lunes, 7 de noviembre de 2011

Capítulo 3


El crepúsculo del anochecer fue apareciendo lentamente.
Al terminar la conversación con Nicholas, me dirigí a la habitación para cumplir el favor aceptado. En ese momento recordé la cara de Frank al verme junto a Nicholas, estaba segura de que pensaba que Nicholas me gustaba y no sabía cómo decirle que no era verdad, que la única persona que me gustaba era él. Ahí estaba la respuesta: estaba enamorada de Frank. No quería que se enojara conmigo, sino sentiría como de a poco mi corazón iría desapareciendo sin su compañía. Nadie lo debía saber. Cady estaba parada frente a mí.
                        -Begg, me estabas diciendo algo- dijo
                        -¿Ah, sí?- pregunté- Ah, si, si. ¿Crees que nos podamos ver en el patio trasero del colegio? Tengo que decirte algo muy importante-
                        -Pues dímelo ahora-
                        -Preferiría en el patio. Te espero a las ocho en punto- le dije cuidadosamente. Salí de la habitación corriendo.
            Las siete se hicieron. Fui en busca de Frank porque quería disculparme y hablar con él. No le iba a decir lo que sentía, pero debíamos hablar.
            Busqué durante media hora hasta que me encontré con Nicholas. Me preguntó si es que le había dicho a Cady que nos viéramos en el jardín trasero, le contesté que sí, pero que se apurara si es que quería llegar antes que ella. Me despedí y seguí con mi búsqueda.
            Las campanadas de las ocho se escucharon. Estaba exhausta. Estuve buscándolo por una hora entera, pero no lo pude encontrar. Cansada, bajé las escaleras hasta el parque central del colegio. Mis piernas no daban abasto, mis músculos ya no querían cooperar. Me rendí. Caí en el pasto. A unos dos metros de mí estaba una bella fuente, donde estaban tallados dos cisnes con sus largos y extravagantes cuellos formando un corazón. Cuando me levanté para ir a la habitación, Frank estaba sentado delante de la imagen de los cisnes. Estaba sorprendida, sus ojos estaban normales, su pelo brillaba con la luz de la luna llena. Debía decir que estaba hermoso.
                        -Hola- dijo susurrando
                        -Hola- le contesté
                        -Discúlpame por lo que ocurrió hoy- dijimos a la vez
                        -Fue mí culpa, debí haberlos ayudado-
                        -Fue la culpa de ambos. Jamás debí haberte dicho eso-dije apenada- Estaba furiosa porque los chicos me miraban de una forma horrible- se rió
                        -De la misma forma en la que te miraron cuando nos sentamos juntos por primera vez en el comedor. Lo sé-
                        -Sí. Lo único que quería era disculparme. Ahora debo irme a mi habitación. Mañana hay clases y no quiero dormirme a mitad de ella-
                        -Es verdad, yo tampoco quiero que te duermas en mi hombro- dijo con una sonrisa
                        -Así que...descansa-
                        -Igual tú-dijo- Sueña con los angelitos-
            Su voz era muy angelical, muy tranquila. No sabía qué pasaba, pero sentí que tarde o temprano me diría lo que esperaba oír de sus labios.

            A la mañana del lunes, la profesora estaba enferma, así que no tendríamos clases. Todos se fueron corriendo, la mayoría se fue e dormir, mientras que yo les dije a mis amigas que se quedaran, que les tenía que contar algo muy importante.
                        -Tuve un sueño muy extraño- dije sin subir mi voz
                        -¿Qué soñaste? Cuéntanos todo- contestó Cady, que estaba muy entusiasmada por oír.
                        -Soñé con el colegio y la habitación prohibida-
                        -¡¿Cómo?!- dijo Michelle
                        -Sí, lo que escucharon- esperé unos segundos y continué- Fue una noche en la que todos estábamos durmiendo. De la nada apareció una muchacha, pero sólo la sombra se veía así que no sé quién era. Abrí la puerta de la habitación y la dejó abierta. De ella salió una sombra rara, una especie de toro. Su tamaño era anormal, sus ojos eran rojos y era enorme. El toro se paró frente a la chica y le dijo que buscara al muchacho, que debía estar en la ciudad-
                        -¿Iban en busca de un muchacho?- preguntó Mae- ¿Cómo lo reconocerían? Hay cientos de chicos en la ciudad-
                        -Eso fue lo más extraño. La chica le preguntó al toro cómo lo identificaría entre tantos chicos, el toro le contestó que hace años habían peleado y que él le había dejado una marca de identificación-
                        -¿Cuál era la marca?- preguntaron las chicas a la vez
                        -Parecida al signo de piscis, pero había tres círculos unidos por una de su circunferencia formando un triángulo. Éstos tenían una colita o algo así. Es más, parecían tres seis- dije
            Al oír estas palabras, las chicas trataron de recordar a alguien que tuviese la marca. Ninguna lo recordó.
                        -Les decía que el toro y la chica estaban preparando la matanza de ese muchacho. No se sabe dónde, pero lo van a hacer. Lo que estoy segura es que la muchacha estaba como hipnotizada, se sabía por la forma de hablar. Era un estilo de la voz de Michelle, pero como dormida-
            Todo me parecía muy confuso, principalmente esos sueños tan raros que solo a mi me ocurrían. Lo que más me importaba en esos momentos era averiguar quién sería la víctima para poder decírselo a tiempo.
            Ya faltaban cuatro horas para el almuerzo. No se nos ocurría nada para hacer, así que fuimos en busca del muchacho por el colegio.
            Estábamos en planta baja. Miramos hacia arriba y nos quedamos viendo todo lo que teníamos que recorrer, pues el instituto era enorme y con siete pisos. Cada piso tenía cien habitaciones, no incluidas las aulas. Seguramente nos íbamos a cansar antes de llegar a la mitad del edificio.
            Buscamos durante dos horas y, como lo había predicho, no habíamos llegado ni a la mitad. Nos sentamos a descansar sobre una de las ventanas, que tenían un espacio bastante grande como para sentarse cinco personas. Luego de un momento, supimos que era todo un sueño, no podía creer que esto nos lo estábamos tomando en serio. Cuando por fin nos sentamos, Frank apareció caminando por el pasillo. Me levanté de un salto para poder contarle lo que había soñado.
                        -Hola, Frank. Debo contarte algo muy importante- le dije
                        -Dime-
                        -Tuve uno de los sueños más raros que cualquiera podría imaginarse-
                        -Cuéntame-
                        -Es sobre una muchacha que se dirige a la habitación prohibida y libera a un animal enorme, una especie de toro- al decir esas palabras Frank me miró impactado
                        -¿Cómo era ese toro?- dijo espaciando cada palabra
                        -Era enorme, de ojos rojos-
                        -Cuéntame todo lo de tu sueño-
                        -Bueno. Empezó a hablar con la chica sobre un muchacho, que tenía el signo como la de tres seis. Que lo debían encontrar. La chica estaba hipnotizada o algo por el estilo-
                        -¿Dijo el nombre del muchacho a quien debían buscar?- preguntó
                        -No. Solo dijeron lo de la marca en el cuello- lo mire extrañamente
                        -¿Tienes alguna idea de cuándo será esto?-
                        -¿No lo estarás tomando enserio?- dije riendo- ¿O sí?-
                        -¿Desde hace cuánto tiempo tienes estos “sueños extraños”?-
                        -Desde los cinco años-dije-Desde que llegué aquí por primera vez-
            La cara de Frank se veía diferente. Este sueño lo había tomado enserio, como si fuera a pasar en algún momento. El problema era que, si llegaba a pasaba, alguien sería asesinado a sangre fría. Al principio con las chicas nos lo tomamos de verdad, pero después de no ver a alguien con la marca, pensamos que era todo una fantasía. No sabía qué hacer, mi mente estaba en blanco. Cada sueño que tuve se hacía realidad, solo que creía que era una simple coincidencia. Tuve miedo. Sentí cómo era ser diferente a los demás. Frank me miró.
                        -No debes temer. Es algo bueno lo que te pasa-
                        -¿Crees que es bueno soñar cosas que se harán realidad?-
                        -Sí. Si te contara algo estoy seguro de que no te sentirías tan diferente-
                        -¿Qué no lo entiendes?- le dije sollozando- Me siento como una demente. Una anormal. ¿Por qué me tenía que pasar esto a mí?-
                        -No lo sé, pero te prometo que lo resolveremos juntos- me sonrió
            Su sonrisa me alentó lo bastante como para dejar de llorar. Me sentía rara y estaba segura de que nadie me entendería. Según Frank él también lo era, solo que no sueña cosas raras. Seguramente decía que era distinto porque su personalidad no era como la de los otros.

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