijo algo que me pareció muy extraño. Sus palabras fueron que lamentaba la pérdida de tu padre-
                        -Escuchaste el nombre, ¿cierto?-
                        -Sí, Frank. Lo que no entiendo es por qué no me lo dijiste-
                        -Era preferible que no te enteraras. Mi sangre es la misma que la de él, pero en parte es diferente-
                        -Quiero que me expliques-
                        -Mi padre estaba haciendo experimentos con animales, principalmente con un toro. Cuando éste lo golpeó con el cuerno, Lo lastimó y, de tan furioso que estaba, tomó un cuchillo e hirió al toro. La sangre de ambos se unió, haciendo que su información genética cambiara. Como incorporó más sangre del animal, mi padre quedó como toro y a la vez un ángel. Se lo puede nombrar como un ángel diabólico. El toro murió y mi madre está investigando la razón de ello-
                        -¿Y no te identifica? ¿No te reconoce al verte?-
                        -No lo creo. Mientras mi madre se iba de casa, hice unos avances en la investigación. Pude encontrar la cura para mi padre, pero para dársela, tiene que estar inconsciente-
                        -Mmhhh. Lamento todo esto, Frank-
                        -No es tu culpa, Begg. Es más, tú haces que siga tratando en encontrar más soluciones. Me das esperanza-
                        -Me alegra escuchar eso-
            Nos quedamos mirando el uno al otro. Luego, avergonzados, miramos hacia otro lado. Volvió su mirada en mí. Continué mirando para otra dirección, sino me roburizaría.
                        -Quiero que conozcas a mi familia-
                        -¿Saben que yo sé que eres un ángel?-
                        -Saben más de ti que de mí en estos meses- dijo acercándose. Me reí- Ellos quieren conocerte, especialmente mi hermano. Quiere saber cómo estas-
                        -Sería un placer conocer a tu familia, Frank-
            Estaba muy emocionada, pues, por fin iba a conocer a su familia, pero jugaba con Frank diciendo que después nos harían el casamiento.

            Llegamos al hotel. Mi padre estaba tan preocupado que, cuando me vio, corrió para abrazarme y apretujarme dejándome sin aire. Cady, Mae y Michelle también fueron a abrazarme. Todos se quedaron viendo a Frank.
                        -Gracias para traer a mi hija- dijo mi padre sollozo
                        -No hay problema, señor Davis. Iría a rescatarla cada segundo de mi vida-
                        -En verdad te importa Rebecca, ¿no?-
                        -Sí, señor. Lamento la forma en la que le contesté en nuestro primer encuentro-
                        -No hay inconveniente alguno, joven. Ni nos conocíamos-
                        -De todas formas, me disculpo ante usted- dijo Frank cortésmente
            Mi padre, demostrando su educación, asiente con la cabeza. Estaba muy feliz al ver que había conocido al muchacho que amaba, o al menos eso era lo que sentía y creía.
            Cuando Frank se marchó, le pregunté a mi padre si le agradaba y me había contestado que si, que semejaba ser un buen muchacho. Con eso ya era suficiente. Si yo estuviera con él, lo aprobaría sabiendo que era un muchacho educado y que se preocupaba por mí. Aun me preocupaba una sola cosa, la transformación de él cuando se enoja. El color de pelo, el de ojos y el cambio de las alas me revoloteaban por la cabeza. No sabía qué haría con ese tema. La mirada que apareció en él viendo la herida de mi pecho, enterándose que había sido el culpable, pensó: ‘ya no me puedo controlar’. Estaba muy aterrada por esa mirada. Me halla herido o no, lo seguía queriendo y sería así siempre. Temí que se fuera y no apareciera más por temor a provocarme problemas. Era algo tonto, ya que no podía vivir sin mí, pues eso me lo había dicho.
            Subí a mi habitación en compañía de Laurent, quien temía que me cayera al caminar hasta el cuarto, sosteniéndome de la cintura. Entré y me senté en la cama. Mi compañero me miraba.
                        -¿Te sientes bien, Begg?- preguntó muy preocupado
                        -Me duele una lastimadura. Eso es todo- le contesté poniendo mi mano en la herida del pecho
                        -¿Cómo te lo hiciste? Es muy profundo-
                        -No importa. Gracias por traerme al cuarto, Laurent-
            Se levantó de mi lado y cerró la puerta. Se escuchó el sonido de la ventana, pues Frank había entrado a la habitación. Su cara al verme tocándome la lastimadura lo hizo ponerse muy mal. Se sentó junto a mí y se quedó pensando sin decirme una sola palabra. Se levantó y se paró. Me miró.
                        -He decidido algo, Begg- dijo con la voz apagada
                        -¿Qué cosa?-
                        -Te dejaré. Si sigo cerca de ti te lastimaré y te lastimarán-
                        -No puedes hacerme eso-
                        -Lo siento, Begg. Me iré del país-
                        -Será algo temporal, ¿no?-
                        -Es definitivo y para siempre-
                        -¿A dónde te irás?-
                        -No puedo decirte, sino me buscarás-
            Sus palabras me lastimaron más que lo que me hizo. Cada una de ellas semejaban ser diez puñaladas. Lo iba a perder para siempre. No sabría cómo continuar. No sabía qué contestar, pues mis palabras se desvanecieron en el aire. Miré la ventana. Quería tirarme por ella. Si no podía ver más a mi querido ángel, haría algo menos doloroso.
                        -Begg, te amo. Esa es la razón por la que me voy-
                        -No quieres amarme más- contesté llorando y con la voz ahogada
                        -No digas esas tonterías-
                        -Prefiero que me lastime todo el mundo antes de que te vallas-
                        -Es algo muy lindo lo que dices, pero ingenuo- dijo sonriendo
                        -Por favor, no te vallas. No puedo estar sin ti-
            Se agachó y me besó. Me tiré para atrás haciendo que estuviéramos en la cama, uno encima del otro.
                        -Ésta será nuestra última noche juntos y quiero que sea la más feliz- me dijo
            Comenzó a besarme en la frente, en la nariz, en las mejillas, en los labios y en el cuello. Sentí cómo sus manos recorrían mi cuerpo.

            La mañana se acercó lentamente. Cuando me desperté, Frank ya no estaba. La ventana estaba abierta y junto a ella había un gran ramo de flores y una carta. Esta decía:
            Mi amor:
                             Esta noche será inolvidable para mí. En verdad estoy apenado por haberte dejado. Te prometí que ibas a conocer a mi familia. Eso será cuando todo se calme..
                       Quiero que sepas que siempre estarás en mi corazón. Lo que me diste en esos meses fue único. Me enseñaste a vivir, a creer, a ver. Todo lo que me mostraste de la vida te lo agradezco.
                        Te escribiré cada tanto para contarte cómo estoy, pero no me contestes, es solo por precaución, no porque no quiero saber de ti. Espero que me perdones algún día.
Te amo
Frank Danibelle
            Terminé de leer la carta. En ese momento, recordé el primer día en el que conocí a Frank hasta el día de hoy.
            Las chicas jamás supieron que Frank y yo pasamos la noche juntos y eso era una suerte, pues, como siempre, comenzarían a hacer preguntas como qué pasó, qué hicimos, si nos besamos y cosas que no tendrían que meterse. En fin, mi corazón se congeló más rápido de lo que tarda el agua dentro de un freezer. Con solo pensar que la persona que me hacía feliz toda la vida se había marchado tan solo por los problemas y los accidentes que me ocurrían. Estaba segura de que él suponía que era el culpable de lo que me pasaba, pero me había metido sola, sin su intervención. Sabía todo lo que ocurriría si es que continuaba estando con él y no me importaba.
            Busqué el bello obsequio que me había dado en el callejón cuando estaba enojada con él. Tratando de recordar, halle el collar junto a la cama. Al fijarme bien en su brillo, pude ver a Frank dentro de éste. Era algo imposible. Parecía que podía conectarme con él, verlo aunque estuviera lejos y me hacía muy feliz que, una vez en cuando, supiera dónde se encontraba. Me lo puse ajustado para que no se me perdiera y salí de la habitación a desayunar.
            En el comedor se encontraban las chicas solas, pues mi padre tuvo que irse a una reunión. Sentándome junto a ellas, me miraron las tres a la vez. ¿De casualidad tenía monos en la cara? No dejaban de mirarme. Sus miradas me hacían recordar esos días en los que estaba con Frank en el comedor de la escuela y todos nos miraban con la misma expresión.
                        -¿Ocurre algo?- pregunté inquieta
                        -Begg...no sé cómo decirte esto, pero...- dijo Cady
                        -¡Tienes la marca en el cuello de un beso!- gritó Mae sinceramente
                        -¿Con quién estuviste en la noche?- dijo Michelle con una sonrisa
                        -Chicas, creo que no es de su incumbencia. Lo siento si lo toman a mal- contesté
                        -No hay problema, es cosa tuya y de esa persona que te succionó el cuello dejándote...eso- contestó Mae.
            La tomé del brazo y me la llevé al baño, en el cual puse el cerrojo para que nadie pudiese entrar. La miré fijamente a los ojos.
                        -Esta fue la mejor noche que tuve en la vida, Mae-
                        -¿Con quién estuviste?-
                        -Prométeme que no harás nada, ni siquiera un gesto y promete que no dirás nada a nadie ni lo escribirás- le dije
                        -Ya sabes que lo prometo, Begg- me dijo arqueando una de sus cejas
                        -Frank estuvo aquí-
                        -¿Cómo puede ser que halla llegado aquí?-
                        -Creo que lo trajo la directora Sawner-
                        -Si, si, seguro- contesto riendo- Ni que fuera la madre-
                        -Me da igual eso, pero estuvo aquí conmigo-
                        -En verdad me alegro por ti, pero... ¿no estabas enfadada con él?-
                        -Nos arreglamos. Es que no quería besarse con ella y me dijo tantas cosas que al final me pudo convencer. Me ama y yo a él-
                        -Que bueno, Begg. ¿El collar te lo regaló él?-
                        -Sí, es muy tierno. Esto-le señalé la marca de la succión-también me lo hizo él-
                        -Eso se te vería a kilómetros. Con toda la sinceridad del mundo te lo digo-
            Miré hacia arriba. Cerré los ojos y toqué el topacio. La imagen de su cara apareció en mi mente. Algo no muy peculiar me había llamado la atención, pues su voz sonaba diferente y parecía que estaba atrapado y pedía auxilio. En ese mismo momento, salí corriendo del hotel, ya que sabía dónde estaba por el fondo de la “visión”. Según lo que me parecía, era un salón de fiestas. Cuando pude reconocerlo, seguí la ruta hacia allí. Le dije a Laurent que era de vida o muerte el favor que debía hacer: llevarme a ese salón. Por suerte no me pidió ninguna explicación, solo me preguntó si tenía algo que ver con Frank y, por supuesto, le dije que si. Al salir del hotel Waldorf Astorian, un auto ya nos estaba esperando. Después de cerrar la puerta, el chofer arrancó con toda velocidad. A todos los semáforos que estaban en rojo los llevó por delante, esquivaba a el montonero de gente que cruzaba la calle como si no necesitase mirar a los costados, los camiones que llevaban carga de gas y otras cosas nos miraban como unos locos asaltantes o de ese estilo. En verdad me atemoricé. Frente a nuestro auto estaba el salón. Una joven entraba mirando para los costados para que nadie la viera. Como de costumbre, toqué el collar. Pudo ver a Frank atado a una silla. Quería entrar en ese mismo momento a salvarlo, pero el chofer me dijo que mejor era esperar la noche.

            Estuvimos horas esperando y eran las ocho de la noche. El hombre me miró de reojo, creyendo que no lo había notado.
                        -¿Tienes idea de lo que harás luego de entrar?- me preguntó
                        -Salvar a mi novio- le dije con un tono de obviedad
                        -Te recuerdo que allí dentro debe estar lleno de esas raritas personas góticas-
                        -¿Usted tiene algún plan en mente?-
                        -Escucha cuidadosamente- contestó
            El hombre acerco su boca a mi oído diciéndome cada detalle del plan para rescatar a Frank y sonaba muy inteligente. Salí del auto y semejé que quería ver algo que estaba en el piso ya que sentí que me estaban observando, pero, sobre mi cabeza, estaba la capucha, así que no me podían registrar. No tenía idea de lo que estaban haciendo con Frank. En mi mente apareció la imagen de Frank con el pelo negro y ojos rojos, pues esa noche iba a ocurrir como todas las otras, con excepción de la noche que pasamos juntos. Entonces, ¿Cuándo se enojaba se transformaba? ¿Por qué al estar conmigo durante la noche no cambiaba de forma? Muchas dudas aparecieron en mi cabeza, pero debía concentrarme en salvar a Frank antes de que ocurriera eso y que hicieran el ritual.
            Lentamente me fui acercando a la puerta del salón. Laurent y el hombre, quien todavía no conocía el nombre, se quedaron observando si es que lograba entrar sin ninguna dificultad, pero, para que esto funcionara, debían distraer a los discípulos, así que hicieron que la bocina de alarma sonara en todos los autos que estaban estacionados. Mientras todos ellos iban a ver lo que ocurría, dejaron la puerta del salón abierta y pude ingresar. Caminé en puntas de pie  para que nadie me oyera.
            En uno de los salones principales, estaba Frank. Sus alas estaban atadas con una cinta adhesiva. Verlo ahí, atado, solo... ¿solo? ¿Qué hacía Frank solo en un salón? Sospeché por un largo rato, temiendo que fuera una trampa, así que caminé tan lentamente por el salón que ni Frank me había escuchado. Lo desaté lo más rápido que lograba. Lo liberé. Me abrazó con todas sus fuerzas y me alejó de él.
                        -Ahí viene Luzbel otra vez- dijo
            Ya sus ojos y su pelo fueron cambiando, el temor se apoderó de mí al igual que la vez pasada. El animal corrió a él y trató de clavarle el cuerno, pero le herraba. Tan solo con un golpe, Frank lanzó al toro por la ventana. Cuando me asomé, éste ya había huido. Esperé a que la forma normal apareciera en el ángel pro unos minutos y así se hizo.
                        -Begg, estaba muy preocupado por ti-
                        -Y yo por ti- dije mirando sus ojos- Creí que ya te había matado-
                        -Y aún no sé por qué no lo hizo-
            Miró hacia la ventana, pensando la razón y que tuviera coherencia. Me miró. Me tomó de la cintura y nos alejamos del lugar.
            Laurent y el chofer arrancaron el vehículo y nos siguieron hasta el hotel, por segunda vez.
            Al llegar, mi padre todavía no había llegado. Mae me vio con Frank y corrió a recibirnos. Nos abrazó con mucha fuerza, preocupada por lo que nos fuera a suceder. Frank miró a Mae, tiernamente.
                        -Cuida de Begg. No me gustaría volver a salvarla- dijo riendo
                        -Pues esta vez yo te salvé-
                        -En realidad tenía planeado mi escape, pero apareciste tú-
                        -Seguro, Frank- dije acercándome
                        -Es hora de irme al instituto. Recuerda que tus días de vacaciones ya pasaron-
                        -¿Cómo? ¿Tan rápido?-
                        -Si. Nos las pasamos corriendo de un lado para el otro-
                        -Es decir, volando- dije riendo. Mae no había entendido
                        -Si-
            Me acerqué para besarlo. Corrió hacia la puerta y desapareció.
                        -¿Volando?- preguntó Mae confusa
                        -Otro día te explico-

            Ya era la mañana, el momento para irnos de vuelta al instituto. Preparé mis maletas con toda la ropa nueva, al igual que las chicas y, en cuanto había terminado, bajé al salón de bienvenida. Mi padre ya estaba preparando el auto con la puerta trasera abierta para guardar las maletas y bolsas de compra. Michelle, Cady y Mae ya estaban dentro del auto, esperando mi llegada. Coloqué el bolso dentro de baúl y me subí al auto muy nerviosa de volver.
            El auto arrancó y nos fuimos. No sé que habría sido de Laurent después de que me ayudó a rescatar a Frank. No sabía el nombre de ese hombre extraño que también me había ayudado, pero al menos volvería el instituto ‘The Saphire’ y volver a ver a todos juntos otra vez.

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