Frank volvió a
tener su fuerza normal. Me acunó en sus brazos y me llevó hasta Nueva York.
Solo tardamos una
hora de viaje, pues volaba muy rápido para que mi padre no se preocupara tanto
como podría estarlo.
-Perdón
por haberte mentido, Frank. No quería, pero debía-
-Está
bien, Begg. Eso ya quedó en el pasado. Además, lo hiciste simplemente para
salvarme sin tomar las precauciones. Por mí podrías haber muerto y eso jamás me
lo perdonaría-
-Luzbel
jamás me habría lastimado. Estoy segura de ello-
-¿Cómo
puedes estar tan segura?-
-Tuve
un sueño. Fue como una visión del pasado-
-Ah...-
me miró de una forma que me hizo sentir incómoda
-Recordé
cada detalle de lo que escuché cuando era pequeña-
-Espero
que no sea lo que pienso- dijo en un susurro que simulé no haber escuchado
-El
ángel que me salvó se llamaba Robert. Era tu hermano. Me salvó llevándome al
Instituto ‘The Saphire’, donde se encontró con la directora Sawner. Ella te
mandó saludos y a tu madre. También dijo algo que me pareció muy extraño. Sus
palabras fueron que lamentaba la pérdida de tu padre-
-Escuchaste
el nombre, ¿cierto?-
-Sí,
Frank. Lo que no entiendo es por qué no me lo dijiste-
-Era
preferible que no te enteraras. Mi sangre es la misma que la de él, pero en
parte es diferente-
-Quiero
que me expliques-
-Mi
padre estaba haciendo experimentos con animales, principalmente con un toro.
Cuando éste lo golpeó con el cuerno, Lo lastimó y, de tan furioso que estaba,
tomó un cuchillo e hirió al toro. La sangre de ambos se unió, haciendo que su
información genética cambiara. Como incorporó más sangre del animal, mi padre
quedó como toro y a la vez un ángel. Se lo puede nombrar como un ángel
diabólico. El toro murió y mi madre está investigando la razón de ello-
-¿Y no
te identifica? ¿No te reconoce al verte?-
-No lo
creo. Mientras mi madre se iba de casa, hice unos avances en la investigación.
Pude encontrar la cura para mi padre, pero para dársela, tiene que estar
inconsciente-
-Mmhhh.
Lamento todo esto, Frank-
-No es
tu culpa, Begg. Es más, tú haces que siga tratando en encontrar más soluciones.
Me das esperanza-
-Me
alegra escuchar eso-
Nos quedamos
mirando el uno al otro. Luego, avergonzados, miramos hacia otro lado. Volvió su
mirada en mí. Continué mirando para otra dirección, sino me roburizaría.
-Quiero
que conozcas a mi familia-
-¿Saben
que yo sé que eres un ángel?-
-Saben
más de ti que de mí en estos meses- dijo acercándose. Me reí- Ellos quieren
conocerte, especialmente mi hermano. Quiere saber cómo estas-
-Sería
un placer conocer a tu familia, Frank-
Estaba muy
emocionada, pues, por fin iba a conocer a su familia, pero jugaba con Frank
diciendo que después nos harían el casamiento.
Llegamos al hotel.
Mi padre estaba tan preocupado que, cuando me vio, corrió para abrazarme y
apretujarme dejándome sin aire. Cady, Mae y Michelle también fueron a
abrazarme. Todos se quedaron viendo a Frank.
-Gracias
para traer a mi hija- dijo mi padre sollozo
-No hay
problema, señor Davis. Iría a rescatarla cada segundo de mi vida-
-En
verdad te importa Rebecca, ¿no?-
-Sí,
señor. Lamento la forma en la que le contesté en nuestro primer encuentro-
-No hay
inconveniente alguno, joven. Ni nos conocíamos-
-De
todas formas, me disculpo ante usted- dijo Frank cortésmente
Mi padre,
demostrando su educación, asiente con la cabeza. Estaba muy feliz al ver que
había conocido al muchacho que amaba, o al menos eso era lo que sentía y creía.
Cuando Frank se
marchó, le pregunté a mi padre si le agradaba y me había contestado que si, que
semejaba ser un buen muchacho. Con eso ya era suficiente. Si yo estuviera con
él, lo aprobaría sabiendo que era un muchacho educado y que se preocupaba por
mí. Aun me preocupaba una sola cosa, la transformación de él cuando se enoja.
El color de pelo, el de ojos y el cambio de las alas me revoloteaban por la
cabeza. No sabía qué haría con ese tema. La mirada que apareció en él viendo la
herida de mi pecho, enterándose que había sido el culpable, pensó: ‘ya no me
puedo controlar’. Estaba muy aterrada por esa mirada. Me halla herido o no, lo
seguía queriendo y sería así siempre. Temí que se fuera y no apareciera más por
temor a provocarme problemas. Era algo tonto, ya que no podía vivir sin mí,
pues eso me lo había dicho.
Subí a mi habitación
en compañía de Laurent, quien temía que me cayera al caminar hasta el cuarto,
sosteniéndome de la cintura. Entré y me senté en la cama. Mi compañero me
miraba.
-¿Te
sientes bien, Begg?- preguntó muy preocupado
-Me
duele una lastimadura. Eso es todo- le contesté poniendo mi mano en la herida
del pecho
-¿Cómo
te lo hiciste? Es muy profundo-
-No
importa. Gracias por traerme al cuarto, Laurent-
Se levantó de mi
lado y cerró la puerta. Se escuchó el sonido de la ventana, pues Frank había
entrado a la habitación. Su cara al verme tocándome la lastimadura lo hizo
ponerse muy mal. Se sentó junto a mí y se quedó pensando sin decirme una sola
palabra. Se levantó y se paró. Me miró.
-He
decidido algo, Begg- dijo con la voz apagada
-¿Qué
cosa?-
-Te
dejaré. Si sigo cerca de ti te lastimaré y te lastimarán-
-No
puedes hacerme eso-
-Lo
siento, Begg. Me iré del país-
-Será
algo temporal, ¿no?-
-Es
definitivo y para siempre-
-¿A
dónde te irás?-
-No
puedo decirte, sino me buscarás-
Sus palabras me
lastimaron más que lo que me hizo. Cada una de ellas semejaban ser diez
puñaladas. Lo iba a perder para siempre. No sabría cómo continuar. No sabía qué
contestar, pues mis palabras se desvanecieron en el aire. Miré la ventana.
Quería tirarme por ella. Si no podía ver más a mi querido ángel, haría algo
menos doloroso.
-Begg,
te amo. Esa es la razón por la que me voy-
-No
quieres amarme más- contesté llorando y con la voz ahogada
-No
digas esas tonterías-
-Prefiero
que me lastime todo el mundo antes de que te vallas-
-Es
algo muy lindo lo que dices, pero ingenuo- dijo sonriendo
-Por
favor, no te vallas. No puedo estar sin ti-
Se agachó y me
besó. Me tiré para atrás haciendo que estuviéramos en la cama, uno encima del
otro.
-Ésta
será nuestra última noche juntos y quiero que sea la más feliz- me dijo
Comenzó a besarme
en la frente, en la nariz, en las mejillas, en los labios y en el cuello. Sentí
cómo sus manos recorrían mi cuerpo.
La mañana se acercó
lentamente. Cuando me desperté, Frank ya no estaba. La ventana estaba abierta y
junto a ella había un gran ramo de flores y una carta. Esta decía:
Mi
amor:
Esta noche será
inolvidable para mí. En verdad estoy apenado por haberte dejado. Te prometí que
ibas a conocer a mi familia. Eso será cuando todo se calme..
Quiero que sepas que siempre estarás en mi
corazón. Lo que me diste en esos meses fue único. Me enseñaste a vivir, a
creer, a ver. Todo lo que me mostraste de la vida te lo agradezco.
Te escribiré cada tanto para contarte cómo
estoy, pero no me contestes, es solo por precaución, no porque no quiero saber
de ti. Espero que me perdones algún día.
Te
amo
Frank
Danibelle
Terminé de leer la
carta. En ese momento, recordé el primer día en el que conocí a Frank hasta el
día de hoy.
Las chicas jamás
supieron que Frank y yo pasamos la noche juntos y eso era una suerte, pues,
como siempre, comenzarían a hacer preguntas como qué pasó, qué hicimos, si nos
besamos y cosas que no tendrían que meterse. En fin, mi corazón se congeló más
rápido de lo que tarda el agua dentro de un freezer. Con solo pensar que la
persona que me hacía feliz toda la vida se había marchado tan solo por los
problemas y los accidentes que me ocurrían. Estaba segura de que él suponía que
era el culpable de lo que me pasaba, pero me había metido sola, sin su
intervención. Sabía todo lo que ocurriría si es que continuaba estando con él y
no me importaba.
Busqué el bello
obsequio que me había dado en el callejón cuando estaba enojada con él.
Tratando de recordar, halle el collar junto a la cama. Al fijarme bien en su
brillo, pude ver a Frank dentro de éste. Era algo imposible. Parecía que podía
conectarme con él, verlo aunque estuviera lejos y me hacía muy feliz que, una
vez en cuando, supiera dónde se encontraba. Me lo puse ajustado para que no se
me perdiera y salí de la habitación a desayunar.
En el comedor se
encontraban las chicas solas, pues mi padre tuvo que irse a una reunión.
Sentándome junto a ellas, me miraron las tres a la vez. ¿De casualidad tenía
monos en la cara? No dejaban de mirarme. Sus miradas me hacían recordar esos
días en los que estaba con Frank en el comedor de la escuela y todos nos
miraban con la misma expresión.
-¿Ocurre
algo?- pregunté inquieta
-Begg...no
sé cómo decirte esto, pero...- dijo Cady
-¡Tienes
la marca en el cuello de un beso!- gritó Mae sinceramente
-¿Con
quién estuviste en la noche?- dijo Michelle con una sonrisa
-Chicas,
creo que no es de su incumbencia. Lo siento si lo toman a mal- contesté
-No hay
problema, es cosa tuya y de esa persona que te succionó el cuello
dejándote...eso- contestó Mae.
La tomé del brazo y
me la llevé al baño, en el cual puse el cerrojo para que nadie pudiese entrar.
La miré fijamente a los ojos.
-Esta
fue la mejor noche que tuve en la vida, Mae-
-¿Con
quién estuviste?-
-Prométeme
que no harás nada, ni siquiera un gesto y promete que no dirás nada a nadie ni
lo escribirás- le dije
-Ya
sabes que lo prometo, Begg- me dijo arqueando una de sus cejas
-Frank
estuvo aquí-
-¿Cómo
puede ser que halla llegado aquí?-
-Creo
que lo trajo la directora Sawner-
-Si,
si, seguro- contesto riendo- Ni que fuera la madre-
-Me da
igual eso, pero estuvo aquí conmigo-
-En
verdad me alegro por ti, pero... ¿no estabas enfadada con él?-
-Nos
arreglamos. Es que no quería besarse con ella y me dijo tantas cosas que al
final me pudo convencer. Me ama y yo a él-
-Que
bueno, Begg. ¿El collar te lo regaló él?-
-Sí, es
muy tierno. Esto-le señalé la marca de la succión-también me lo hizo él-
-Eso se
te vería a kilómetros. Con toda la sinceridad del mundo te lo digo-
Miré hacia arriba.
Cerré los ojos y toqué el topacio. La imagen de su cara apareció en mi mente.
Algo no muy peculiar me había llamado la atención, pues su voz sonaba diferente
y parecía que estaba atrapado y pedía auxilio. En ese mismo momento, salí
corriendo del hotel, ya que sabía dónde estaba por el fondo de la “visión”.
Según lo que me parecía, era un salón de fiestas. Cuando pude reconocerlo,
seguí la ruta hacia allí. Le dije a Laurent que era de vida o muerte el favor
que debía hacer: llevarme a ese salón. Por suerte no me pidió ninguna
explicación, solo me preguntó si tenía algo que ver con Frank y, por supuesto,
le dije que si. Al salir del hotel Waldorf Astorian, un auto ya nos estaba
esperando. Después de cerrar la puerta, el chofer arrancó con toda velocidad. A
todos los semáforos que estaban en rojo los llevó por delante, esquivaba a el
montonero de gente que cruzaba la calle como si no necesitase mirar a los
costados, los camiones que llevaban carga de gas y otras cosas nos miraban como
unos locos asaltantes o de ese estilo. En verdad me atemoricé. Frente a nuestro
auto estaba el salón. Una joven entraba mirando para los costados para que
nadie la viera. Como de costumbre, toqué el collar. Pudo ver a Frank atado a
una silla. Quería entrar en ese mismo momento a salvarlo, pero el chofer me
dijo que mejor era esperar la noche.
Estuvimos horas
esperando y eran las ocho de la noche. El hombre me miró de reojo, creyendo que
no lo había notado.
-¿Tienes
idea de lo que harás luego de entrar?- me preguntó
-Salvar
a mi novio- le dije con un tono de obviedad
-Te
recuerdo que allí dentro debe estar lleno de esas raritas personas góticas-
-¿Usted
tiene algún plan en mente?-
-Escucha
cuidadosamente- contestó
El hombre acerco su
boca a mi oído diciéndome cada detalle del plan para rescatar a Frank y sonaba
muy inteligente. Salí del auto y semejé que quería ver algo que estaba en el
piso ya que sentí que me estaban observando, pero, sobre mi cabeza, estaba la
capucha, así que no me podían registrar. No tenía idea de lo que estaban
haciendo con Frank. En mi mente apareció la imagen de Frank con el pelo negro y
ojos rojos, pues esa noche iba a ocurrir como todas las otras, con excepción de
la noche que pasamos juntos. Entonces, ¿Cuándo se enojaba se transformaba? ¿Por
qué al estar conmigo durante la noche no cambiaba de forma? Muchas dudas
aparecieron en mi cabeza, pero debía concentrarme en salvar a Frank antes de
que ocurriera eso y que hicieran el ritual.
Lentamente me fui
acercando a la puerta del salón. Laurent y el hombre, quien todavía no conocía
el nombre, se quedaron observando si es que lograba entrar sin ninguna
dificultad, pero, para que esto funcionara, debían distraer a los discípulos,
así que hicieron que la bocina de alarma sonara en todos los autos que estaban
estacionados. Mientras todos ellos iban a ver lo que ocurría, dejaron la puerta
del salón abierta y pude ingresar. Caminé en puntas de pie para que nadie me oyera.
En uno de los
salones principales, estaba Frank. Sus alas estaban atadas con una cinta
adhesiva. Verlo ahí, atado, solo... ¿solo? ¿Qué hacía Frank solo en un salón?
Sospeché por un largo rato, temiendo que fuera una trampa, así que caminé tan
lentamente por el salón que ni Frank me había escuchado. Lo desaté lo más
rápido que lograba. Lo liberé. Me abrazó con todas sus fuerzas y me alejó de
él.
-Ahí
viene Luzbel otra vez- dijo
Ya sus ojos y su
pelo fueron cambiando, el temor se apoderó de mí al igual que la vez pasada. El
animal corrió a él y trató de clavarle el cuerno, pero le herraba. Tan solo con
un golpe, Frank lanzó al toro por la ventana. Cuando me asomé, éste ya había
huido. Esperé a que la forma normal apareciera en el ángel pro unos minutos y
así se hizo.
-Begg,
estaba muy preocupado por ti-
-Y yo
por ti- dije mirando sus ojos- Creí que ya te había matado-
-Y aún
no sé por qué no lo hizo-
Miró hacia la
ventana, pensando la razón y que tuviera coherencia. Me miró. Me tomó de la
cintura y nos alejamos del lugar.
Laurent y el chofer
arrancaron el vehículo y nos siguieron hasta el hotel, por segunda vez.
Al llegar, mi padre
todavía no había llegado. Mae me vio con Frank y corrió a recibirnos. Nos
abrazó con mucha fuerza, preocupada por lo que nos fuera a suceder. Frank miró
a Mae, tiernamente.
-Cuida
de Begg. No me gustaría volver a salvarla- dijo riendo
-Pues
esta vez yo te salvé-
-En
realidad tenía planeado mi escape, pero apareciste tú-
-Seguro,
Frank- dije acercándome
-Es
hora de irme al instituto. Recuerda que tus días de vacaciones ya pasaron-
-¿Cómo?
¿Tan rápido?-
-Si.
Nos las pasamos corriendo de un lado para el otro-
-Es
decir, volando- dije riendo. Mae no había entendido
-Si-
Me acerqué para
besarlo. Corrió hacia la puerta y desapareció.
-¿Volando?-
preguntó Mae confusa
-Otro
día te explico-
Ya era la mañana,
el momento para irnos de vuelta al instituto. Preparé mis maletas con toda la
ropa nueva, al igual que las chicas y, en cuanto había terminado, bajé al salón
de bienvenida. Mi padre ya estaba preparando el auto con la puerta trasera
abierta para guardar las maletas y bolsas de compra. Michelle, Cady y Mae ya
estaban dentro del auto, esperando mi llegada. Coloqué el bolso dentro de baúl
y me subí al auto muy nerviosa de volver.
El auto arrancó y
nos fuimos. No sé que habría sido de Laurent después de que me ayudó a rescatar
a Frank. No sabía el nombre de ese hombre extraño que también me había ayudado,
pero al menos volvería el instituto ‘The Saphire’ y volver a ver a todos juntos
otra vez.
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