jueves, 24 de noviembre de 2011

Capítulo 10


            Así estuvimos por horas sin que nadie nos molestara. Observé cómo dormía Frank, ya que no podía dormir teniéndolo junto a mí. Cada movimiento lo hacía cuidadosamente para que no me molestara.
            Al hacerse las ocho de la madrugada, oí a Mae tocar la puerta para ir de compras. Las ocho de la mañana era muy temprano para ir al shopping, pero a esa hora se abrían y así no estaríamos junto a mucha gente empujando para tomar la ropa que le gustara.
            Traté de despertar a Frank, pero no podía, estaba muy dormido y se veía tan lindo así. Seguí intentando hasta que lo logré.
                        -¿Qué pasa?- me dijo todo despeinado y con los ojos aún cerrados
                        -Tengo que irme con las chicas- le dije besando su frente
                        -Quédate conmigo, así como estamos-
                        -Querría eso, pero les prometí que iríamos hoy de compras-
                        -Está bien. Nos vemos a la tarde- dijo triste
                        -Por favor, no te pongas así, Frank. Sino lograrás convencerme-
                        -Entonces seguiré de esta forma-
                        -¡Begg!- se escuchaba a Mae gritando desde el otro lado de la puerta
                        -¡Ya voy, me estoy cambiando!- le contesté
                        -¡Te esperamos en el salón de abajo!-
                        -¡Está bien!-
            Me quedé mirando a Frank que estaba con los ojos abiertos y despeinado. En verdad quería quedarme con él y también quería ir de compras con las chicas.
                        -Nos vemos después- le dije con una sonrisa
                        -Bueno-
            Tomé mi ropa y me fui a vestir al baño. Cuando salí, Frank ya no estaba. Preparé mi bolso y me dirigí al salón donde las chicas me esperaban.
            Allí estaba Laurent esperando a que el auto llegara. Al poco rato se escuchó una bocina fuera del hotel y ahí estaba una limusina esperándonos.
                        -Mi nombre es Martin y soy su chofer en el día de hoy-
            El chofer era muy buen mozo. Tenía un bigote fino, sus ojos eran verdes, su piel era clara y sus mejillas eran rosadas. Las arrugas se le notaban cuando sonreía. Su pelo era gris, corto y con mechones blancos.
            Nuestra primera parada fue en el shopping más grande de toda Nueva York. Estaba lleno de locales de perfumería, joyería, de ropa, zapatos, etc. Cady, Mae, Michelle y yo fuimos a un local donde vendían preciosos vestidos de fiesta. Frente a mí, en una rueda giratoria estaba el vestido de mis sueños. Debía ser mío de la forma más violenta que halla. Entré al local y busqué la bella prenda casi por una hora, pues el local era muy grande y estaba llena de accesorios y vestidos. En uno de los percheros se encontraba UN SOLO VESTIDO. Lo tomé velozmente. Sí, era mío. Me fui al vestidor donde las chicas ya se estaban probando ropa. Todos los vestidores estaban repletos y tuve que esperar, pero valió la pena. Uno de los vestidores se vació y fui a probarme el vestido. Me lo puse y me quedaba perfecto. Me marcaba la cintura, no me hacía caderota, me veía más delgada. Era perfecto. Me lo quité y se lo llevé a la cajera para comprarlo. Laurent fue corriendo para ver qué me había comprado y le gustó. De una billetera sacó una tarjeta de crédito y se lo dio a la cajera. Ésta la pasó por una máquina.
                        -Son $1000 pesos- dijo-Éste vestido más unos zapatos le costarán solo $10 pesos más por la oferta de comprar un vestido recién salido a la venta-
                        -Bueno- le contesté junto con Laurent
            La cajera tomó unos zapatos que estaban bajo el mostrador y eran exactamente los zapatos que quería comprar para combinar con el vestido, y por supuesto que me los llevé. Nos dio el ticket y salí del local.
            Me quedé en la puerta esperando a las chicas. Más gente comenzó a aparecer y todas salían con las manos repletas de bolsas y aún nuestra compra no había terminado. Mientras pensaba esto, de la nada apareció Frank. Estaba del otro lado del piso del que me encontraba. Siempre a donde iba, él también estaba, cuidándome de todo mí alrededor que pueda herirme. Le hice una seña para que viniera y en menos de dos segundos ya estaba al lado mío.
                        -¿Qué te compraste?- me preguntó
                        -Hola, ¿no?- le dije con una sonrisa
                        -Hola. ¿Qué te compraste?- me repite
                        -Un vestido y unos zapatos-
                        -¿Los puedo ver?-
                        -No. Los vas a ver el día del baile de máscaras-
                        -Dale, quiero ver. Sino no podré distinguirte de todas las chicas-
                        -¿Me estás diciendo que vas a estar con todas las chicas hasta encontrarme?-
                        -Tal vez-
                        -¡Frank!- le grité enojada-¿Aún no has cambiado?-
                        -No sé a qué te refieres-
                        -Estar de mano en mano de chicas-
                        -Por favor, Begg, no te pongas celosa-
                        -¿Celosa? furiosa-
                        -Va a ser un baile, esto significa que hay que bailar-
                        -¿Te crees que soy tonta?-
                        -Jamás dije eso. Te estás atacando tú misma-
                        -No me ataco, es solo que me decepcionaste, Frank. Creí que al ver lo que pasó con Claricé te haría cambiar-
                        -¿Huh?-
                        -Deja. Ya está-
            Me metí de nuevo al local. Creí que había cambiado. Supuse que no volvería a estar junto con otra chica que no fuera yo. Tal vez era egoísta de quererlo solamente para mí, pero en verdad lo amaba y él a mí. Si era así no debía estar con todas las chicas coqueteando mientras yo estaba frente a él. No, era mejor estar sola y no seguir sufriendo por un amor imposible.
            Las chicas terminaron de comprar su ropa y nos dirigimos a otros locales. Cada local que veíamos nos sorprendía más por la diferente moda que había y que se creaba.
            En la búsqueda de máscaras, un local vendía libros encantados y cuentos diabólicos. Les dije a las chicas que entremos ahí, que quería ver unas cosas. Me acompañaron y comenzaron a chusmear. Cady, al tocar la campana que estaba en el mostrador, un hombre salió de una puerta que estaba frente a ella. Al verlo, gritamos todas. Sus ojos eran blancos, su labio estaba partido, su piel pálida estaba llena de rasguños. Las manos eran huesudas y con uñas largas.
                        -¿Qué necesitan, muchachas?-nos pregunta
                        -Andamos buscando un libro sobre toros diabólicos- le digo
                        -Ah, si, si- se agacha y saca un libro grueso y negro-Es este-
            Cuando vi la tapa del libro, en el centro estaba la marca de los tres 6 en color plateado. Antes de abrirlo, pensé qué me pasaría después de eso. Lo abrí. Con solo tocar el libro mi corazón se detuvo, mis manos comenzaron a temblar. La primera hoja estaba vacía, pero en minutos gotas de sangre aparecieron. Cuando miré la palma de mi mano, tenía un corte. No sabía con qué me lo había hecho, pues no había tocado nada que me pudiese hacer que me cortara. Seguí mirando las hojas del libro. Eran finas. Lo que más me sorprendió de todo fue que la segunda hoja no se había traspasado la sangre. Todo, absolutamente todo provocaba temor allí. Cada una de las hojas tenía una escritura gótica con dibujos para mostrar rituales y aquellos que eran parte del clan diabólico. Ésta escritura era antigua y ya no se usaba, pero lo comprendía. No supe cómo y jamás lo sabría. En una de las hojas intermedias estaba el dibujo de Luzbel. Se lo describía como el supremo de todos. Su carácter no era nada bueno, con excepción de sus seguidores.
            Una hora ya había pasado y era mediodía. Debíamos volver al hotel para ir a comer. Insistí en que nos quedáramos un poco más. Las chicas aceptaron, pero solo me dieron media hora. Seguí leyendo el libro. Ya casi al final estaba el ritual que más me importaba: “La fuerza a través de ángeles”. Éste decía así: ‘para conseguir la fuerza se necesita conseguir un ángel. Cuando ya se lo tiene, tomar una pluma, sangre, piel, cabello y uña. No hay que matarlo para conseguir los elementos. Antes, hay que llenar el cáliz con agua de mar salado y de mar dulce. Mezclarlo con la sangre del Superior. Finalmente, colocar los elementos. Cuando el agua torne a un color rojo, tomarlo. Este antídoto servirá poder controlar el mundo y poder asesinar a todo lo que se interponga en el camino.’ Para eso querían a Frank. Dejé el libro y le dije a las chicas que nos fuéramos rápido. Con el collar del topacio puesto al rededor de mi cuello, el hombre me tomó del brazo.
                        -No podrás esconder a tu amigo. El señor te seguirá a través de tu corte y los atrapará a los dos-
            No podía ser cierto. Luzbel me seguiría hasta hallar a Frank y no lo podía permitir. Hice que el anciano soltara mi brazo bruscamente y fui corriendo hasta la limusina.
                        -Martin, por favor, ve rápido al hotel. Tengo el presentimiento de que algo malo pasará en los siguientes momentos-
            Arrancó en cuanto todas nos sentamos. En menos de quince minutos llegamos al hotel. Mi padre nos estaba esperando.
                        -Begg, chicas, la comida ya está lista-
                        -No tengo hambre, papá. Iré a mi cuarto que creo que dejé algo prendido-
                        -Está bien- me contestó con una sonrisa
            Toqué el botón del ascensor y estaba frente a mí. Subí lo más rápido que pude. Cuando abrí la puerta, la ventana estaba abierta. Frank se había ido.
                        -¡Frank!- grité
                        -No debes gritar. Estoy al lado tuyo- me dijo riendo
                        -Debes irte. No me sigas más- le dije llorando
                        -No te entiendo, Begg-
                        -¡Que te vallas! ¡Ya no te quiero!- le dije aún llorando
                        -No te creo eso- me dijo con los ojos llorosos
                        -Pues créelo, Frank- lo miré fijamente a los ojos-Estoy enamorada de otra persona-
                        -¿De quién? ¿De ese Travis?- me preguntó mirando al piso
                        -Sí-
            Era la mayor mentira del mundo. Travis era muy guapo, pero era un chico que había dejado de ver desde el incidente. Sabía que a Frank no le haría bien que le dijera eso y con más razón debía decirlo. Cuando oyó mis palabras una lágrima le calló por la mejilla. Se me partía el corazón verlo así. Decidí darme la vuelta para no mirarlo, pues lo amaba como nunca alguien podría amar a otro. Me pareció que era la única manera de hacer que Frank estuviera a salvo de las garras del toro. Se puso en la ventana y se marchó. Corrí hacia allí para verlo por última vez. Cerré la ventana con fuerza suponiendo que podía escucharlo. Me fui llorando a la cama. Tapé mi cara con la almohada para que los vecinos no escucharan. Me sentía mal por lo que había hecho. Ahora tenía una sola imagen en mi mente: la cara triste de Frank y la lágrima cayendo por su mejilla. No debí mentirle. Estaba arrepentida, pero ya estaba hecho.
            Las horas fueron pasando y seguía llorando. Oí un ruido en la ventana. Pensé que era Frank, así que no me moví del lugar. Luego se escuchó un ruido más fuerte. Grité que se fuera, pero la contestación fue romper la ventana. Al levantar mi cabeza, Luzbel estaba frente a mí.
                        -Pobre niña- dijo al verme-Hace mucho que no nos vemos-
                        -No sé lo que quieres-
                        -Claro que lo sabes. Sino, no hubieses tomado mi libro-
                        -No lo conseguirás-
                        -Tal vez. Sé que harías lo posible para que no lo lastime a Danibelle. Hasta decirle que estás enamorada de otro-
                        -Sí-
                        -No eres la persona a quien quiero lastimar, pero te necesito-
                        -¡Aléjate de mí!-
            Tomé la almohada y se la arrojé al hocico. Corrí hacia la puerta y la abrí. Luzbel me seguía. Toqué el botón del ascensor que no venía, así que tomé las escaleras de emergencia. Cuando llegué al salón de planta baja, el toro estaba al frente mío y de todos los huéspedes. Me agarró y corrió hacia la puerta. Salimos a la calle y todos gritaron del terror. Luzbel saltó y llegó a la terraza del departamento que estaba frente al hotel. Me desmayé del temor a caerme.
            Al despertar, me encontraba en un departamento en ruinas, atrapada en una celda. Estaba sola, ya no había más otros contrarios del animal por lo que había pasado anteriormente. Los discípulos caminaban de un lado para el otro. A través de una grieta que se hallaba detrás de mí. Me di cuenta de que seguía estando el sol. Me había vuelto a atrapar. Tuve miedo de que Frank estuviera en camino para salvarme. Encontré un papel en blanco y un trozo de lápiz. Escribí: FRANK, SÉ QUE ESTÁS CERCA DE AQUÍ PORQUE LO SIENTO. NO TRATES DE RESCATARME. Era muy a secas, pero tenía que alejarlo del peligro.
            Cuando oscureció, Luzbel abre la puerta de la celda.
                        -Confío en ti, Rebecca. Te dejaré caminar por el jardín de atrás, pero no escapes, porque empeorarás tu situación y la de tu novio-
                        -No se preocupe, no escaparía- le dije mirando al suelo
            Salí de la celda y caminé lentamente hacia donde me mostraba el animal. No era tan malo. Noté que trataba mal a sus prisioneros para mostrar su fuerza a los discípulos para que no lo dejaran y lucharan junto a él.
            El jardín era muy grande, lleno de florcillas. El pasto era corto. Seguramente lo cortaban cada tanto los seguidores cuando necesitaban salir de la ruina. A lo lejos pude ver solo un árbol, grande y llena de hojas verdes. Caminé hacia allí, recordando todo. Estaba viendo el mismo árbol que estaba alrededor de la nieve ese día en el que perdí a mis padres y encontré a un joven ángel quien me protegió del frío y me llevó a mi verdadero hogar. También ese fue el árbol que había visto cuando estábamos en el micro con dirección a la ciudad, donde encontré a mi padre milagrosamente. A la ruina no la había visto en ese entonces. Me senté debajo de éste y me quedé dormida. Como siempre me puse a soñar. Todo era semejante a lo que pasó cuando salí de la celda. Hubo una cosa que cambió. Estaba yo a mi edad de los cinco años, debajo de un árbol, hasta que de repente un ángel apareció. Su rostro era la de Frank, pero era mayor. Me dijo que se llamaba Robert. Me tomó en sus brazos y voló junto a mí, dándome su calor corporal. Durante el viaje me contaba fantásticas historias de aventuras que había tenido. En un momento me susurró que, cuando fuera mayor, un hermano suyo iría a mi colegio y cuidaría de mí. No me dijo el nombre de aquel muchacho que aparecería, pero sí que lo tendría cerca. Me dejó lo más cerca que podía de la puerta del instituto. La directora Sawner salió y recibió a Robert. Le dijo que mandara saludos a su madre y a su hermano. También que lamentaba la pérdida de Lebzul, su padre desaparecido.     La voz de Frank sonaba en mi cabeza. Abrí los ojos y allí estaba él. No me miraba. Seguía mal por lo que le había dicho. Hizo que me pare y sostuvo mi mano por un largo tiempo. Levantó su cara y me miró con sus bellos ojos celestes, llenos de lágrimas.
                        -No entiendo por qué me lastimas y en lo único que pienso es saber cómo estas-
                        -Te dije que no vinieras, Frank-
                        -No creí que fuera verdad-
                        -La única manera de hacer que no te atrapara Luzbel era diciéndote que no te quería más y que amaba a otra persona. No fue suficiente-
                        -¿Me mentiste?- me preguntó
                        -Sí, Frank. Quería salvarte-
                        -¿De qué?-
            L e enseñé el corte de mi mano. Miró y se quedó sorprendido.
                        -Vete- le dije
            En cuanto levantó el vuelo, Luzbel apareció y lo agarró de la pierna tirándolo al piso. La pelea había comenzado.
            En uno de los momentos, el toro lastima uno de los brazos de Frank, haciendo que sangrara. El animal corrió hacia él con velocidad, pero Frank saltó e hirió el lomo de Luzbel con una varilla de metal. Mientras lo lastimaba, la sangre llegó a su lastimadura. Se tiró al suelo y se quedó ahí, gritando. El pelo le cambiaba a negro, los ojos eran rojos carmesí, en las alas blancas comenzaron a aparecer agujeros, pareciendo que le dispararon. Ya no era Frank.
                        -¡Frank!- grité corriendo hacia él
            Con su brazo, golpeó mi pecho tan fuerte que me hizo volar y golpear mi cabeza con el árbol. Ahí me quedé y no supe que más pasó.

            Al abrir los ojos, el cuerpo de Frank estaba tirado entre el pasto. Me levanté y corrí hasta su paradero.
                        -¿Frank?- lo miré-¿Estás bien?-
                        -Me siento muy débil, Begg- me contestó- ¿Dónde está Luzbel?-
                        -Se fue. Lo has herido muy fuerte, Frank. No creo que lo volvamos a ver por un largo tiempo-
                        -Que bueno. ¿Qué me pasó?-
                        -No lo sé-
                        -¿Por qué tienes una cortadura en el pecho?-
                        -Me golpeaste y choqué contra el árbol-
                        -¿Cómo que te golpeé?-
                        -Está bien, Frank. Ya no importa-
                        -A mí si me importa-
            Miró el árbol. Se sentía culpable por lo que me hizo. En verdad sabía lo que había pasado. Cuando la sangre de Luzbel se juntó con la de Frank, su ADN cambió. Al igual que el físico, su mente cambió, transformándose en alguien malvado. Su corazón era como una piedra. No sentía. Esto hizo que su fuerza fuere el doble que el de cualquiera. Tomé su cabeza e hice que me mirara.
                        -Lo que importa es que no te hizo daño-
            En cuanto oyó mis palabras me besó apasionadamente. Me tiró al pasto y así estuvimos hasta que el día volvió a iluminarse.

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