Así estuvimos por horas sin
que nadie nos molestara. Observé cómo dormía Frank, ya que no podía dormir
teniéndolo junto a mí. Cada movimiento lo hacía cuidadosamente para que no me molestara.
Al hacerse las ocho
de la madrugada, oí a Mae tocar la puerta para ir de compras. Las ocho de la
mañana era muy temprano para ir al shopping, pero a esa hora se abrían y así no
estaríamos junto a mucha gente empujando para tomar la ropa que le gustara.
Traté de despertar
a Frank, pero no podía, estaba muy dormido y se veía tan lindo así. Seguí
intentando hasta que lo logré.
-¿Qué
pasa?- me dijo todo despeinado y con los ojos aún cerrados
-Tengo
que irme con las chicas- le dije besando su frente
-Quédate
conmigo, así como estamos-
-Querría
eso, pero les prometí que iríamos hoy de compras-
-Está
bien. Nos vemos a la tarde- dijo triste
-Por
favor, no te pongas así, Frank. Sino lograrás convencerme-
-Entonces
seguiré de esta forma-
-¡Begg!-
se escuchaba a Mae gritando desde el otro lado de la puerta
-¡Ya
voy, me estoy cambiando!- le contesté
-¡Te
esperamos en el salón de abajo!-
-¡Está
bien!-
Me quedé mirando a
Frank que estaba con los ojos abiertos y despeinado. En verdad quería quedarme
con él y también quería ir de compras con las chicas.
-Nos
vemos después- le dije con una sonrisa
-Bueno-
Tomé mi ropa y me
fui a vestir al baño. Cuando salí, Frank ya no estaba. Preparé mi bolso y me
dirigí al salón donde las chicas me esperaban.
Allí estaba Laurent
esperando a que el auto llegara. Al poco rato se escuchó una bocina fuera del
hotel y ahí estaba una limusina esperándonos.
-Mi
nombre es Martin y soy su chofer en el día de hoy-
El chofer era muy
buen mozo. Tenía un bigote fino, sus ojos eran verdes, su piel era clara y sus
mejillas eran rosadas. Las arrugas se le notaban cuando sonreía. Su pelo era
gris, corto y con mechones blancos.
Nuestra primera
parada fue en el shopping más grande de toda Nueva York. Estaba lleno de locales
de perfumería, joyería, de ropa, zapatos, etc. Cady, Mae, Michelle y yo fuimos
a un local donde vendían preciosos vestidos de fiesta. Frente a mí, en una
rueda giratoria estaba el vestido de mis sueños. Debía ser mío de la forma más
violenta que halla. Entré al local y busqué la bella prenda casi por una hora,
pues el local era muy grande y estaba llena de accesorios y vestidos. En uno de
los percheros se encontraba UN SOLO VESTIDO. Lo tomé velozmente. Sí, era mío.
Me fui al vestidor donde las chicas ya se estaban probando ropa. Todos los
vestidores estaban repletos y tuve que esperar, pero valió la pena. Uno de los
vestidores se vació y fui a probarme el vestido. Me lo puse y me quedaba
perfecto. Me marcaba la cintura, no me hacía caderota, me veía más delgada. Era
perfecto. Me lo quité y se lo llevé a la cajera para comprarlo. Laurent fue
corriendo para ver qué me había comprado y le gustó. De una billetera sacó una
tarjeta de crédito y se lo dio a la cajera. Ésta la pasó por una máquina.
-Son
$1000 pesos- dijo-Éste vestido más unos zapatos le costarán solo $10 pesos más
por la oferta de comprar un vestido recién salido a la venta-
-Bueno-
le contesté junto con Laurent
La cajera tomó unos
zapatos que estaban bajo el mostrador y eran exactamente los zapatos que quería
comprar para combinar con el vestido, y por supuesto que me los llevé. Nos dio
el ticket y salí del local.
Me quedé en la
puerta esperando a las chicas. Más gente comenzó a aparecer y todas salían con
las manos repletas de bolsas y aún nuestra compra no había terminado. Mientras
pensaba esto, de la nada apareció Frank. Estaba del otro lado del piso del que
me encontraba. Siempre a donde iba, él también estaba, cuidándome de todo mí
alrededor que pueda herirme. Le hice una seña para que viniera y en menos de
dos segundos ya estaba al lado mío.
-¿Qué
te compraste?- me preguntó
-Hola,
¿no?- le dije con una sonrisa
-Hola.
¿Qué te compraste?- me repite
-Un
vestido y unos zapatos-
-¿Los
puedo ver?-
-No.
Los vas a ver el día del baile de máscaras-
-Dale,
quiero ver. Sino no podré distinguirte de todas las chicas-
-¿Me
estás diciendo que vas a estar con todas las chicas hasta encontrarme?-
-Tal
vez-
-¡Frank!-
le grité enojada-¿Aún no has cambiado?-
-No sé
a qué te refieres-
-Estar
de mano en mano de chicas-
-Por
favor, Begg, no te pongas celosa-
-¿Celosa?
furiosa-
-Va a
ser un baile, esto significa que hay que bailar-
-¿Te
crees que soy tonta?-
-Jamás
dije eso. Te estás atacando tú misma-
-No me
ataco, es solo que me decepcionaste, Frank. Creí que al ver lo que pasó con
Claricé te haría cambiar-
-¿Huh?-
-Deja.
Ya está-
Me metí de nuevo al
local. Creí que había cambiado. Supuse que no volvería a estar junto con otra
chica que no fuera yo. Tal vez era egoísta de quererlo solamente para mí, pero
en verdad lo amaba y él a mí. Si era así no debía estar con todas las chicas
coqueteando mientras yo estaba frente a él. No, era mejor estar sola y no
seguir sufriendo por un amor imposible.
Las chicas
terminaron de comprar su ropa y nos dirigimos a otros locales. Cada local que
veíamos nos sorprendía más por la diferente moda que había y que se creaba.
En la búsqueda de
máscaras, un local vendía libros encantados y cuentos diabólicos. Les dije a
las chicas que entremos ahí, que quería ver unas cosas. Me acompañaron y
comenzaron a chusmear. Cady, al tocar la campana que estaba en el mostrador, un
hombre salió de una puerta que estaba frente a ella. Al verlo, gritamos todas.
Sus ojos eran blancos, su labio estaba partido, su piel pálida estaba llena de
rasguños. Las manos eran huesudas y con uñas largas.
-¿Qué
necesitan, muchachas?-nos pregunta
-Andamos
buscando un libro sobre toros diabólicos- le digo
-Ah,
si, si- se agacha y saca un libro grueso y negro-Es este-
Cuando vi la tapa
del libro, en el centro estaba la marca de los tres 6 en color plateado. Antes
de abrirlo, pensé qué me pasaría después de eso. Lo abrí. Con solo tocar el
libro mi corazón se detuvo, mis manos comenzaron a temblar. La primera hoja
estaba vacía, pero en minutos gotas de sangre aparecieron. Cuando miré la palma
de mi mano, tenía un corte. No sabía con qué me lo había hecho, pues no había
tocado nada que me pudiese hacer que me cortara. Seguí mirando las hojas del
libro. Eran finas. Lo que más me sorprendió de todo fue que la segunda hoja no
se había traspasado la sangre. Todo, absolutamente todo provocaba temor allí.
Cada una de las hojas tenía una escritura gótica con dibujos para mostrar
rituales y aquellos que eran parte del clan diabólico. Ésta escritura era
antigua y ya no se usaba, pero lo comprendía. No supe cómo y jamás lo sabría. En
una de las hojas intermedias estaba el dibujo de Luzbel. Se lo describía como
el supremo de todos. Su carácter no era nada bueno, con excepción de sus seguidores.
Una hora ya había
pasado y era mediodía. Debíamos volver al hotel para ir a comer. Insistí en que
nos quedáramos un poco más. Las chicas aceptaron, pero solo me dieron media
hora. Seguí leyendo el libro. Ya casi al final estaba el ritual que más me
importaba: “La fuerza a través de ángeles”. Éste decía así: ‘para
conseguir la fuerza se necesita conseguir un ángel. Cuando ya se lo tiene,
tomar una pluma, sangre, piel, cabello y uña. No hay que matarlo para conseguir
los elementos. Antes, hay que llenar el cáliz con agua de mar salado y de mar
dulce. Mezclarlo con la sangre del Superior. Finalmente, colocar los elementos.
Cuando el agua torne a un color rojo, tomarlo. Este antídoto servirá poder
controlar el mundo y poder asesinar a todo lo que se interponga en el camino.’ Para eso querían a Frank. Dejé el libro y le dije a las chicas que
nos fuéramos rápido. Con el collar del topacio puesto al rededor de mi cuello,
el hombre me tomó del brazo.
-No
podrás esconder a tu amigo. El señor te seguirá a través de tu corte y los
atrapará a los dos-
No podía ser
cierto. Luzbel me seguiría hasta hallar a Frank y no lo podía permitir. Hice
que el anciano soltara mi brazo bruscamente y fui corriendo hasta la limusina.
-Martin,
por favor, ve rápido al hotel. Tengo el presentimiento de que algo malo pasará
en los siguientes momentos-
Arrancó en cuanto
todas nos sentamos. En menos de quince minutos llegamos al hotel. Mi padre nos
estaba esperando.
-Begg,
chicas, la comida ya está lista-
-No
tengo hambre, papá. Iré a mi cuarto que creo que dejé algo prendido-
-Está
bien- me contestó con una sonrisa
Toqué el botón del
ascensor y estaba frente a mí. Subí lo más rápido que pude. Cuando abrí la
puerta, la ventana estaba abierta. Frank se había ido.
-¡Frank!-
grité
-No
debes gritar. Estoy al lado tuyo- me dijo riendo
-Debes
irte. No me sigas más- le dije llorando
-No te
entiendo, Begg-
-¡Que
te vallas! ¡Ya no te quiero!- le dije aún llorando
-No te
creo eso- me dijo con los ojos llorosos
-Pues
créelo, Frank- lo miré fijamente a los ojos-Estoy enamorada de otra persona-
-¿De
quién? ¿De ese Travis?- me preguntó mirando al piso
-Sí-
Era la mayor
mentira del mundo. Travis era muy guapo, pero era un chico que había dejado de
ver desde el incidente. Sabía que a Frank no le haría bien que le dijera eso y
con más razón debía decirlo. Cuando oyó mis palabras una lágrima le calló por
la mejilla. Se me partía el corazón verlo así. Decidí darme la vuelta para no
mirarlo, pues lo amaba como nunca alguien podría amar a otro. Me pareció que
era la única manera de hacer que Frank estuviera a salvo de las garras del toro.
Se puso en la ventana y se marchó. Corrí hacia allí para verlo por última vez.
Cerré la ventana con fuerza suponiendo que podía escucharlo. Me fui llorando a
la cama. Tapé mi cara con la almohada para que los vecinos no escucharan. Me
sentía mal por lo que había hecho. Ahora tenía una sola imagen en mi mente: la
cara triste de Frank y la lágrima cayendo por su mejilla. No debí mentirle.
Estaba arrepentida, pero ya estaba hecho.
Las horas fueron
pasando y seguía llorando. Oí un ruido en la ventana. Pensé que era Frank, así
que no me moví del lugar. Luego se escuchó un ruido más fuerte. Grité que se
fuera, pero la contestación fue romper la ventana. Al levantar mi cabeza,
Luzbel estaba frente a mí.
-Pobre
niña- dijo al verme-Hace mucho que no nos vemos-
-No sé
lo que quieres-
-Claro
que lo sabes. Sino, no hubieses tomado mi libro-
-No lo
conseguirás-
-Tal
vez. Sé que harías lo posible para que no lo lastime a Danibelle. Hasta decirle
que estás enamorada de otro-
-Sí-
-No
eres la persona a quien quiero lastimar, pero te necesito-
-¡Aléjate
de mí!-
Tomé la almohada y
se la arrojé al hocico. Corrí hacia la puerta y la abrí. Luzbel me seguía.
Toqué el botón del ascensor que no venía, así que tomé las escaleras de
emergencia. Cuando llegué al salón de planta baja, el toro estaba al frente mío
y de todos los huéspedes. Me agarró y corrió hacia la puerta. Salimos a la
calle y todos gritaron del terror. Luzbel saltó y llegó a la terraza del
departamento que estaba frente al hotel. Me desmayé del temor a caerme.
Al despertar, me
encontraba en un departamento en ruinas, atrapada en una celda. Estaba sola, ya
no había más otros contrarios del animal por lo que había pasado anteriormente.
Los discípulos caminaban de un lado para el otro. A través de una grieta que se
hallaba detrás de mí. Me di cuenta de que seguía estando el sol. Me había
vuelto a atrapar. Tuve miedo de que Frank estuviera en camino para salvarme.
Encontré un papel en blanco y un trozo de lápiz. Escribí: FRANK, SÉ QUE ESTÁS
CERCA DE AQUÍ PORQUE LO SIENTO. NO TRATES DE RESCATARME. Era muy a secas, pero
tenía que alejarlo del peligro.
Cuando oscureció,
Luzbel abre la puerta de la celda.
-Confío
en ti, Rebecca. Te dejaré caminar por el jardín de atrás, pero no escapes,
porque empeorarás tu situación y la de tu novio-
-No se
preocupe, no escaparía- le dije mirando al suelo
Salí de la celda y
caminé lentamente hacia donde me mostraba el animal. No era tan malo. Noté que
trataba mal a sus prisioneros para mostrar su fuerza a los discípulos para que
no lo dejaran y lucharan junto a él.
El jardín era muy
grande, lleno de florcillas. El pasto era corto. Seguramente lo cortaban cada tanto
los seguidores cuando necesitaban salir de la ruina. A lo lejos pude ver solo
un árbol, grande y llena de hojas verdes. Caminé hacia allí, recordando todo.
Estaba viendo el mismo árbol que estaba alrededor de la nieve ese día en el que
perdí a mis padres y encontré a un joven ángel quien me protegió del frío y me
llevó a mi verdadero hogar. También ese fue el árbol que había visto cuando
estábamos en el micro con dirección a la ciudad, donde encontré a mi padre
milagrosamente. A la ruina no la había visto en ese entonces. Me senté debajo
de éste y me quedé dormida. Como siempre me puse a soñar. Todo era semejante a
lo que pasó cuando salí de la celda. Hubo una cosa que cambió. Estaba yo a mi
edad de los cinco años, debajo de un árbol, hasta que de repente un ángel
apareció. Su rostro era la de Frank, pero era mayor. Me dijo que se llamaba
Robert. Me tomó en sus brazos y voló junto a mí, dándome su calor corporal.
Durante el viaje me contaba fantásticas historias de aventuras que había
tenido. En un momento me susurró que, cuando fuera mayor, un hermano suyo iría
a mi colegio y cuidaría de mí. No me dijo el nombre de aquel muchacho que
aparecería, pero sí que lo tendría cerca. Me dejó lo más cerca que podía de la
puerta del instituto. La directora Sawner salió y recibió a Robert. Le dijo que
mandara saludos a su madre y a su hermano. También que lamentaba la pérdida de
Lebzul, su padre desaparecido. La voz
de Frank sonaba en mi cabeza. Abrí los ojos y allí estaba él. No me miraba.
Seguía mal por lo que le había dicho. Hizo que me pare y sostuvo mi mano por un
largo tiempo. Levantó su cara y me miró con sus bellos ojos celestes, llenos de
lágrimas.
-No
entiendo por qué me lastimas y en lo único que pienso es saber cómo estas-
-Te
dije que no vinieras, Frank-
-No
creí que fuera verdad-
-La
única manera de hacer que no te atrapara Luzbel era diciéndote que no te quería
más y que amaba a otra persona. No fue suficiente-
-¿Me
mentiste?- me preguntó
-Sí,
Frank. Quería salvarte-
-¿De
qué?-
L e enseñé el corte
de mi mano. Miró y se quedó sorprendido.
-Vete-
le dije
En cuanto levantó
el vuelo, Luzbel apareció y lo agarró de la pierna tirándolo al piso. La pelea
había comenzado.
En uno de los
momentos, el toro lastima uno de los brazos de Frank, haciendo que sangrara. El
animal corrió hacia él con velocidad, pero Frank saltó e hirió el lomo de
Luzbel con una varilla de metal. Mientras lo lastimaba, la sangre llegó a su
lastimadura. Se tiró al suelo y se quedó ahí, gritando. El pelo le cambiaba a
negro, los ojos eran rojos carmesí, en las alas blancas comenzaron a aparecer
agujeros, pareciendo que le dispararon. Ya no era Frank.
-¡Frank!-
grité corriendo hacia él
Con su brazo,
golpeó mi pecho tan fuerte que me hizo volar y golpear mi cabeza con el árbol.
Ahí me quedé y no supe que más pasó.
Al abrir los ojos,
el cuerpo de Frank estaba tirado entre el pasto. Me levanté y corrí hasta su
paradero.
-¿Frank?-
lo miré-¿Estás bien?-
-Me
siento muy débil, Begg- me contestó- ¿Dónde está Luzbel?-
-Se fue.
Lo has herido muy fuerte, Frank. No creo que lo volvamos a ver por un largo
tiempo-
-Que
bueno. ¿Qué me pasó?-
-No lo
sé-
-¿Por
qué tienes una cortadura en el pecho?-
-Me
golpeaste y choqué contra el árbol-
-¿Cómo
que te golpeé?-
-Está
bien, Frank. Ya no importa-
-A mí
si me importa-
Miró el árbol. Se
sentía culpable por lo que me hizo. En verdad sabía lo que había pasado. Cuando
la sangre de Luzbel se juntó con la de Frank, su ADN cambió. Al igual que el
físico, su mente cambió, transformándose en alguien malvado. Su corazón era
como una piedra. No sentía. Esto hizo que su fuerza fuere el doble que el de
cualquiera. Tomé su cabeza e hice que me mirara.
-Lo que
importa es que no te hizo daño-
En cuanto oyó mis
palabras me besó apasionadamente. Me tiró al pasto y así estuvimos hasta que el
día volvió a iluminarse.
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